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Pistas para la homilía

  •   Domingo Septiembre 14 de 2014
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

El perdón, una difícil lección que debemos aprender

• Lecturas:

- Libro del Eclesiástico 27, 33 – 28, 9
- Carta de san Pablo a los Romanos 14, 7-9
- Mateo 18, 21-35

• El relato evangélico de este domingo comienza con una pregunta que el apóstol Pedro hace al Señor: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Esta pregunta, sencilla en apariencia, toca fibras muy hondas en la vida de los individuos y de las comunidades. Para los colombianos, esta problemática del perdón ocupa un lugar prioritario en la agenda nacional a medida que se avanza en los diálogos de La Habana.

• El libro del Eclesiástico contiene una expresión impactante, que no necesita muchos argumentos para ser aceptada, ya que la experiencia se encarga de darle la razón: “Cosas abominables son el rencor y la cólera; sin embargo, el pecador se aferra a ellos”. ¿Por qué son abominables? Porque el rencor y la cólera son como un ácido que destruye a quienes los acogen y generan dinámicas perversas. Las personas intoxicadas con el rencor y la cólera se obsesionan con la venganza. Y las noticias nacionales e internacionales nos recuerdan la estela de destrucción que estos sentimientos dejan a su paso.

• Este tema del perdón está al rojo vivo en nuestro país después de que las víctimas se entrevistaron con los comandantes de las FARC en La Habana. Hemos escuchado todo tipo de opiniones sobre este encuentro. Y el debate apenas comienza…

• Vale la pena profundizar en las complejas dinámicas del perdón, donde se entrecruzan muchos elementos: heridas emocionales, implicaciones jurídicas, valores éticos, decisiones políticas, conexiones con la experiencia religiosa de los protagonistas, etc. