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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Junio 01 de 2014
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Mateo hoy termina su Evangelio con la misión de Jesús a los discípulos: “Dios me ha dado autoridad plena sobre el cielo y la tierra. Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautízenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he enseñado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos“(Mt.28, 17- 20).

Lucas en su Evangelio habla más en concreto de la Ascensión: “Y mientras los bendecía se separó de ellos y fue llevado al cielo” (Lucas 24, 51).Y por eso comienza su libro de los Hechos de los Apóstoles con la despedida y con “los vieron elevarse, hasta que una nube lo ocultó de su vista” (Hch. 1, 1-9).

Si nos preguntamos: ¿Cuál es la misión a la cual nos envía el Señor, en este momento concreto, con relación al Medio Ambiente, la respuesta nos es doble. El libro “Sanar un mundo herido” se hizo la misma pregunta que el documento “Vivimos en un mundo roto, reflexiones sobre la Ecología” editado por Promotio Iustitiae, abril de 1990.

Hay primero, afirma, una crisis local que nos reta a buscar respuestas como es la contaminación de los ríos, la deforestación, los daños a los ecosistemas por la minería, la contaminación del aire que respiramos, etc. Y hay otra global: el cambio climático, la disminución de la capa de ozono, etc.

Ambas crisis nos recuerdan los consejos del Señor de ser buenos samaritanos y hacernos prójimos a quienes sufren, en especial, las consecuencias de estas crisis, como son los pobres. Todos las sufrimos, pero a ellos los golpean más.

La respuesta a la primera crisis la damos mirando a nuestro alrededor y trabajando por soluciones inmediatas, como siembra de árboles, apoyo a los grupos comunales que se preocupan por los habitantes de las ciudades y campos.

En la respuesta a la segunda, nos toca, como los apóstoles, mirar a los cielos y sentir cómo el Señor subió, ascendió allá y nos espera. Sí nos sentimos de veras parte de esa creación, que Él vino a ayudarnos a admirar con ojos contemplativos, como regalo del Padre.

Pero a no quedarnos como los testigos de la Ascensión, a los cuales debió mandarles a decir: “Galileos, ¿por qué se han quedado mirando al cielo?” (Hechos 1, 11) Este Jesús vedrá de la misma manera como lo han visto... pero entre tanto, vayan y únanse en comunidad, oren en común, lean la Palabra, vivan la Eucaristía y demuestren la fe con obras. En este caso concreto, con el empeño por sanar un mundo herido.