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Pistas para la Homilía

  •   Domingo Junio 01 de 2014
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Una nueva presencia del Señor

Lecturas:

  • Hechos de los Apóstoles 1, 1-11
  • Carta de san Pablo a los Efesios 1, 17-23
  • Mateo 28, 16-20

Hoy celebra la liturgia la fiesta de la Ascensión, que ha de leerse dentro de la totalidad del misterio pascual. En este día, la Iglesia expresa su alegría por la glorificación de Jesucristo, constituido Señor del universo, quien durante su pasión fue sometido a las peores humillaciones. Es la fiesta del triunfo definitivo del Señor sobre la muerte y el pecado, y es también promesa cierta para nosotros, pues Jesucristo nos precede junto al Padre. San Pablo, en el texto de la Carta a los Efesios que acabamos de escuchar, expresa con elocuencia esta glorificación de Jesucristo.

Cuando meditamos en el misterio de la Ascensión debemos tener presentes las grandes limitaciones de nuestro lenguaje, con el que nos referimos, torpe e imprecisamente, a la Pascua del Señor. Nosotros nos movemos dentro de un espacio y de un tiempo determinados, y todo nuestro lenguaje refleja este condicionamiento. Cuando hablamos de Jesucristo resucitado, no podemos perder de vista que Él ya no pertenece al espacio y al tiempo. Su vida glorificada junto al Padre no tiene espacio ni tiempo. Como no tenemos otro lenguaje, utilizamos palabras como cielo (situado arriba) y tierra (situada abajo), y hacemos uso de verbos como subir y bajar; por eso nos referimos al cielo como la morada de Dios y a la tierra como la casa de los hombres; en nuestro lenguaje limitado, decimos que Dios desciende del cielo para visitarnos; decimos que Jesucristo está sentado a la derecha de Dios, pero Él no es un ser físico como nosotros, que tenemos un lado derecho y un lado izquierdo. Todo este lenguaje es tremendamente limitado y con él nos referimos a misterios que nos desbordan.

Es importante que tengamos en cuenta estas limitaciones de las palabras humanas cuando leemos los textos referentes a la Ascensión del Señor. En el libro de los Hechos de los Apóstoles leemos que “dicho esto, se fue elevando a la vista de ellos, hasta que una nube lo ocultó a sus ojos”; luego dos hombres vestidos de blanco les dicen: “ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto alejarse”. Mediante este lenguaje se nos comunica que el Señor resucitado ha cumplido la misión redentora que le confió el Padre y ha sido glorificado. Este texto nos está diciendo que ha concluido el ciclo de las apariciones, ese periodo de diálogos familiares del Resucitado con sus discípulos, y Él inaugura un nuevo modo de presencia en medio de la comunidad. El pueblo de Dios, iluminado por el Espíritu Santo, inicia su peregrinación hasta el encuentro definitivo con Dios.

La fiesta de la Ascensión nos da unas claves de lectura para comprender la riqueza de la espiritualidad cristiana:

  • La vida de los cristianos debe estar impregnada de esperanza, ya que tenemos la certeza de que el triunfo del Señor sobre el pecado y la muerte es nuestro triunfo; sabemos que por el bautismo participamos de la Pascua del Señor y hemos nacido a una vida nueva. Así, pues, la existencia humana no es un camino hacia el abismo de la muerte, entendida como destrucción, sino que es paso hacia la plenitud del amor; para los cristianos, la muerte es un paso del tiempo a la eternidad, de las penumbras a la plenitud de la luz.
  • La fiesta de la Ascensión, con la expectativa que genera el anuncio de la segunda venida del Señor, ilumina la manera como debemos asumir nuestras responsabilidades diarias; en este sentido, son muy inspiradoras las palabras de los dos personajes vestidos de blanco que aparecen en el relato de los Hechos de los Apóstoles: “Galileos, ¿qué hacen allí, mirando al cielo? Ese mismo Jesús que les ha dejado para subir a cielo, volverá como lo han visto alejarse”. Con la certeza de caminar hacia el encuentro definitivo con el Señor, debemos realizar con entusiasmo nuestras tareas diarias, de manera que contribuyamos a hacer visible el Reino de Dios en las estructuras sociales y políticas.
  • Una auténtica espiritualidad cristiana debe comprometerse con la transformación de la sociedad. Equivocadamente, algunas comunidades cristianas asumen una actitud de total pasividad ante las realidades terrenas, y se justifican diciendo que esperan la venida del Señor. Una auténtica espiritualidad pascual integra el presente y el futuro, la transformación social y el crecimiento espiritual; todo esto hace parte de una única historia de salvación.

Debemos, pues, entender la fiesta de la Ascensión como la iniciación de una nueva forma de presencia del Señor resucitado en medio de la comunidad.