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Pistas para la homilía

  •   Domingo Agosto 10 de 2014
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Cuatro experiencias diferentes de vida interior

• Lecturas:

- I Libro de los Reyes 19, 9. 11-13
- Carta de san Pablo a los Romanos 9, 1-5
- Mateo 14, 22-33

• En nuestra época, coexisten dos realidades que contrastan fuertemente: por una parte, el materialismo que nos bombardea con mensajes sobre la importancia del dinero y la búsqueda de nuevas experiencias sensoriales; por otra parte, una búsqueda de sentido que se manifiesta en el interés por las espiritualidades orientales y el auge del esoterismo.

• En las lecturas de hoy, particularmente en el texto del Libro de los Reyes y el relato del evangelista Mateo, encontramos elementos muy ricos sobre diferentes experiencias de vida interior vividas por el profeta Elías, Jesús, los discípulos y el apóstol Pedro. En su diversidad, nos iluminan en nuestra búsqueda continua de Dios y el deseo de comunicarnos con Él.

• Empecemos, pues, por la interesante experiencia vivida por el profeta Elías. En el texto que acabamos de escuchar, encontramos detalles que vale la pena explorar:

- Lo primero que llama la atención son las instrucciones que recibe el profeta: “El Señor le dijo: Sal de la cueva y quédate en el monte para ver al Señor, porque el Señor va a pasar”. Estas palabras dirigidas a Elías, y a cada uno de nosotros, piden crear las condiciones favorables para poder encontrarnos con el Señor. Salir de la cueva es un sabio consejo; muchas veces quedamos atrapados en la oscuridad de nuestras preocupaciones, dando vueltas a los asuntos personales. Salgamos de la cueva de nuestro pequeño mundo, abrámonos a los demás, miremos otras realidades “porque el Señor va a pasar”.

- A continuación, el texto hace referencia a tres fenómenos naturales: el viento huracanado, el terremoto y el fuego. Y sobre los tres fenómenos el texto afirma lo mismo: “El Señor no estaba allí”. En las culturas antiguas, la divinidad se asociaba con las fuerzas de la naturaleza, y la intensificación de éstas se interpretaba como que la divinidad rondaba cerca del mundo de los hombres. En la revelación judeo-cristiana, la divinidad no es una fuerza ciega sino un Ser personal, único, trascendente, que se revela en la historia y establece un pacto de amor.

- Después de describir estas manifestaciones del viento huracanado, el terremoto y el fuego, el texto hace una afirmación muy delicada: “Después del fuego se escuchó el murmullo de una brisa suave. Al oírlo, Elías se cubrió el rostro con su manto y salió a la entrada de la cueva”.

- En general, Dios se hace presente en nuestras vidas de manera discreta, sin aspavientos, casi en puntillas. Por eso son tan sospechosas las estrategias de mercadeo religioso utilizadas por ciertos pastores de otras iglesias que reúnen multitudes en estadios y teatros, y montan un espectáculo de falsos milagros, que son fruto de la sugestión y de la histeria colectiva.

- Dios se nos comunica al oído, casi en susurros. De ahí la importancia de crear las condiciones de soledad y silencio para poder escucharlo. No esperemos acciones espectaculares. Aprendamos a descubrir su acción en los pequeños milagros de la vida diaria, que pasan desapercibidos para muchos.

• Después de explorar esta profunda experiencia de vida interior que vive el profeta Elías, vayamos al evangelio de Mateo, donde encontramos a Jesús, los discípulos y al apóstol Pedro.

• Jesús ha tenido una intensa jornada. Atendió a miles de seguidores que le pedían que los curara de sus males; como sabio pedagogo, les explicó los valores del Reino y, al finalizar la tarde, se compadeció de ellos y multiplicó los pocos panes y pescados que estaban disponibles. Una jornada fatigante, llena de emociones. ¿Cómo la cerró? Nos dice el evangelista que “después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba Él solo allí”. En su ministerio apostólico, Jesús alternaba las actividades pastorales y los tiempos de intensa oración en los que dialogaba con su Padre.

• Ciertamente, el Señor vivía una comunicación ininterrumpida con su Padre. Todas sus palabras y acciones eran oración. Además de esta contemplación en la acción, los relatos evangélicos nos testimonian los espacios generosos que Jesús dedicaba a la oración. Los discípulos que tratamos de seguir las huellas del Maestro debemos ser muy cuidadosos en reservar esos tiempos para el silencio y la oración. Por eso debemos ser muy organizados con el manejo de nuestra agenda. Si nos descuidamos, las labores apostólicas y las tareas administrativas poco a poco irán arrinconando la celebración de la eucaristía diaria y los tiempos formales de oración. Si el apóstol no alimenta su trabajo con una sólida vida interior, terminará actuando como un simple líder social o como el funcionario de una ONG.

• Pasemos brevemente a la experiencia espiritual vivida por los discípulos. Nos dice el texto que “los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: ¡Es un fantasma! Y daban gritos de temor”. Es muy interesante esta situación de confusión que viven los discípulos. También nosotros nos hemos sentido perplejos en muchas ocasiones. Sentimos que nos faltan elementos de juicio para leer correctamente una situación y tomar la decisión acertada. Ignacio de Loyola, sabio maestro de la vida interior, en sus famosos Ejercicios Espirituales formuló unas Reglas para el discernimiento de espíritus, que son una metodología que él descubrió a través de su experiencia personal, para poder clarificar las situaciones de ambigüedad en la búsqueda de la voluntad de Dios.