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Guión para la radio

  •   Domingo Marzo 30 de 2014
  •   Guión para la Radio
  •    José Martínez De Toda, S.J.

“Creo, Señor” (Jn 9, 1-41)

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio... (Se presentan los participantes).

El Evangelio del domingo de hoy muestra cómo Jesús sana la ceguera del hombre. Escuchémoslo.

Lectura del santo evangelio según San Juan “(Jn 9, 1-41; ó 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38)

NARRADOR/A – En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron:

DISCÍPULOS – Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego? NARRADOR/A – Jesús contestó:

JESÚS – Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.

NARRADOR/A – Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:

JESÚS – Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa enviado).

NARRADOR/A – Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir
limosna preguntaban:

VECINOS – ¿No es ése el que se sentaba a pedir?

NARRADOR/A – Unos decían:

VECINO 1 – El mismo.

NARRADOR/A – Otros decían:

VECINO 2 – No es él, pero se le parece.

NARRADOR/A – Él respondía:

CIEGO – Soy yo.

NARRADOR/A – Y le preguntaban:

VECINOS – ¿Y cómo se te han abierto los ojos?

NARRADOR/A – Él contestó:

CIEGO - Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces, fui, me lavé y empecé a ver.

NARRADOR/A – Le preguntaron:

VECINOS – ¿Dónde está él?

NARRADOR/A – Contestó:

CIEGO - No sé.

NARRADOR/A – Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. (Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos). También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó:

CIEGO - Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.

NARRADOR/A – Algunos de los fariseos comentaban:

FARISEOS – Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.

NARRADOR/A – Otros replicaban:

VECINOS – ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?

NARRADOR/A – Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:

VECINOS – Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?

NARRADOR/A – Él contestó:

CIEGO - Que es un profeta.

NARRADOR/A – Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:

VECINOS – ¿Es éste su hijo, de quien dicen Vds. que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?

NARRADOR/A – Sus padres contestaron:

PADRES – Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Pregúntenselo a él, que es mayor y puede explicarse.

NARRADOR/A – Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos, pues los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías.

Por eso sus padres dijeron:

PADRES – "Ya es mayor, pregúntenselo a él".

NARRADOR/A – Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:
Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.

Contestó él:

CIEGO - Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.

NARRADOR/A – Le preguntaron de nuevo:

FARISEOS – ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?

NARRADOR/A – Les contestó:

CIEGO - Les lo he dicho ya, y no me han hecho caso: ¿para qué quieren oírlo otra vez?, ¿también Vds. quieren
hacerse discípulos suyos?

NARRADOR/A – Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:

FARISEOS – Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que
a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.

NARRADOR/A – Replicó él:

CIEGO - Pues eso es lo raro: que Vds. no saben de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.

NARRADOR/A – Le replicaron:

VECINOS – Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?

NARRADOR/A – Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:

JESÚS – ¿Crees tú en el Hijo del hombre?

NARRADOR/A – El contestó:

CIEGO - ¿Y quién es, Señor, para que crea en él?

NARRADOR/A – Jesús le dijo:

JESÚS – Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.

NARRADOR/A – Él dijo:

CIEGO - Creo, Señor.

NARRADOR/A – Y se postró ante él. Dijo Jesús:

JESÚS – Para un juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden
ciegos.

NARRADOR/A – Los fariseos que estaban con él oyeron esto y lo preguntaron:

FARISEOS – ¿También nosotros estamos ciegos?

NARRADOR/A – Jesús les contestó:

JESÚS – Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero como Vds. dicen que ven, su pecado persiste.

Pregunta 1 – ¿Puede un ciego recobrar la vista?

Un día iba Jesús caminando con sus discípulos, cuando pasó junto a un ciego de nacimiento. Inmediatamente sus discípulos ya suponen que el ciego lo es por su culpa o de sus padres. Y le preguntan a Jesús:

- “Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciese ciego?” (v. 2).

Jesús salta en defensa del que es acusado injustamente:

“Ni este pecó, ni sus padres: él es ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él” (v. 3).

Jesús ve en el ciego, no a un pecador..., sino a un hombre necesitado de ayuda y de comprensión, destinado a la felicidad y llamado a ser objeto del amor de Dios. Inclusive ve en esta desgracia del ciego una oportunidad para que se manifieste en él la misericordia de Dios, pues no sólo quedará curado, sino que se convertirá en un proclamador de su gloria.
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Pregunta 2 – ¿Cómo curó al ciego??

Utilizó la metodología curativa de entonces, haciendo lodo con la saliva, y untando con el lodo los ojos del ciego, pero añadiendo el poder curativo de Dios. Además le dijo:

-Ve, lávate en el estanque de Siloé . “Y fue, se lavó, y volvió viendo” (v. 7). Pero su curación causó revuelo en Jerusalén. Y hubo hasta cuatro interrogatorios sobre su caso.

Pregunta 3 – ¿Cuál fue el primero?

El primer interrogatorio es el de los vecinos, que al principio no acaban de creer en el milagro. Se dicen:

“Pero, ¿no es éste el que mendigaba sentado?” (v. 8).

Pero también piensan que sólo se le parece. Antes de la curación sus ojos estarían pálidos y sin
vida. Ahora sus ojos están abiertos y llenos de luz. Está emocionado y asombrado. Eso cambia toda la fisonomía del que era ciego. Y él repite a todos:

-“Soy yo, el mismo, el que estaba ciego”.

