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Pistas para la Homilía

  •   Domingo Mayo 18 de 2014
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

La innovación en la primera comunidad cristiana

Lecturas:

  • Hechos de los Apóstoles 6, 1-7
  • I Carta de san Pedro 2, 4-9
  • Juan 14, 1-12

Los textos bíblicos de este domingo son de una particular riqueza. La lectura de los Hechos de los Apóstoles nos habla de la creación de un equipo especial, los diáconos, para atender la obra social de la primera comunidad cristiana. El apóstol Pedro, en su I Carta, explica la singular dignidad de los bautizados: “Ustedes son estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada a Dios y pueblo de su propiedad”. El evangelio de Juan trae un texto muy profundo, en el que Jesús habla de su especialísima relación con el Padre: “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras”.

En medio de esta riqueza de temas, es muy difícil escoger. Después de muchas vacilaciones, los invito a explorar atentamente la primera lectura, pues allí encontramos elementos muy inspiradores para la acción pastoral de la Iglesia en nuestro tiempo.

La gran acogida que tuvo el anuncio del Señor resucitado se expresó en muchas conversiones de judíos y paganos. En poco tiempo, la estructura organizacional que tenían los Apóstoles se vio desbordada. Como era de esperarse, empezaron a oírse quejas y reclamos; nos dice el texto de los Hechos de los Apóstoles: “Hubo ciertas quejas de los judíos griegos contra los hebreos, de que no atendían bien a sus viudas en el servicio de caridad de todos los días”. Estas quejas son la típica expresión de inconformidad que acompaña la crisis que se produce en las organizaciones ante un rápido crecimiento.

¿Cómo resolvieron esta situación? Lo hicieron con innovación, es decir, los Apóstoles ofrecieron nuevos productos y servicios, mediante la creación del grupo de los Diáconos. En términos empresariales, podríamos decir que en el organigrama de la comunidad apostólica se creó un nuevo departamento de servicio social.

Ahora los invito a pensar en lo que ha sido la acción evangelizadora de la Iglesia a través de la historia. A medida que su apostolado ha llegado a las diversas culturas, han surgido nuevas necesidades que deben ser atendidas. Como creemos que el Espíritu Santo es quien dinamiza la obra de la Iglesia, Él suscita nuevos carismas y vocaciones, y así la Iglesia va ofreciendo a la comunidad diversos ministerios y servicios. A medida que se hace más compleja la obra evangelizadora de la Iglesia, es necesario tener una gran creatividad. La comunidad apostólica fue innovadora al crear el equipo de los Diáconos. La Iglesia de hoy debe ser igualmente innovadora para comunicar la Buena Nueva a los diversos grupos culturales.

Cuando tomamos conciencia de las diferencias culturales, nos vemos obligados a revisar los esquemas tradicionales de la catequesis. Esto significa que no podemos utilizar el mismo guion para todos los grupos. Necesitamos especializar la acción pastoral de la Iglesia de acuerdo con los grupos sociales a los que queremos llegar. Por eso la formación de los agentes evangelizadores debe tener dos componentes:

  • El primer componente es el núcleo de la formación teológica básica sobre Cristo, la Iglesia, los Sacramentos, etc. La persona que desempeña esta responsabilidad de formación debe tener claridad y precisión en lo que dice.
  • El segundo componente es la formación especializada. Esto significa que debe conocer las particularidades culturales y sicológicas de la comunidad concreta a la cual sirve. Pensemos, por ejemplo, en la pastoral de los enfermos. Los agentes evangelizadores deben conocer los sentimientos de las personas que se sienten amenazadas en el valor esencial de la salud y de la vida. Necesitan familiarizarse con las etapas emocionales que experimentan los enfermos terminales y sus familias. Si no conocemos las particularidades de cada uno de estos grupos, la acción pastoral fracasará porque no es capaz de conectar la Palabra de Dios con las situaciones concretas. En este segundo componente formativo que deben tener los agentes pastorales, las Ciencias Sociales y la Comunicación son herramientas esenciales.

Veamos ahora cuál fue el perfil que establecieron los Apóstoles para seleccionar a los que asumirían estas responsabilidades: “Buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría”. Un perfil sencillo y exigente.

Hace cincuenta años, el Concilio Vaticano II hizo profundas reflexiones sobre el lugar que corresponde a los laicos dentro de la vida de la Iglesia. Tenemos que reconocer que, en muchas diócesis, es poco lo que se ha avanzado. Seguimos siendo muy clericales. Muchos pastores de la Iglesia no reconocen la adultez de los laicos, y solo les confían tareas puramente operativas, y no los integran en los equipos donde se toman las decisiones sobre la acción pastoral de las Iglesias locales.

Es fuerte la tentación de querer clericalizar a los laicos. No podemos pretender que ellos piensen y actúen como lo hacemos los sacerdotes. Por el contrario, debemos promover su crecimiento en una robusta espiritualidad laical como padres y madres de familia, como profesionales y ciudadanos.

Es hora de terminar nuestra meditación dominical. En medio de la riqueza de temas teológicos que nos ofrecen las lecturas de este domingo, hemos centrado nuestra atención en el texto de los Hechos de los Apóstoles sobre la creación del grupo de los Diáconos. La lectura de este pasaje nos da un claro mensaje sobre creatividad e innovación en el campo de la pastoral. Esto nos llevó a una reflexión sobre la formación de los agentes evangelizadores y a subrayar la importancia de promover su identidad de laicos adultos dentro de la vida de la Iglesia.