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9 de noviembre: Jueves de Oración por las Vocaciones

Francisco advirtió a los seminaristas que el gran obstáculo que deberán esquivar durante su formación para el sacerdocio es el narcisismo, pensar solo en uno mismo, “la tentación más peligrosa”.

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9 de noviembre: Jueves de Oración por las Vocaciones

Compañeros peregrinos en el Señor, recientemente celebramos el Día de Oración por las Vocaciones a la Compañía de Jesús. Sin embargo, orar por las vocaciones es algo que anhelamos se haga todo los días. Sigamos en nuestro esfuerzo de crear una cultura vocacional en nuestras comunidades de forma tal que cada jesuita se sienta promotor vocacional de la Provincia. Que el amor de Cristo en nuestros corazones sea la fuente de nuestra pasión. Dios nos bendiga a todos.


PARA NUESTRA REFLEXIÓN Y RENOVACIÓN

Hagamos propias las palabras del Papa Francisco a los seminaristas

El Papa Francisco revela cuál es “la tentación más peligrosa” para los seminaristas
Por Miguel Pérez Pichel

VATICANO, 10 Dic. 16 / 08:02 am (ACI).- El Papa Francisco advirtió a los seminaristas que el gran obstáculo que deberán esquivar durante su formación para el sacerdocio es el narcisismo, pensar solo en uno mismo, “la tentación más peligrosa”.

En un discurso dirigido en el Palacio Apostólico a la Comunidad del Pontificio Seminario Regional de Puglia “Pío XI”, el Papa describió el ministerio sacerdotal como una vocación que se realiza a través de una triple pertenencia: “al Señor, a la Iglesia y al Reino”.

“Esa pertenencia –explicó el Santo Padre–, naturalmente, no se improvisa, ni nace después de la ordenación, sino antes”.

El Pontífice explicó que “la palabra ‘pertenencia’ implica el sentirse parte de un todo. Solo si nos sentimos parte de Cristo, de la Iglesia y del Reino, caminaremos bien en los años del Seminario”.

Francisco advirtió a los seminaristas que “no todo comienza y termina conmigo. Puedo y debo mirar más allá de mí mismo, con el fin de acogerme a la belleza y a la profundidad del misterio que me rodea, de la vida que me supera, de la fe en Dios que sostiene cada cosa y a cada persona, incluso a mí”.

“¿Cómo puedo acogerme a Cristo si solo pienso en mí mismo?”, se preguntó el Papa. “¿Cómo puedo disfrutar de la belleza de la Iglesia, si mi única preocupación es salvarme, protegerme y salir indemne de cada circunstancia? ¿Cómo puedo entusiasmarme con la aventura de la construcción del Reino de Dios si cada entusiasmo queda frenado por el miedo a perder alguna cosa mía?”

Francisco dijo, “estamos invitados a vigilar el riesgo real de ser narcisistas, porque sin esta vigilancia ningún camino vocacional es realmente posible”.

Por lo tanto, hay prepararse para pertenecer “a Cristo, a los hermanos con los que compartimos el ministerio y la fe, a todas las personas que encontramos en la vida. ¡Y es en el seminario donde se empieza a aprender a relacionarse bien!”.

“No se puede pretender caminar hacia el sacerdocio sin haber tomado esta decisión en el corazón: quiero ser un hombre que se relacione”.

El Obispo de Roma invitó a los presentes a no sentirse “diferentes de sus coetáneos. No traten de ser mejores que otros jóvenes. Aprendan a estar con todos, no tengan miedo de ensuciarse las manos”.

“Si mañana van a ser sacerdotes que vivan en medio del pueblo santo de Dios, hoy deben comenzar a ser jóvenes que sepan estar con todos, que sepan aprender de cada persona que se encuentran en el camino, con humildad y con inteligencia”.

Sin embargo, precisó, esa relación con los demás debe fundamentarse en el Señor. “Que la base de toda relación sea la relación con Cristo”, señaló, e indicó que “el lugar en el que crece la relación con Cristo es la oración, y el fruto más maduro de la oración siempre es la caridad”.

Para tu oración: ¿Te experimentas como un hombre de Dios abierto y al servicio de los demás? ¿Qué lugar ocupa el narcicismo en tu cotidianidad?

ORACIÓN DE LOS FIELES (Pidiendo por la vida consagrada masculina)

Queridos hermanos, pidamos humildemente a Dios Padre por su santa Iglesia, por la paz y la salvación del mundo, por la vida consagrada y las vocaciones a la vida religiosa masculina. Digamos a cada intención: Padre de amor envía operarios a tu mies.

- Padre Santo, tu Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento de vida eterna, acepta nuestra oración y haz que no falten a tu Iglesia vocaciones religiosas al servicio de los más necesitados.

- Padre de bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo, suscita jóvenes dispuestos a dar su vida por Ti en servicio a los demás.

- Te pedimos, Señor, por las familias cristianas, para que sean “iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones para la Iglesia universal.

- Te pedimos, Señor, por las diversas casas de formación; que los jóvenes que allí se preparan vivan con gozo y generosidad su formación.

- Dios misericordioso, que entregaste a tu Hijo para la salvación de los seres humanos, suscita tu generosidad en el corazón de los padres cristianos para que con gozo permitan a sus hijos poder seguir la vocación a la vida consagrada.

- Por todos los que te hemos dicho sí en la Compañía de Jesús, haz que no decline en nuestra consagración la esperanza de tu Reino, y enriquece nuestra familia religiosa con vocaciones según nuestro carisma y misión.

- Oh Cristo, que con tu sacrificio redentor purificas y elevas el amor humano, haz que en nuestras comunidades fomentemos con nuestro testimonio la cultura vocacional.

Gracias, Señor, por escuchar nuestras oraciones. Atiende también aquellas súplicas que están en lo profundo de nuestros corazones y que sólo Tú conoces. Te lo pedimos, Padre, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

ORACIÓN FINAL

Señor Nuestro Jesucristo, Tú dijiste a tus Apóstoles: "la mies es mucha pero los obreros pocos; rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su campo". Humildemente te suplicamos que envíes a tu Iglesia numerosas y santas vocaciones sacerdotales y religiosas. Te lo pedimos por la intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, y por la de nuestros Santos, que con su vida y merecimientos santificaron tu mínima Compañía. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

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