Los frutos esperados

Hace unas semanas finalizó el III Encuentro Jesuitas Colombia. Carlos Eduardo Correa, S.J., Provincial, nos invita a reconocer que el éxito de la CG 36 y del Encuentro de Provincia está en los frutos que se produzcan en cada uno de nosotros, en nuestras Comunidades y Obras Apostólicas.


Nuestro Encuentro de Provincia fue un tiempo de verdadera gracia de Dios para todos los que en él participamos. Vivimos unos días en donde el Espíritu del Señor movió nuestros corazones para reavivar el profundo deseo de seguir a Jesucristo en nuestra Vida y en nuestra Misión, escuchando de nuevo su llamado y su envío, desde la profunda perspectiva ofrecida por la Congregación General 36 y el trabajo que venimos haciendo como Conferencia de Provinciales de América Latina y el Caribe (CPAL).

La oportunidad de estar juntos jesuitas y laicos que conformamos el Cuerpo Apostólico de la Compañía de Jesús en Colombia, nos ayudó para valorar y renovar nuestra fraternidad con alegría y entusiasmo. El reencuentro de muchos que hace tiempo no se veían, el conocimiento de personas con las que antes no se había tenido contacto, las conversaciones informales en los descansos y comidas, el cálido compartir en cada uno de los grupos de trabajo y la vivencia espiritual comunitaria en los momentos de oración y en las celebraciones eucarísticas, nos sirvieron para sentirnos como verdaderos compañeros de camino y como una auténtica comunidad apostólica al servicio del Reinado de Dios.

La inmensa mayoría pudimos sentir y gustar internamente la profundidad del mensaje que la CG 36 nos ha regalado, como fruto de un largo discernimiento vivido por la Compañía de Jesús Universal. Pudimos reconocer que sus palabras estaban llenas de Espíritu y Vida y que se convertían en una luz que ilumina nuestras opciones fundamentales y en una fuerza de Dios para continuar nuestro camino como Compañeros de Jesús y Colaboradores de Dios.

Es importante reconocer que el éxito de la CG 36 y del Encuentro de Provincia está en los frutos que se produzcan en cada uno de nosotros, de nuestras Comunidades y de nuestras Obras Apostólicas. Se trata de una renovación espiritual, comunitaria, institucional y apostólica que nos ayude a vivir la plena integración para ser verdaderos Discípulos Misioneros de Jesucristo.

Los frutos esperados de nuestro Encuentro de Provincia los podemos expresar en algunas afirmaciones que recogen los principales asuntos que fueron expuestos y conversados en nuestro Encuentro:

  1. Constituirnos como Comunidades de Discernimiento con horizontes abiertos; es decir, un cuerpo apostólico que en sus Comunidades y Obras Apostólicas vivamos como “amigos en el Señor”, en unión fraterna, garantizando espacios de encuentro y compartir, siendo Hogares para el Reino de Dios, donde se viva el apoyo y aliento de unos a otros, expresando lo que nos toca más hondamente a través de la conversación espiritual y ejercitándonos en el discernimiento en común que permite tomar las mejores decisiones que se hacen realidad a través de una excelente planeación de la misión.
  2. Vivir, como los Primeros Compañeros en Venecia, en pobreza y estando cercanos a los pobres, porque ellos nos ayudan a volver sin cesar a lo que es esencial en el Evangelio, a lo que en realidad da vida, aprendiendo de ellos lo que significan esperanza y valentía.
  3. Ser hombres y mujeres de ardiente pasión por el Evangelio, desde la experiencia profunda del encuentro con Jesucristo en los Ejercicios Espirituales; convencidos de la necesidad de renovarnos espiritualmente para apropiarnos del estilo de Jesús, de sus sentimientos y de sus opciones; y manifestando al mundo entero el rostro misericordioso de Dios a través del servicio incondicional a los demás, especialmente a los que sufren el desplazamiento, la injusticia y la violencia.
  4. Participar de la obra de Reconciliación de Dios, siendo Compañeros en una Misión de Reconciliación y Justicia, con Cristo el Reconciliador. Una reconciliación que siempre es obra de la justicia y que se vive interrelacionada e inseparable a través de la Reconciliación con Dios, la Reconciliación de la Humanidad y la Reconciliación con la Creación.
  5. Renovar toda nuestra vida apostólica desde la perspectiva de la Esperanza: que nace de la consolación que nos produce el encuentro con Jesucristo resucitado hoy y que nos permite llevar a los demás un mensaje de esperanza, desde la profundidad en la interiorización y en la reflexión, que lleva a un mayor compromiso por la Reconciliación y la Justicia.
  6. Tener un modo de proceder apostólico en la perspectiva del Discernimiento, la Colaboración y el Trabajo en Redes. De esta manera podremos ser un cuerpo apostólico que genere nuevos Dinamismos de transformación que buscan iniciar procesos, acompañarlos y evaluar su real incidencia en la vida de las personas.
  7. Reconocer el trabajo articulado de las Provincias de América Latina y el Caribe, a través de la CPAL, para alcanzar una mayor eficacia en el anuncio del Evangelio y en la construcción del Reinado de Dios.

Las palabras del P. Arturo Sosa, S.J., General de la Compañía de Jesús, en la homilía de acción de gracias después de su elección, son un aliento para mantener viva nuestra Esperanza: “como Ignacio y los Primeros Compañeros, como tantos hermanos nuestros…, queremos también nosotros contribuir a cuanto hoy parece imposible: una humanidad reconciliada en la justicia, que vive en paz en una casa común bien cuidada, donde hay lugar para todos, porque todos nos reconocemos hermanos y hermanas, hijos e hijas del mismo y único Padre”.

Que el Señor nos fortalezca para que estos buenos y santos deseos se hagan realidad en nuestra Vida y en nuestra Misión.