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Guión para la radio

  •   Domingo Abril 06 de 2014
  •   Guión para la Radio
  •    José Martínez De Toda, S.J.

“Lázaro, ven fuera” (Jn 11, 1-45; ó 11, 3-7. 17. 20-27. 33-45)

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio... (Se presentan los participantes).

El Evangelio del domingo de hoy nos cuenta cómo Jesús resucitó a un amigo. Escuchémoslo.

Lectura del santo evangelio según San Juan (Jn 11, 1-45; ó 11, 3-7. 17. 20-27. 33-45)

NARRADOR/A – En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. (María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera: el enfermo era su hermano Lázaro). Las hermanas le mandaron recado a Jesús, diciendo: “Señor, tu amigo está enfermo”. Jesús, al oírlo, dijo:

JESÚS – Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

NARRADOR/A – Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos:

JESÚS – Vamos otra vez a Judea.

NARRADOR/A – Los discípulos le replican:

DISCÍPULOS – Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí? NARRADOR/A – Jesús contestó:

JESÚS – ¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz.

NARRADOR/A – Dicho esto añadió:

JESÚS – Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo. NARRADOR/A – Entonces le dijeron sus discípulos:

DISCÍPULOS – Señor, si duerme, se salvará.

NARRADOR/A – (Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño
natural). Entonces Jesús les replicó claramente:

JESÚS – Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de que no hayamos estado allí, para que crean. Y ahora vamos a su casa.

NARRADOR/A – Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos:

TOMÁS – Vamos también nosotros, y muramos con él.

NARRADOR/A – Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:

MARTA – Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.

NARRADOR/A – Jesús le dijo:

JESÚS – Tu hermano resucitará.

NARRADOR/A – Marta respondió:

MARTA – Sé que resucitará en la resurrección del último día. NARRADOR/A – Jesús le dice:

JESÚS – Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?

NARRADOR/A – Ella le contestó:

MARTA – Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.

NARRADOR/A – Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja:

MARTA – El Maestro está ahí, y te llama.

NARRADOR/A – Apenas lo oyó, se levantó y salió a donde estaba él: porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía de prisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María a donde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:

MARÍA – Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.

NARRADOR/A – Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y muy conmovido, preguntó:

JESÚS – ¿Dónde lo han enterrado?

NARRADOR/A – Le contestaron:

MARTA – Señor, ven a verlo.

NARRADOR/A – Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: JUDÍOS – ¡Cómo lo quería!

NARRADOR/A – Pero algunos dijeron:

JUDÍOS – Y uno que ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?

NARRADOR/A – Jesús, sollozando de nuevo, llegó a la tumba. (Era una cavidad cubierta con una losa). Dijo Jesús:

JESÚS – Quiten la losa.

NARRADOR/A – Marta, la hermana del muerto, le dijo:

MARTA – Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.

NARRADOR/A – Jesús le dijo:

JESÚS – ¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?

NARRADOR/A – Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:

JESÚS – Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea para que crean que tú me has enviado.

NARRADOR/A – Y dicho esto, gritó con voz potente: JESÚS – Lázaro, ven afuera.

NARRADOR/A – El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:

JESÚS – Desátenlo y déjenlo andar.

NARRADOR/A – Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Pregunta 1 – ¿Qué hacer cuando llega una tragedia?

Jesús y sus discípulos eran amigos de Lázaro y de sus dos hermanas Marta y María.

Un día le mandan avisar que Lázaro estaba enfermo.

Tenían una relación especial con ellos: siempre que pasaban por Betania, su pueblo, se hospedaban en su casa, y era el grupo bastante grande: Jesús, los 12 apóstoles y sus acompañantes.

El primer comentario de Jesús es:

- Esta enfermedad no acabará en muerte definitiva, sino que servirá para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

De todos los milagros que hizo Jesús, la resurrección de Lázaro era de los más llamativos para la gente de su tiempo, porque los judíos pensaban que el alma del muerto permanecía de alguna forma en el cuerpo por tres días. Al cuarto día el alma se iba del cuerpo para no volver ya más a él, y era entonces cuando comenzaba la corrupción. Por eso, cuando Jesús manda quitar la losa, Marta se resiste a que se abra la tumba y dice:

“Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”

Ella está expresando el sentir popular de que ya no había solución después de tres días de muerto. ¿Pero por esto fue que Jesús llegó a los cuatro días? ¿Para hacer que la situación se hiciera irremediable, y fuera necesario un verdadero milagro? Así sería una muestra más clara de su divinidad.

Pero lo interesante del milagro es que se hizo con la cooperación de los presentes.

Pregunta 2 – ¿Cómo se puede cooperar con Dios en un milagro?

Ni Marta ni María pensaban que Jesús podría resucitar a Lázaro después de cuatro días de muerto. Así que el énfasis en esta historia no es la fe.

Más bien, el énfasis está en cómo cooperar con un Dios dispuesto a hacer milagros. Él énfasis está en la obediencia práctica, en hacer la voluntad de Dios.

Para resucitar a Lázaro, Jesús lanza tres mandatos:

Primero, Jesús dijo: “Quiten la losa”. Y ellos la quitaron.

