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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Abril 06 de 2014
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

De seguro a los lectores de periódicos nacionales han impresionado las fotos sobre el desastre del Casanare. Más de 3.000 reses y 13.000 chigüiros muertos! Esta situación afectó especialmente a tres veredas de Paz de Ariporo (Caño Chiquito, Normandía y Centro Gaitán), unas 300.000 hectáreas donde ya ha muerto el 10% de la población de chigüiros de la zona. A finales de marzo, Corpoorinoquia rescató 200 tortugas de pantanales que estaban a punto de secarse y las trasladó junto con algunos chigüiros y babillas, al caño La Hermosa.

Y podemos decir, con cierta sorna, que ahora si? se comenzaron a mover y a prestar ayuda las empresas que realizan actividades extractivas en la zona (Pacific Rubiales, Geo Park, Cecolsa, Petrominerales, Ecopetrol, New Granad y Parex). Han prometido enviar maquinaria para perforar pozos y construir aljibes para el almacenamiento de agua.

Ese ahora sí también vale hoy para quienes aparecen en la lectura primera de Ezequiel: “Dice el señor: Pueblo mío, yo voy a abrir sus tumbas y a sacarlos de ellas y voy a llevarlos otra vez a la tierra de Israel. Cuando abra sus tumbas (pongamos acá el ahora sí!) ustedes, pueblo mío reconocerán que yo soy el Señor” (Ezequiel 37,12.13).

Ese ahora sí se aplica también a Marta cuando responde a Jesús que le afirma que Él es la resurrección y la vida. Y que todo el que cree en Él, aunque haya muerto vivirá y no morirá para siempre.

Ese ahora sí se nos aplica a nosotros cuando aceptamos que, aunque sometidos a la muerte por el pecado, si creemos en el Espíritu que habita en nosotros y que resucitó a Jesús, también nos resucitará (segunda lectura. Carta de Pablo a los romanos).

Ese ahora sí se nos aplica a nosotros cuando cambiamos actitudes de egoísmo y falta de solidaridad con los hermanos y actuamos de una manera ecológicamente responsable.

En muchos de nuestros países hemos vivido o seguimos viviendo situaciones que se pueden describir con palabras apocalípticas, parecidas a aquellas con que el primer Isaías analiza la realidad de Israel: tierra destruida, ciudades desoladas y desiertas, juicio y destrucción, asedios, luto, etc.

Así nos suenan las palabras de Las Lamentaciones: “Tenemos que pagar el agua que bebemos, nuestra leña la tenemos que comprar” (Lam 5,4), cuando miramos, en las botellitas de agua, el “embotelladas por Coca Cola”. Estamos pagando por un agua que abunda en nuestro país!

Un discípulo de Isaías promete algo, relacionado con las lagunas, a quienes aún vivían en aquella esclavitud de Babilonia: “Los necesitados y los pobres buscan agua y no la encuentran; sus lenguas están resecas por la sed. Pero yo, el Señor, los atenderé, Yo, el Dios de Israel no los abandonaré. Haré que broten ríos en las colinas secas y fuentes de agua en medio de los valles, transformaré el desierto en estanque, la tierra árida en manantiales de agua” (Is 41,17-8).

Ezequiel, en otro pasaje posterior al de la liturgia de hoy, pudo soñar con un Casanare respetado ahora sí por las petroleras y ganaderías extensivas, responsables también del desastre que nos aqueja.

Se trataba aquel entonces de unas tierras tan pobres en aguas como las que caían al Mar Muerto. Ellas cambiaría de aspecto y les sucedería algo maravilloso: “Junto a las dos orillas del torrentes crecerá toda clase de árboles frutales, sus hojas no se marchitarán, ni sus frutos se acabarán. Cada mes darán frutos nuevos, porque las aguas que las riegan manan del santuario. Sus frutos servirán de alimento y su follaje de medicina” (Ez 47,12).

Más de un lector estará diciendo: ¿Y por qué no hablar mejor de Jesús que gozó de un lago precioso y supo aprovecharse de toda su riqueza? Y tiene toda la razón. El lago de Galilea nos trae mil recuerdos, desde las pescas, hasta los milagros. Desde las vocaciones de unos primíparos hasta el envío de unos apóstoles ya más curtidos. Desde las enseñanzas sentado en la barca que menciona Marcos (Mc 4,1), hasta el paseíto de descanso al que invitó a los apóstoles fatigados por la misión (Mc. 5,30). Pero estaríamos hablando ya del final de la Cuaresma y de quien resucitó de entre los muertos, Jesucristo, el Señor.