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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Mayo 25 de 2014
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

HABITÓ ENTRE NOSOTROS

En el prólogo Juan habla de la Palabra, el Logos o el Verbo. Para él era muy claro que en Dios Padre había Conocimiento de sí y que este se manifestaba como el Verbo, como el Hijo. Más adelante pasa al Amor, como el Espíritu Santo, el gran Consolador, el Paráclito, el lazo de unión del Padre y el Hijo.

Al Consolador o Espíritu Santo, Juan lo presenta, de una manera más explícita, en el discurso de la última Cena, nada menos que con cinco anuncios (Jn 14,15-17 y 25-26; 15,26-27; 16,7-11 y 12-15).

Todo lo anterior se nos hace difícil relacionarlo son la Ecología. Pero no es así. Sigamos. Juan desde el inicio nos afirma que el Verbo habitó entre nosotros (Jn 1,14). Ese nosotros no es una humanidad en abstracto, sino seres humanos, rodeados de la naturaleza, los minerales, las plantas y los animales. Hace un tiempo, reaccionamos contra quienes hablaban de la Ecología como algo que nada tenía que ver el hombre, la sociedad y el medio ambiente.

Con la Encarnación sucede lo mismo. No podemos pensar a Jesús como un ser desligado de la creación. Jesús nació y vivió en un medio ambiente concreto, el de Belén y Nazaret; los campos de Galilea y Samaria; las montañas de Judea. Por eso continuamente se refirió a la vida que se daba en ellos, en sus parábolas y dichos.

Y hablando del Espíritu Santo, Juan nos invita a que vivamos el amor sintiéndonos en comunión con el Padre y el Hijo. Pero también a que vivamos en comunidad, con una solidaridad como la de María con los novios de las Bodas de Caná, que iban a sufrir porque el vino se estaba acabando.

En toda su vida Jesús nos invita a la solidaridad y comunión con todo tipo de personas, pero en especial con los pobres, los paralíticos, los ciegos, los mudos.

Si en virtud de todo lo anterior a Dios lo consideramos como una Comunidad, entonces de alguna manera, las palabras cariño, cuidado, amor a la naturaleza tienen un tinte neumatológico. Es decir, el amor que el Espíritu infunde en nuestros corazones, de alguna manera se debe extender a toda la creación, a la misma Ecología.

Incluimos y encerramos arriba la palabra cuidado entre cariño y amor, porque éste se tiene que manifestar en obras. Y eso es precisamente lo que se nos exige como cristianos: cuidar la naturaleza. Ese cuidado implica defender los ríos, los bosques, los humedales, los ecosistemas. Implica también luchar contra la violencia ejercida con los animales.

Si alguna persona recibió este don fue San Francisco de Asís, a quien todos reconocemos como el patrón de la ecología por su amor a la naturaleza y defensa de ella.

Y qué bello terminar este escrito recordando que el Papa Francisco tomó este nombre por el cariño que sentía por el pobrecito de Asís, por lo mucho que valoraba su compromiso con los pobres y su amor por la naturaleza.