Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Julio 13 de 2014
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Leamos primero la lectura de Isaías y observemos toda la riqueza que contiene la comparación, que hoy llamaríamos ecológica: “Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven a subir allá sin empapar la tierra, sin fecundarla y hacerla germinar, sin producir semilla para sembrar y pan para comer…” (Is. 55, 10).

Isaías con sabiduría aplica este hecho de la naturaleza a la necesidad de escuchar la Palabra que sale de los labios del Señor y no regresa sin haber producido efectos positivos. Los efectos positivos, en nuestro caso, serían los presentados en el Evangelio según san Mateo. Se trata de dar fruto siendo tierra fértil y no terreno pedregoso, lleno de zarzas o simplemente semejante a un camino, en donde no se producen frutos.

Sería bueno que nos preguntáramos cuáles serían esos frutos desde nuestro deber de fomentar un medio ambiente sano y útil para nuestras comunidades y fraternidades.

Hoy por desgracia, palpamos que hay mucha desidia en los gobernantes y legisladores. Incluso en los educadores, en los miembros de las iglesias, etc. Como que no sienten la obligación de defender la naturaleza. Asiste también uno a Encuentros eclesiales o parroquiales, en donde ni se mencionan estas palabras ni estos hechos.

Pasando a la segunda lectura, vale la pena recordar frases paulinas muy relacionadas con la naturaleza, tales como “Toda la creación está esperando ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios” (Romanos 8, 19). Sabemos que la creación entera hasta el presente gime y sufre dolores de parto…” (Romanos 8, 20).

El año 2012 el teólogo filipino Reynaldo Raluto declaraba a la agencia ESSC News cómo “las cartas paulinas conectan mucho con el pensamiento ecológico al proponer la idea de que la salvación afecta a toda la creación, y no solo a los seres humanos”.

Sería interminable enumerar retos que nos llegan desde este campo. Al menos recordemos uno. Las Naciones Unidas alertaban también hace pocos años sobre el surgimiento de un nuevo tipo de víctimas: el refugiado medioambiental y decía: Es difícil calcular cuánto millones de personas en los lugares más pobres del mundo han abandonado sus hogares porque hoy no pueden seguir viviendo de la agricultura de subsistencia que generaciones anteriores practicaron sin demasiado problemas.

Y señalaba la causa: el tiempo se ha vuelto impredecible y ya no llueve como antes. Por eso para muchos campesinos, cansado de ver cómo lo que siembras hoy con tanto esfuerzo, mañana se seca por un sol implacable, la única salida posible es emigrar a las ciudades, donde terminarán recalando en barriadas miserables y engrosando las filas de desempleados que sobreviven con trabajos ocasionales o pequeños negocios de economía informal.

Pidámosle al Señor, ser nosotros la tierra buena del que escucha la Palabra y la entiende y da fruto del ciento, del sesenta o al menos del treinta por uno, como propone Jesús al explicar la parábola del salió el sembrador a sembrar (Mateo 13).

Qué bueno que cada persona cristiana y cada comunidad se cuestionara y se preguntara: ¿Qué puedo hacer en concreto para responder a los deseos de mi Señor Jesús? ¿Cómo puedo dar a conocer hechos como el descrito arriba y cómo puedo unirme a protestas efectivas contra estas realidades tan negativas que vivimos hoy?