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Pistas para la Homilía

  •   Domingo Marzo 30 de 2014
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

La fe nos da una mirada diferente de la vida

Lecturas:

  • I Libro de Samuel 16, 1b. 6-7. 10-13a
  • Carta de san Pablo a los Efesios 5, 8-14
  • Juan 9, 1-41

Los seres humanos somos fácilmente impresionables, y quedamos atrapados por una bella sonrisa o por unas palabras que halagan nuestra vanidad; esto contamina la objetividad de nuestros juicios. Las apariencias son engañosas...

Las lecturas de este domingo, en medio de la diversidad de situaciones y personajes, tienen un común denominador que podríamos resumir en una sencilla expresión: capacidad de ver. Los invito, entonces, a que meditemos estos textos, en los cuales encontraremos elementos muy iluminadores sobre la objetividad en los juicios; ellos nos ofrecerán una comprensión diferente de lo que es la capacidad de ver el mundo que nos rodea.

Empecemos por el relato del I Libro de Samuel; allí este personaje, siguiendo las instrucciones del Señor, se dirige a Jesé para consagrar como rey al elegido de Dios:

  • Samuel se encontró con Eliab, quien le causó una magnifica impresión por su prestante figura; estaba contento porque creía haber cumplido la misión encomendada con una relativa facilidad.
  • Sin embargo, las cosas no eran tan simples como creía. El texto sagrado consigna unas palabras que contienen una impactante lección sobre la capacidad de ver: “No mires su apariencia ni su gran estatura, pues yo lo he descartado. La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón”.
  • Las percepciones de los sentidos ejercen un poderoso influjo en la manera como nosotros formamos los juicios; formas y colores armoniosos nos predisponen favorablemente, y lo que consideramos feo nos previene; lo mismo podemos decir sobre los sonidos y los olores. Por eso el texto bíblico enciende las alarmas: ¡Atención con las apariencias que son engañosas y pueden distorsionar la realidad!
  • Esta llamada de atención se aplica a todas las relaciones sociales. Por eso no debemos dar respuestas apresuradas; no tomemos decisiones drásticas en el calor de las discusiones; no hagamos eco a los rumores y chismes que circulan; verifiquemos la objetividad de los comentarios.

En el Salmo 122, El Señor es mi pastor, el autor se refiere a la capacidad de ver, en términos de una profunda confianza en Dios: “Aunque camine por cañadas oscuras nada temo, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado me sosiegan”. En medio de las situaciones más complejas, cuando no sabemos qué camino tomar pues se han borrado los referentes y las certezas han desaparecido, el hombre de fe no pierde la paz; su seguridad no depende de las consideraciones humanas; su seguridad está puesta en Dios, siempre fiel a su Palabra.

En su Carta a los Efesios, san Pablo muestra a los miembros de la comunidad cómo la participación en la Pascua del Señor modifica sustancialmente su capacidad de ver los acontecimientos y responder adecuadamente a ellos: “En otro tiempo ustedes eran tinieblas, ahora son luz en el Señor. Caminen como hijos de la luz buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien poniéndolas en evidencia”. El don de la fe nos da una perspectiva diferente para comportarnos en la vida.

Ahora detengámonos en el evangelista Juan, quien nos narra la curación del ciego de nacimiento. En este texto, la capacidad de ver, clave de lectura en este domingo de Cuaresma, alcanza la máxima densidad humana y espiritual:

  • Este texto parece el guión de una pequeña pieza de teatro, en la que están perfectamente definidos los rasgos de los protagonistas principales, que son Jesús, el ciego de nacimiento y los fariseos; y hay unos personajes secundarios: los discípulos de Jesús, los padres del ciego y el pueblo.
  • ¿Por qué Jesús le concede la visión a este hombre que desde su nacimiento sobrellevaba el peso de esta dura limitación? La respuesta obvia sería afirmar que lo hace por sensibilidad ante el dolor humano. Esta respuesta, aunque verdadera, es insuficiente. Jesús es mucho más que un filántropo que utiliza su poder para mejorar las condiciones de vida de la humanidad.
  • Escuchemos de labios del Maestro la razón por la cual actuó de esta manera: “Para que se manifiesten en él las obras de Dios”. Con estas palabras, el Maestro nos dice que todas sus palabras y acciones tienen como finalidad comunicarnos el plan de Dios; al curar al ciego de nacimiento, Jesús manifiesta el amor misericordioso de Dios que nos libera de todas las ataduras y su voluntad de hacernos partícipes de la vida divina.
  • El momento culminante de este encuentro que le cambió la vida a este hombre es la pregunta que le hace Jesús: “¿Crees tú en el Hijo del hombre? Él contestó: ¿Y quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es. Él dijo: Creo, Señor. Y se postró ante Él”. Es la culminación de un camino de fe; este hombre se abre a la Palabra de vida. Sus ojos se abrieron, no solo para las formas y colores del mundo exterior; su mirada interior le permitió ver lo que los fariseos no habían sido capaces de percibir.

El camino de la fe que cada uno de nosotros recorre tiene, como punto de partida, el bautismo; y el punto de llegada será el encuentro definitivo con Dios, nuestro Padre común. Vamos avanzando por este camino en la medida en que participamos en la vida sacramental de la Iglesia, meditamos la Palabra de Dios y vivimos la justicia y la solidaridad con nuestros hermanos, particularmente los más vulnerables.

En este camino de la fe debemos ir afinando nuestra capacidad de ver la realidad, superando la superficialidad de las apariencias. El creyente aguza sus sentidos interiores para descubrir la acción de Dios que se manifiesta de múltiples maneras. Los fariseos tuvieron la oportunidad de ver y escuchar a Jesús, pero sus prejuicios les impidieron percibir su identidad como Mesías y Salvador. Pidámosle a Dios que fortalezca nuestra fe vacilante y que seamos capaces de comprender su voluntad.