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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Mayo 04 de 2014
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El premio Nobel de Paz y exvicepresidente de Estados Unidos Al Gore, en la Cumbre Internacional del Medio Ambiente “Cima Kids 2014”, cuestionó casos como los de Bangladesh, donde pretendían abrir una mina de carbón en una reserva forestal de agua o en que los intereses de multinacionales quieren explotar oro en un páramo como sucede en Santurbán (Santander).

Agregó además que “Nos enfrentamos a 90 millones de toneladas de contaminación atmosférica cada día. Es mucho calor atrapado y por eso la temperatura está aumentando, el ciclo del agua es más rápido generando inundaciones inusuales, grandes tormentas, sequías más largas y los océanos son más calientes y han aumentado su nivel el 4% en los últimos 30 años. Si esperamos que la crisis se resuelva sola, llegará el día en que hagamos cosas desesperadas”.

En nuestras conversaciones sobre el Medio Ambiente necesitamos que vengan personas extranjeras, como Al Gore, y nos digan la verdad. En el evangelio de hoy, los discípulos de Emaús necesitaron que Jesús en persona les preguntara sobre qué venían hablando por el camino y después de escuchar la versión de ellos sobre la Pasión, les dijera: “Qué necios y torpes son ustedes para creer lo que anunciaron los profetas” (Lucas 24, 25 ).

Este pasaje de Emaús es una verdadera catequesis sobre la Eucaristía. A ella llevamos nuestras preocupaciones y cuitas. Escuchamos luego la Palabra del Señor para, que como dice Pedro en la primer lectura “escuchen mis palabras y entérense bien de lo que pasa” (Hechos 2, 14). Enseguida pasamos a la Oración de los fieles, en este caso, cuando en la bifurcación del camino los discípulos apremian a Jesús con el “Quédate con nosotros, porque atardece” (Lucas 24, 29).

Viene luego el acto central, la Consagración. Él sentado a la mesa, toma el pan, pronuncia la bendición, lo parte y se lo da a sus discípulos. Ese pan trabajado por los hermanos nuestros campesinos.

Por último, ellos se sienten enviados a contar lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al escuchar la Palabra que les hacía arder el corazón y en especial “al partir el pan” (Lucas, 24, 35).

También nosotros quedamos enviados a anunciar la Buena Nueva a los demás. En la versión antigua de la Misa se decía: “Ite, missa est” (id, la comunidad quedas enviada en misión).

Corresponde a nosotros anunciar el proyecto de Dios sobre la Naturaleza, sobre la Creación y sobre todo el gran Misterio Pascual, de la Muerte y Resurrección del Señor. No sólo con palabras conminatorias como las de Al Gore, sino como dice el Papa Francisco, con gran alegría. No como “evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos”, sino como ministros del Evangelio, “cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo, en sí mismos, la alegría de Cristo” (La Alegría del Evangelio, n.10).