Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Marzo 23 de 2014
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Cuando mirábamos hace unos días la T.V., víamos con tristeza muchísimas sillas vacías de los senadores absentistas. Y mientras tanto, miles de personas aguardando los decretos sobre la defensa de Naturaleza amenazada por la codicia del oro, que está acabando con los ecosistemas más ricos y de una manera especial los manantiales y los ríos.

El absentismo, los votos nulos y en blanco fueron, en las últimas ediciones colombianas, una llamada de alerta para quienes hasta ahora han pensado más en el aumento de sus beneficios y prebendas que en problemas concretos como los del agua, de pueblos que dependen de ella.

El agua, en las lecturas de hoy, aparece como un llamado. Primero a Moisés, a quien los israelitas acusan de sacar al pueblo de Egipto para que “hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado” (Éxodo, 17 4) Y en segundo lugar a la samaritana por parte de Jesús, quien le pide de beber: “Dame de beber” (Juan 4,4).

La respuesta al primer llamado la da el mismo Dios cuando le propone a Moisés: “Avanza a la cabeza del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo y camina, que yo te espero allá sobre la roca, en Horeb. Golpea la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo” (Éxodo 17, 5-6).

La segunda respuesta es evasiva: “¿Por qué me pides tú, que eres judío de beber, a mí que soy samaritana?” (Juan 4,9). Conocemos el bello desenlace de esta escena. Jesús le habla luego de otra agua que brota hasta la vida eterna, la cuestiona por sus cinco maridos - y de paso a los samaritanos que también se han ido en 5 ocasiones tras otros maridos o dioses - y se le presenta como el Mesías, el Ungido. Ella sale entusiasmada a invitar a su comunidad a que venga a ver a un hombre que le ha dicho todo lo que ella ha hecho.

A nosotros nos responde el Señor, mostrándonos la riqueza de agua que ha colocado en nuestras montañas y llanuras y a la vez nos interpela por la falta de valor en defender nuestros derechos frente a las macroempresas mineras que buscando el oro, el dinero, no se preocupan por nuestro bienestar.

Esta queja habría que ampliarla a la Corte Constitucional que no se ha interesado por escuchar a nuestros samaritanos, los pueblos campesinos, que en votaciones masivas han rechazado esa intromisión en nuestros territorios.

Por fin, para no recalcar tanto la cruel locomotora minera, podríamos reflexionar sobre esa respuesta más de tipo espiritual que recibe la samaritana de boca de Jesús y que a nosotros nos la transmite el Papa Francisco con otras palabras, que son una invitación para nuestro actuar:

“Ser Iglesia es ser Pueblo de Dios, de acuerdo con el gran proyecto de amor del Padre. Esto implica ser fermento de Dios en medio de la humanidad...La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio” (Evangelii Gaudium, n, 114).