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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Mayo 11 de 2014
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Cuántos disgustos y conflictos se viven entre vecinos rurales o semi-rurales por motivos relacionados con el medio ambiente: peleas por causa de los límites de tierras, de las aguas, de las basuras que se arrojan en el lugar equivocado.

Y si pasamos a pensar en las ciudades, los conflictos pueden ser más graves, pero a veces nos falta la capacidad de descubrirlos. Son los ruidos de los pitos de los carros, las chimeneas de los buses, el destrozo de los árboles y plantas, la crueldad con los animales. La mayoría de estos abusos redundan en perjuicio de la salud de los mismos habitantes de ellas.

Ciertas palabras el Evangelio de hoy inmediatamente nos conectan con la naturaleza: ovejas, corrales, pastores, puertas. Estas despiertan en nosotros imágenes de rebaños, según las vivencias de cada cual en sitios diferentes. Parecerían llevar a nuestra imaginación a la dispersión. Pero al reflexionar sobre el contenido profundo del Evangelio de hoy, la dispersión no existe: es más bien una invitación a vivir en comunidad, evitar los peligros del individualismo y las ganas de obtener dinero, pero dañando su ambiente.

Hoy fácilmente por comunidades entendemos personas que se reúnen a reflexionar o a orar en un templo o en las casas de los participantes del grupo. Pero se nos olvida que esas comunidades se viven también en la base, en los barrios y en el ambiente ciudadano. Y, sobre todo, cuando estamos al lado de Jesús y lo tenemos muy presente en nuestras vidas... tomando la palabra vida en singular y plural!

La imagen que el mismo Jesús asumió del Pastor es valiosa en este sentido. Ante todo, va al frente del rebaño y no actúa como el que ve venir al lobo y lo abandona y huye (Jn 10, 12). Si escuchamos su voz, Él nos congrega y saca del individualismo y nos salva introduciéndonos en el corral (Juan 10, 9).

Nos invita, como lo está haciendo el Papa Francisco a salir y caer en la cuenta de que hay otras ovejas que no están en el rebaño y a las cuales debemos atraer (Juan 10,16). Son ovejas que pueden estar en manos de bandidos y ladrones (Juan 10, 8) o que no han hecho caso de su llamado. O son ovejas nuevas a las cuales Él llama hoy por nuestro medio.

Fuera de valorar el símil tan rico del Pastor y el Rebaño, valdría la pena relacionarlo más con la problemática ecológica, pues no faltan ladrones y bandidos que por el interés monetario están destruyendo los ecosistemas y las fuentes cristalinas del agua. Todo esto en perjuicio de la persona humana.

Y estos perjuicios y estos pecados se están dando tanto en los campos como en las ciudades, como indicábamos en los dos primeros párrafos. A la pregunta que le hacen a Pedro y los discípulos “Hermanos, ¿qué tenemos que hacer?” y a la cual Pedro responde que se arrepientan, se bauticen y reciban el Espíritu Santo (Hechos 2,37-38), también nosotros debemos responder, teniendo en cuanta el consejo que les da en seguida: “Pónganse a salvo de esta generación perversa” (Hechos 2, 40).