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Evaluemos nuestra hoja de ruta

  •   Domingo Agosto 26 de 2012
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Lecturas:

  • Libro de Josué 24, 1-2. 15-17.18b
  • Carta de san Pablo a los Efesios 5, 21-32
  • Juan 6, 55. 60-69

En esta meditación dominical, los invito a profundizar en la rica experiencia comunitaria que nos narra la primera lectura. Josué es el personaje central; él sucedió a Moisés como jefe del pueblo de Israel, fue su líder en la conquista de las tierras de Canaán y luego las distribuyó entre las doce tribus.

El texto que hemos escuchado nos lleva a la escena en que Josué confronta a la comunidad: “Josué convocó en Siquem a todas las tribus de Israel y reunió a los ancianos, a los jueces, a los jefes y a los escribas”. Por la solemnidad de la convocatoria, nos damos cuenta de la importancia de la reunión. No se trataba, pues, de un asunto menor.

En forma directa, Josué plantea el asunto: “Si no les agrada servir al Señor, digan aquí y ahora a quién quieren servir: ¿a los dioses a los que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Éufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuyo país ustedes habitan?”

Esta pregunta tocó las fibras más íntimas del pueblo, pues la identidad e historia de Israel giraban alrededor de ese pacto exclusivo entre Iahvé y el pueblo, llamado Alianza: “Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo”. Josué los cuestiona sobre la solidez de su opción religiosa: “si no les agrada servir al Señor, digan aquí y ahora a quién quieren servir”.

Quiero releer este encuentro de Josué con la comunidad desde una óptica muy propia de nuestra cultura, que es la dinámica de las organizaciones. ¿A qué me refiero? Las organizaciones evalúan periódicamente sus procesos, de manera que puedan conocer con precisión cómo se sienten sus empleados, qué piensan los clientes, cómo se está moviendo la competencia, cómo se está ejecutando el presupuesto, etc. Si una organización toma a la ligera esta práctica de la evaluación, tendrá sorpresas muy desagradables

Así como la evaluación es un elemento esencial para la sostenibilidad de las organizaciones, también los individuos y las comunidades deben hacer un alto en el camino para revisar la orientación que están dando a sus vidas, identificar las debilidades e introducir los ajustes que se consideran necesarios. Este ejercicio puede recibir nombres diversos: examen de conciencia, autoanálisis, revisión de vida, consejería, coaching, etc. En medio de la diversidad de estilos y de propuestas metodológicas, hay un punto central: debemos revisar periódicamente la hoja de ruta de nuestra relación con Dios, la calidad de los lazos familiares, el comportamiento ético, la solidaridad con los más necesitados. ¿Por qué es necesario hacerlo? Porque el paso del tiempo va desdibujando la nitidez de las opciones que se han tomado y la rutina va marchitando los ideales originales.

Josué confrontó a la comunidad de Israel sobre la fidelidad al valor esencial de su identidad religiosa y social, la cual estaba seriamente erosionada por algunas prácticas contrarias a las tradiciones religiosas de Israel. El pueblo, sacudido por la pregunta, responde: “Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses, porque el Señor es nuestro Dios”.

¿Cuál es la razón de fondo que los lleva a reafirmar su fidelidad al Señor? La comunidad hace una recordación de los acontecimientos principales de su historia y en todos ellos encuentra la acción providente de Dios: “Él fue quien nos sacó de la esclavitud de Egipto, el que hizo ante nosotros grandes prodigios, nos protegió por todo el camino que recorrimos y en los pueblos por donde pasamos”. Al releer su historia, reconocen la presencia salvadora de Dios y por eso ratifican su compromiso de fe.

Inspirados por este relato bíblico, detengámonos para tomar el pulso de los valores fundamentales de nuestra vida. La pregunta que hace muchos siglos formuló Josué sigue siendo válida para nosotros como comunidad de los seguidores del Señor resucitado: “digan aquí y ahora a quién quieren servir”. Esta pregunta desenmascara nuestras ambigüedades en la relación con Dios; estas ambigüedades se reflejan en nuestra forma de orar, ya que nuestras peticiones están orientadas a pedir la solución de problemas económicos, laborales, afectivos; y pocas veces nuestra oración es de alabanza y de acción de gracias; por la forma como oramos, parecería que le diéramos instrucciones a Dios sobre la manera como debe actuar con nosotros.

El pueblo de Israel, sacudido por la pregunta de Josué, confirma su fidelidad a Iahvé a partir de una renovada toma de conciencia de las actuaciones que Él ha tenido en su historia. Hagamos un ejercicio parecido y recorramos los diversos capítulos de nuestra vida, y en todos ellos encontraremos la presencia amorosa de Dios que nos comunica sus gracias, nos protege y nos invita a tener la relación confiada de hijos.