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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Junio 15 de 2014
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Cuando leemos el texto del Éxodo de la liturgia de hoy admiramos la comunicación del Señor con Moisés: “El Señor, el Señor! Dios compasivo y misericordioso, de infinita paciencia, rico en misericordia y fidelidad” (Ex. 34, 6). Es como una preparación para la lectura del Evangelio y el mensaje a Nicodemo: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna y no perezca” (Juan 3, 16).

Y quizás más, para la lectura de la II carta a los Corintios, en clave trinitaria: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunicación del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (II Cor. 13, 13).

Pero si regresamos al Éxodo al final del texto y leemos “Es verdad que somos un pueblo muy testarudo, pero perdona nuestra culpa y pecado, y acéptanos como tu hereda” (Ex. 34, 9), no será difícil sentir que parte de nuestros pecados actuales tienen que ver con la Ecología, en cuanto atacan a nuestros hermanos y comunidades.

En efecto, qué pecado tan grande el que cometemos cuando admitimos que por unos dólares se destruyan nuestros ecosistemas, se perjudique así a las comunidades campesinas, se contamine el agua que consumen.

Qué pecado tan grande cuando cometemos errores tales como fumigar con glifosato, como ocurrió en la vereda Toscana del municipio de Algeciras, por poner un ejemplo. Allí se afectó el cultivo de 7.000 plantas de lulo. O el botar escombros en humedales y canales, ya que sólo en Bogotá se ha debido meter a la cárcel este año a 35 ciudadanos que estaban haciendo este daño.

Y para colocar un último ejemplo, el empleo de arsénico está poniendo en peligro los acuíferos del páramo de Santurbán y por ende las personas cercanas a esto lugares, como denuncia el periódico de la Universidad Nacional en el mes de mayo.

O para terminar, como afirma otro artículo de dicho periódico la “Macroeconomía e iniquidad entierran el campo”. La razón de este titular es que en una escala de 0 a 1, la concentración de la propiedad rural en Colombia llega al 0.87. Esta abrumadora cifra refleja la profunda inequidad que se suma a una estructura económica que aniquila la mediana propiedad y profundiza la pobreza.