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Pistas para la Homilía

  •   Domingo Marzo 23 de 2014
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Jesús y la samaritana: un diálogo pastoral sin discriminaciones

Lecturas:

  • Éxodo 17, 3-7
  • Carta de san Pablo a los Romanos 5, 1-2. 5-8
  • Juan 4, 5-42

El hilo conductor de las lecturas de este domingo de Cuaresma es una necesidad básica para la conservación de la vida; nos referimos a algo fundamental: tener sed/beber agua. Carecer de agua es causa de muerte; sin agua, la vida es imposible. Alrededor de estas dos palabras, sed/agua, el libro del Éxodo y el evangelio de Juan nos narran dos experiencias de gran profundidad teológica.

Empecemos por el relato del Génesis. El texto que acabamos de escuchar describe una grave crisis que afronta la comunidad en su travesía por el desierto. Liderados por Moisés, los israelitas salen de Egipto, donde habían padecido una cruel esclavitud, y emprenden la travesía del desierto. Podemos suponer que el entusiasmo por la tierra prometida los hizo minimizar las dificultades del camino. Y sucedió lo que tenía que suceder: las jornadas eran extenuantes; los ancianos, las mujeres y los niños se sentían muy afectados por las incomodidades de la travesía; los alimentos y el agua había que distribuirlos en raciones controladas. Lo que empezó por el descontento de unos cuantos, se convirtió en un verdadero motín. Le gritaban a Moisés: “¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?”. Moisés se encontraba en una situación muy difícil: “¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen”.

Este grito de rebeldía de la comunidad de Israel es un caso muy interesante para reflexionar sobre las complejidades del liderazgo. Los individuos y los grupos se entusiasman fácilmente con las promesas de éxito. Pero, en la mayoría de los casos, no están dispuestos a pagar el precio justo para adquirir estos valores. Los seres humanos queremos alcanzar metas muy altas, pero a un costo muy bajo. Ciertamente, rechazamos el esfuerzo sostenido. Preferimos el camino fácil.

Por eso los líderes sociales necesitan revestirse de paciencia para superar estos conatos de rebeldía, apoyar a los más débiles e impedir que el pesimismo paralice la capacidad de respuesta. Jehová le pidió a Moisés un servicio muy difícil, como era ser el jefe e inspirador de este heterogéneo grupo, muy inestable en sus actitudes de fidelidad y pertenencia. Con la ayuda de Dios, Moisés logró superar la crisis; golpeó la roca con su vara, de donde brotó un manantial de agua que permitió calmar la sed de la comunidad y los animales, y aprovisionarse para las próximas etapas del camino.

Vayamos ahora al relato del evangelista Juan, que tiene como eje los dos sustantivos sed/agua y los verbos tener sed/beber agua. La lectura pausada de este texto nos permite descubrir su riqueza. Es impactante la habilidad con que el Señor utiliza la escenografía para establecer una conversación, la delicadeza con que logró superar las barreras culturales y religiosas para compartir entre un judío y una samaritana, la finura con la que va adelantando su catequesis sobre el simbolismo de la sed y el agua hasta llegar al clímax del diálogo: “La mujer le dice: Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo. Jesús le dice: Soy yo: el que habla contigo”.

Este diálogo de Jesús con la mujer samaritana contiene las líneas maestras para la acción evangelizadora de la Iglesia; los catequistas de todos los tiempos deberíamos tomar atenta nota de las instrucciones. El Maestro inicia su conversación dejando a un lado los prejuicios que bloqueaban la relación entre judíos y samaritanos, que venían de tiempos antiguos y que eran transmitidos de padres a hijos. Esta ruptura con las tradiciones nos permiten comprender la sorpresa de la mujer: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una samaritana?”. En sus años de ministerio apostólico, Jesús dio muestras de una gran libertad de espíritu, que le permitió acercarse a todos los que eran discriminados por la sociedad de entonces: las prostitutas, los recaudadores de impuestos, los leprosos, los que habían sido infieles a su vínculo matrimonial, los que adoraban otros dioses, etc. Sus enemigos registraron estas preferencias y las utilizaron en contra de Jesús.

Si el Maestro abrió sus brazos para acoger a todos, ¿por qué algunos anunciadores del Evangelio pretenden levantar muros para aislar a segmentos de la comunidad en razón de determinados comportamientos o preferencias? Es admirable la delicadeza con que Jesús explora la vida sentimental de esta mujer, que había sido bastante intensa y estaba en su quinta relación de pareja. En lugar de echarle en cara su pasado, la invita a mirar hacia el futuro para establecer una nueva relación con Dios y reinventar su vida.

Al cumplir su primer año de Pontificado, el Papa Francisco ha puesto en marcha unos procesos que cambiarán la vida de la Iglesia. Ha expresado su rechazo a las formalidades que son signo de poder, y ha dado unos mensajes muy claros sobre una pastoral de brazos abiertos e incluyente. A imitación de Jesús que dialoga con la samaritana, el Papa Francisco se siente muy cómodo dialogando con los samaritanos de hoy, dejando a un lado prejuicios y exclusiones.

Esta catequesis de Jesús junto al pozo de Jacob es una rica síntesis de la teología del Bautismo: El que bebe del agua que Yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”.