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Pistas para la homilía

  •   Domingo Agosto 31 de 2014
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

¡Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir!

• Lecturas:

- Profeta Jeremías 20, 7-9
- Carta de san Pablo a los Romanos 12, 1-2
- Mateo 16, 21-27

• La liturgia de este domingo presenta a nuestra consideración un texto del profeta Jeremías que es impactante; el profeta describe, con palabras elocuentes, su experiencia de fe: “Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; fuiste más fuerte que yo y me venciste”:

- Con este lenguaje, que tiene una intensa carga emotiva, el profeta nos cuenta cómo irrumpió Dios en su vida. No fue el resultado de una investigación racional sobre el principio último que explica el origen del universo; tampoco fue la respuesta que encontró ante las incertidumbres y amenazas que había tenido que superar en el camino.

- Con estas palabras – “me sedujiste, Señor, y me dejé seducir” -, el profeta nos comparte una experiencia que impactó la totalidad de su ser y que marcó para siempre su proyecto de vida. El verbo seducir sugiere que se estableció una relación nueva, total, en la que no había restricciones ni cláusulas de excepción.

• A partir de esta experiencia que le cambió el rumbo de la vida, Jeremías asume la tarea de anunciar la Palabra de Dios y hacer patente, a los ojos de una comunidad indisciplinada, el plan de Dios. No era una tarea fácil porque el pueblo de Israel no había sido constante con la hoja de ruta establecida en la Alianza: “Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo”. En repetidas ocasiones, la comunidad había abandonado la fidelidad al Dios único y había ofrecido sacrificios y ofrendas a las divinidades de los pueblos vecinos.

• En el texto que acabamos de escuchar, el profeta Jeremías manifiesta que su trabajo ha sido difícil: “He sido el hazmerreír de todos; día tras día se burlan de mí”. Jeremías es consciente de que el Señor le ha confiado una misión ardua pues debe decir cosas desagradables a una comunidad que ha dado la espalda a los mandatos del Señor. Su tarea no consiste en halagar sino en sacudir la conciencia ética y religiosa de la comunidad. Obviamente, esta ingrata tarea se enfrentaba con los intereses de muchos que se beneficiaban con estas prácticas.

• El conflicto vivido por Jeremías es el mismo que han tenido que afrontar los profetas de todos los tiempos, que han desenmascarado las prácticas corruptas que se han instalado en la sociedad. Quienes se han sentido afectados en sus intereses, utilizan todas las herramientas que tienen a la mano para desacreditar a sus críticos. Por eso el profeta exclama: “Por anunciar la Palabra del Señor, me he convertido en objeto de oprobio y de burla todo el día”

• Jeremías se siente cansado. Es muy duro remar contra la corriente; es desgastante estar proclamando unos valores que no encuentran eco favorable. Esta situación es muy común entre los padres de familia, que se sienten agobiados por las presiones que vienen de fuera. Ellos quisieran establecer unos límites a sus hijos, pero se dan cuenta de que los compañeros de éstos no tienen límites porque son hijos de padres complacientes, que prefieren evitar los conflictos y renuncian a asumir posiciones firmes ante sus hijos.

• Algunos sectores de la opinión pública presionan a la Iglesia para que asuma una actitud más benévola ante determinadas prácticas que poco a poco han encontrado aceptación social. Sin embargo, la Iglesia no puede ejercer su papel de Madre y Maestra atendiendo las encuestas de aceptación o rechazo de la opinión pública, sino en fidelidad a las enseñanzas del Maestro.

• Después de confesarnos su tentación de desánimo, el profeta reacciona: “Pero había en mí como fuego ardiente, encerrado en mis huesos; yo me esforzaba por contenerlo y no podía”. A pesar de los obstáculos, a pesar de haber sido objeto de burlas, el profeta no abandona el compromiso adquirido. Su proyecto de vida como profeta no fue el resultado de un frío raciocinio ni de un cálculo oportunista ni porque se lo sugirió un consejero vocacional, sino que fue el resultado de un estremecedor encuentro con la fuente de la Verdad y el Amor que le cambió la vida.

• Esta coherencia del profeta Jeremías con su proyecto de vida a pesar de todas las dificultades es expresado, en otro lenguaje, por el apóstol Pablo en el texto de la Carta a los Romanos que acabamos de escuchar: “No se dejen transformar por los criterios de este mundo, sino que dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto”.

• Diariamente, estamos sometidos al bombardeo de mensajes de la sociedad de consumo que nos quiere vender, como buenos y deseables, antivalores que están en abierta oposición con el mensaje del Reino. Por eso debemos orar continuamente para que, como nos lo dice Pablo, sepamos discernir cuál es la voluntad de Dios.

• Que estas sencillas reflexiones sobre la apasionada experiencia espiritual del profeta Jeremías – “me sedujiste, Señor, y me dejé seducir” -, sean un estímulo para asumir nuestro compromiso de fe como una opción de vida y no como una actividad a la que dedicamos unos minutos al día.