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Pistas para la Homilía

  •   Domingo Mayo 04 de 2014
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Los discípulos de Emaús: de la frustración al encuentro con el Señor

Lecturas:

  • Hechos de los Apóstoles 2, 14. 22-33
  • I Carta de san Pedro 1, 17-21
  • Lucas 24, 13-35

Cada domingo los fieles que participamos en la eucaristía escuchamos tres lecturas. Estos textos no son escogidos al azar. ¿Cómo explicar, en palabras cotidianas, la lógica con la que son seleccionados? Los tiempos litúrgicos (adviento, navidad, cuaresma, pascua, tiempo ordinario) tienen, como hilo conductor, los misterios de la vida de Cristo narrados por los cuatro Evangelios. Alrededor de estos textos sobre la vida del Señor, se seleccionan otros pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento. ¿Cómo son seleccionados?

Todos nosotros estamos familiarizados con expresiones del mundo del deporte: Vuelta a Colombia, Tour de Francia, Giro de Italia. Utilizando este lenguaje, podemos decir que los textos litúrgicos que escuchamos cada domingo, nos permiten realizar la Vuelta a la Biblia, la cual se realiza cada tres años. Esto significa que cada tres años leemos los textos más significativos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Así tenemos una visión de conjunto de las diversas etapas del Plan de Salvación.

Como todos nosotros lo hemos experimentado, hay unos textos que comprendemos mejor que otros. Esta diferente comprensión y sintonía con los textos bíblicos depende de muchos factores: por ejemplo, los hechos históricos a los cuales se refieren, el lenguaje utilizado, el contexto cultural, etc.

Uno de los textos del Nuevo Testamento con el cual nos sentimos más cercanos es el relato evangélico que acabamos de escuchar. Se trata de la experiencia vivida por los discípulos de Emaús. Sus sentimientos son muy parecidos a los que hemos tenido nosotros; podríamos ser, de alguna manera, protagonistas de este relato. Los invito, pues, a explorar con atención este texto, en el que encontraremos una honda experiencia humana y espiritual.

Lo primero que nos permite conocer este relato son los datos esenciales de los personajes y su contexto:

  • Estos dos hombres habían conocido a un ser excepcional que les había cambiado la vida. Habían quedado marcados por las acciones milagrosas que habían visto y por la manera como hablaba de Dios. El evangelista Lucas resume, en pocas palabras, lo que había sorprendido a estos dos hombres: “Jesús de Nazaret, que era un profeta poderoso en obras y en palabras, ante Dios y ante todo el pueblo”.
  • Después de expresar su admiración, ellos describen el terrible conflicto que desató: “Los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron”.
  • Después de describir estos hechos – personalidad de Jesús y persecución que sufrió-, el evangelista nos lleva a las emociones que vivieron los discípulos: “Nosotros esperábamos que Él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron”.
  • Estas palabras expresan la frustración de los seguidores de Jesús, que habían puesto en Él las ilusiones de un futuro mejor para Israel. La crucifixión había significado, para sus seguidores, el fracaso de un proyecto de transformación religiosa y política.
  • Utilizando el lenguaje propio de las obras de teatro, podemos decir que el Primer Acto termina con un profundo sentimiento de frustración y fracaso. Veamos cómo continúa su relato el evangelista Lucas.

El Segundo Acto de este mini-drama vivido por los discípulos de Emaús está dominado por el escepticismo: escepticismo ante el testimonio de las mujeres, y escepticismo ante el testimonio dado por otros discípulos. Estos dos seguidores del Maestro reaccionaron como era previsible: llevados por el machismo propio de la cultura semítica, no consideraron válido el testimonio de las mujeres (recordemos que su testimonio no era aceptado por los jueces); y también descalificaron lo contado por sus compañeros; es la desconfianza sistemática ante la palabra de los otros; sólo reconocían lo que ellos mismos habían vivido.

Así llegamos al Tercer Acto de este mini-drama, que es el diálogo que sostienen con un desconocido al que encontraron por el camino. Este desconocido – que después es reconocido como el Señor resucitado – los invita a releer los acontecimientos dolorosos de los últimos días, en la perspectiva integral del Plan de Salvación. Nos dice el evangelista Lucas: “¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria? Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a Él”.

Nos sentimos identificados con los sentimientos de estos discípulos. Los acontecimientos del Viernes Santo los habían deprimido. Sus ilusiones fueron borradas. Es tal la desesperanza, que descalifican el testimonio de las mujeres y de sus compañeros. Lo que hace el Señor es mostrarles que los acontecimientos del Viernes Santo no tienen una única lectura; cabe una segunda interpretación. Esto es iluminador para nosotros: el Señor nos enseña, a través de su encuentro con estos desconsolados discípulos, que hay diversas maneras de interpretar los acontecimientos: una es la lógica con que los seres humanos analizamos la historia, y otra es la lógica de Dios. Lo que a los ojos humanos parecía un fracaso, es la apertura de un nuevo capítulo en la historia espiritual de la humanidad, en el que la gracia derrota al pecado, y la vida triunfa sobre la muerte.

El clímax de este mini-drama lo constituye el Cuarto Acto, que es la fracción del Pan. Nos dice el evangelista: “Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron”.

Este relato de las experiencias vividas por los discípulos de Emaús es una síntesis del recorrido espiritual de muchos seres humanos, que han transitado por las ilusiones, las frustraciones, el escepticismo, hasta descubrir al Señor, que es el camino, la verdad y la vida. El momento más intenso de su recorrido espiritual lo tuvieron cuando lo reconocieron al partir el pan. Esto nos ayuda a comprender el lugar de la Eucaristía en la vida de los cristianos. No se trata de un rito más ni de una simple obligación, sino que es “cumbre y fuente de la vida cristiana”.