Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Agosto 10 de 2014
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

En la antigüedad la manera de hallar a Dios era a través de los fenómenos naturales que causaban temor. Así el rayo, el terremoto, el huracán eran oportunidades de acudir al Dueño de la Creación.. Hombres de gran sensibilidad se sentían pequeños ante lo sagrado y adoraban a Dios a su manera.

Hoy en día, las formas han cambiado obviamente. Se prefiere buscarlo en el interior a aquel que es “más íntimo que mi misma intimidad” (intimior intimo meo) como escribía San Agustín. Se le busca también en la Palabra, en donde Jesús nos da el verdadero rostro del Padre, del cual Él es sacramento. Se le busca en la oración silenciosa.

Un encuentro muy especial con Él es los hechos que nos exigen imitar a Jesús: en el pobre, en el enfermo, en el marginado. Y esto, recordando a Jesús que nos invitó a buscarlo allí.

En la primera lectura Elías espera al Señor que va a pasar por el monte. Allí lo encuentra en la calma y el silencio. También nosotros lo hallamos en los momentos de calma y silencio en la naturaleza.

A veces no es en los momentos de calma, sino de miedo, pero no en forma de miedo a Dios, sino de solidaridad con los hermanos. En el Evangelio, los discípulos tuvieron miedo y gritaron. Jesús les respondió: “Calma, no tengan miedo. Soy yo”. Y las aguas del mar se calmaron.

Relacionado con el agua, hoy estamos pasando miedo ante el fenómeno del Niño. Tal vez, hasta el momento nadie lo ha encontrado allí. Mejor, sí, muchas personas que se están desde ahora solidarizando con las regiones, con las comunidades que están sufriendo las sequías.

No es raro en la Eucaristías o en otros momentos de oración, escuchar a personas que piden por los niños de lugares como la Guajira o la costa Atlántica colombiana, en donde los niños en especial están sedientes y piden que se cumpla con ellos el Bienaventurados del “Tuve sed y me dieron de beber”.

O también porque de otras formas muchas personas están enfrentando este caso. Unos, con conciencia crítica, están oponiéndose a que se siga tumbando selva y bosques para enriquecerse unos pocos con los escasos dólares que las empresas transnacionales están pagando por la explotación del oro. Son personas que se oponen a la locomotora minera que tantos destrozos está causando.