Parece que Dios no quiere hacer nada sólo por sí mismo, sino que delega lo que puede en sus creaturas. En las Tentaciones del desierto el diablo le propone que convierta directamente las piedras en pan.

En cambio, en la multiplicación de los panes Jesús cuenta con cinco panes y dos peces. En la pesca milagrosa, Jesús les tiene preparados unos peces asados; pero quiere que los Apóstoles traigan de sus peces recién pescados por ellos.

El segundo mandato de Jesús va dirigido al mismo muerto: “Lázaro, sal fuera”.

Lázaro sale todo aún vendado. Pero Jesús pide la cooperación de los presentes para quitarle los vendajes: “Desátenlo y déjenlo andar”.

Muchos de nosotros estamos ya en la tumba de la desesperanza y del desaliento, entre las ataduras de los hábitos y actitudes pecaminosos.

¿Estamos listos para cooperar con él para el milagro? ¿Estamos listos para dar el primer paso para salir de la tumba? ¿Estamos listos para perdonarnos mutuamente y dejarnos libres? Estas son las diversas maneras para cooperar con Dios en el milagro de volver a la vida y revivirnos como individuos, iglesia y nación.

Pregunta 3 – ¿Qué otras enseñanzas nos da Jesús aquí?
Hay varias:

1.En primer lugar, nos muestra su poder. Cuando Jesús llega a Betania, intenta consolar a Marta
diciéndole: “Tu hermano resucitará” (v. 23).

Pero la desconsolada Marta le responde que, por supuesto, eso ocurrirá en la resurrección final, pero no resuelve el problema de hoy. Entonces, Jesús le afirma:

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?” (v. 25).

Ésta es la frase más importante de este milagro. En la víspera de su muerte, Jesús proclama el evangelio de la vida y se define como Señor de la vida.

Marta sabía que estas dos palabras “Yo soy” son el nombre de Dios revelado a Moisés en el arbusto ardiente (Éxodo 3:14), y que de esta forma Jesús se llamaba a sí mismo ‘Dios’.

Y Marta responde sin dudar: “Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo” (v. 27).

Ésta es la quinta y más completa confesión de fe en este Evangelio de Juan (véase 1:49; 4:42; 6:69; 9:35-38).

2.En segundo lugar, cuando estamos ya casi en Semana Santa y Pascua, el relato de la resurrección de Lázaro es como un anticipo de la resurrección de Jesús. Resucitando a Lázaro, Jesús se revela a sí mismo como nuestra Resurrección y nuestra Vida, y nos revela que la última palabra sobre la realidad no la tienen ni la muerte ni el mal, sino el Padre que, por amor y fidelidad a nosotros, nos resucitará como resucitó a su Hijo Jesús.

Pregunta 4 – Jesús también nos dice: “Sal fuera”

Así es. A nosotros nos dice también: Sal fuera del sepulcro de la rutina, de la desesperación, de la tristeza, del miedo, de la violencia, de la soledad, del SIDA, de la tumba del vicio y colócate en el país de la vida.

Sal fuera. Yo he venido para desatarte de tus ataduras de la muerte y del pecado. Yo he venido para que tengas vida en abundancia hoy, mañana y siempre.

Sal fuera. Sin miedos. Sé testigo de la vida en medio de tus hermanos.

Si todos nosotros saliéramos de nuestras tumbas, de nuestro aislamiento, de nuestra indiferencia y camináramos juntos en el Señor, seríamos una gran luz y una fuente de vida para todos. Sal fuera. Vive una vida de resucitado.

Pregunta 5 – Pero algunos no le hicieron acaso.

Efectivamente. Se da la diferencia entre los que tienen y los que no tienen fe: unos creen, y otros se obstinan más contra Jesús:

Muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Pero a las autoridades judías les estorbaba Lázaro resucitado. Y rabiosamente conspirarán para matar a Lázaro (12:10). No sabemos si lo lograron. Pero ciertamente, la resurrección de Lázaro precipita la conspiración de matar a Jesús (vv. 45-53).

Sólo nos queda pedir humildemente la fe verdadera.
De joven yo era un radical, y mi oración a Dios era siempre la misma:
-Dame fuerza, Señor, para cambiar el mundo.
De mayor, viendo que no había cambiado nada, cambié mi oración y decía:
-Señor, dame fuerza para cambiar a los míos, mi familia, mis amigos, y me sentiré satisfecho.
Ahora, que soy anciano y mis días están contados mi única oración es:
-Señor, dame la gracia de cambiar yo.

(Félix Jiménez, escolapio)

Despedida

Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía. Dicen que el mejor descanso no está en una silla sino en el amigo. El domingo es el día del amigo. Venimos a descansar en él, a traerle el peso de nuestra vida: una oración por nuestros seres queridos, un problema que nos ahoga, un hijo que nos preocupa, una enfermedad que nos mata, un trabajo que nos esclaviza, un vicio que nos domina, un matrimonio que no funciona, una fe que se apaga... Necesitamos estar con Jesús para que Él nos resucite.