Una propuesta de recepción de la carta del P. General sobre el discernimiento apostólico en común

El P. Roberto Jaramillo, S.J., presidente de la CPAL, habla acerca de la carta del Padre General, Arturo Sosa, S.J., a toda la Compañía de Jesús, sobre el discernimiento apostólico en común -27 de septiembre de 2017-. Hace un llamado para que "nos propongamos en todas las obras apostólicas compartir esta invitación y dialogar sobre ella con todos los colaboradores y las colaboradoras, con quienes formamos un único Cuerpo Apostólico”.


“Porque como ya nos había acontecido muchas veces, siendo algunos de nosotros franceses, otros españoles, otros saboyanos y otros cántabros, teníamos acerca de nuestro estado variedad de pareceres y opiniones, si bien todos con una misma intención y voluntad de buscar la beneplácita y perfecta voluntad de Dios. Según el fin de nuestra vocación” de Deliberación de los primeros padres.

En carta publicada el 27 de septiembre pasado el Padre General nos ha ilustrado e inspirado sobre el discernimiento apostólico en común como forma de gobierno del Cuerpo Apostólico de la Compañía.

En esta época de superabundancia de información y de múltiples ocupaciones es muy fácil que pasemos “como gato entre brasas” por exhortaciones tan importantes como ésta, reduciendo así el impacto que debe tener en nuestras vidas y en nuestras obras apostólicas. Hemos de estar atentos a ello y no caer en esa verdadera “tentación” (del mal espíritu), y disponer el corazón y la mente para escuchar lo que dice Dios a través de Aquel que es puesto como cabeza del Cuerpo del que quisimos y queremos ser parte.

Pretendo sólo comentar dos elementos que, en la parte introductoria de la carta, me han parecido fundamentales. En primer lugar, es importante “tener adelante” la tarea que el Pe. General recibió de la Congregación en los encargos de discernir “…las consecuencias de formular la misión de la Compañía como contribución a la reconciliación” y “… escoger preferencias apostólicas universales en este momento del mundo y de la Compañía”. Fuera de eso nos insiste en la necesidad de crecer – a partir del discernimiento en común – en el desafío de “constituirnos como un cuerpo intercultural, profundizar el diálogo con las culturas y las religiones, y promover la cultura de la salvaguarda de niños, jóvenes y personas vulnerables”.

Estos cinco elementos que el Pe. Arturo Sosa resalta en un mismo párrafo reclaman toda nuestra atención y nuestro compromiso personal e institucional:

  1. el ministerio central de la reconciliación (encargo evangélico y punto central de la fórmula del instituto),
  2. la unidad de misión en la diversidad que nos constituye (las preferencias apostólicas universales),
  3. la unión de un Cuerpo uno y diverso: con personas concretas, y tiempos y lugares de encarnación,
  4. con la capacidad para ver y valorizar modos originales de revelación del Único Dios en culturas y religiones diversas,
  5. y con un cuidado especial y activo (pragmático) de los más vulnerables y pobres.

Les invito a hacer, de cada uno de esos asuntos, motivo de reflexión, oración, dialogo y discernimiento en nuestras vidas.

En segundo lugar, quiero destacar el que hecho de que de varias maneras insiste el Padre General en que el discernimiento es inherente del modo de proceder de la Compañía. Lo que une a los Compañeros de Jesús en Venecia es que “todos tienen una vida espiritual activa” centrada en Jesucristo de quien están enamorados, que “están al servicio de los pobres” y permanecen “disponibles para el servicio” a.m.d.g. Y esas disposiciones vitales les garantizan un “camino abierto” por el discernimiento en común.

Ese discernimiento “se realiza tanto en nuestras comunidades como en las obras apostólicas, con la participación activa de los compañeros y compañeras en la misión”. No es de ninguna manera un privilegio jesuítico, sino un modo de ser de La Compañía toda como Cuerpo Apostólico. Y entonces, continúa diciendo el Pe. Sosa: “…es lógico que el grupo que discierne en común sea distinto según la decisión que se proponga tomar. En la vida de la Compañía hay muchas decisiones que requieren la contribución de más de un grupo al discernimiento en común para poder llegar a la decisión final, en sintonía con la voluntad de Dios asiduamente buscada”.

Igual que con el desafío de la “colaboración mutua” y con el desafío del “trabajo en red”, no pocas veces los sujetos apostólicos más reactivos a poner esto en práctica somos los jesuitas, que nos dejamos “llevar y guiar por nuestro querer e interés”, mientras que laicos y laicas, religiosos y religiosas, sacerdotes y otras personas con las que colaboramos nos “dan espuelas” y nos ayudan a ir adelante en este inherente modo de ser de nuestro Cuerpo Apostólico.

“Donde hay capacidad y necesidad, hay responsabilidad” decía el Pe. Arrupe su discurso al terminar la CG 31. En materia de discernimiento, así como de colaboración y trabajo en red, la invitación de la CG 36 debe resonar en nosotros como un verdadero llamado divino.

Le propongo a todos que, como manera de acoger este llamado divino y agradecer al Pe. General esta exhortación a vivir el discernimiento como un modo inherente de nuestra vocación, nos propongamos en todas las obras apostólicas compartir esta invitación y dialogar sobre ella con todos los colaboradores y las colaboradoras, con quienes formamos un único Cuerpo Apostólico.