Pero cuando explica que fue Jesús el que lo curó, no se quieren comprometer y llevan el caso a los
poderosos Fariseos, que saben que no veían bien a Jesús.

Pregunta 4 – ¿Qué problema encontraban los fariseos en la curación de Jesús?

Los fariseos, después de hablar con el curado, ven que Jesús lo curó en sábado, día que ellos habían llenado de reglas, por las que no se podía hacer nada, ni siquiera curar a un enfermo. No se podía amasar ni hacer barro con saliva. Tampoco se podía poner barro sobre los ojos.

Por desgracia, la gran preocupación de los fariseos no es la salvación de las personas ni ayudar al necesitado, sino la estricta observancia de la ley. Son incapaces de alegrarse de que alguien que estaba enfermo desde su nacimiento ahora pueda tener una mejor calidad de vida. Por otra parte, no pueden explicarse cómo un ‘pecador’ como Jesús, pueda hacer este milagro, y estaban divididos sobre Jesús.

Ante la duda, los fariseos tratan de buscar más información sobre el milagro, y preguntan a los padres del curado (3er interrogatorio).

Pero los padres, que eran judíos, tienen miedo de ser expulsados de la sinagoga, de la comunidad y separado de Dios. Por eso responden con mucha cautela:

- “Él tiene edad, pregúntenle á él” (v. 21).

Los fariseos vuelven al curado, a quien le hacen el 4to interrogatorio de esta historia, llamando a Jesús ‘pecador’. Pero el curado proclama:

- Si es pecador, no lo sé: una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.

El dictamen final de los fariseos fue echar fuera al curado. No sabemos si simplemente lo echaron fuera de su presencia o si lo echaron realmente de la sinagoga, lo que para él resultaría algo catastrófico religiosa, social y económicamente.

Pregunta 5 – ¿Cómo reacciona Jesús ante las presiones contra aquel perseguido por su causa?

Oyó Jesús que le habían echado fuera, y fue a buscarlo para consolarlo, acompañarlo y darle fuerza.

Recuerda la historia de las huellas en la playa. Siempre fueron juntas las de Jesús y las del amigo. Pero cuando sólo había las de uno, eran las de Jesús, que había cargado al amigo en los momentos de prueba.

Y el curado responde a Jesús con una gran confesión de fe. Jesús le dice:

- “¿Crees tú en el Hijo de Dios?” (v. 35). Y él respondió: ‘Creo, Señor’, y lo adoró.

Se nota cómo ha avanzado en el conocimiento de la identidad de Jesús. Poco a poco le ha ido dando siete títulos a Jesús: Primero lo llama ‘el hombre’: ‘ese hombre’ (v.11). Después lo llama ‘Jesús’ (v.11), ‘profeta’ (v.17), ‘Cristo’ (v.22), ‘Hijo del hombre’ (v.35), ‘Revelador’ (“el que habla contigo”, v.37; cf. 4,26), y por fin ‘Señor’ (v.38).

Pregunta 6 – Pero se nota que las reacciones ante el milagro son muy diversas.

Así es. Vemos que ante el milagro se notan las siguientes reacciones:

  • los vecinos se sorprenden, pero dudan;
  • los padres del curado se vuelven débiles por miedo a los fariseos;
  • el curado experimenta un crecimiento en su fe hasta adorar a Jesús como a Dios; y
  • los fariseos se van radicalizando enceguecidos cada vez más contra Jesús, tanto que Jesús comentó: “Para eso he venido a este mundo: para que los que no ven, vean”.

Pero Jesús no obliga a creer a nadie: ni al ciego ni a las autoridades. Permite escoger. El ciego responde creyendo, y las autoridades se niegan a creer.

Pregunta 7 – ¿Tiene este milagro alguna enseñanza para nosotros?

Hay muchas. Por ejemplo, la tenacidad y valentía del curado.

También Jesús proclama ante los discípulos antes de la curación:

“Yo soy la luz del mundo”.

Como luz del mundo, Jesús ha venido a iluminar y a enseñar a la gente sobre Dios. Este hombre le presenta la oportunidad de demostrar su misión de dar la luz. Jesús traerá la luz física a un hombre ciego, igual que traerá la luz espiritual al mundo.

También, el milagro se parece al bautismo. En él recibimos la Luz y la nueva Vida de hijos de Dios. El ciego se lavó en las aguas de Siloé, y salió curado. Así también los que se bautizan salen fuera espiritualmente renovados, totalmente curados de la ceguera en la que nacieron.

Además indica lo que significa ser cristiano. Ser cristiano no es simplemente seguir ciertas doctrinas y ritos. Es tener una relación íntima con Jesús, es tener profunda fe en Él. El que era ciego y pedía limosna, tiene ahora luz en sus ojos y fe en Jesús, y se dedica ahora a ser testigo de Él. Así seremos nosotros, si tenemos fe en Él.

Despedida

Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía. Allí Jesús nos abre los ojos y el corazón con su Palabra de amor en la Consagración eucarística, en la que Él convierte el pan en su cuerpo y el vino en su sangre derramada en la cruz por nosotros, y después nos lo da en comida y bebida. Y esto en medio de una comunidad de hermanos, como en la Última Cena.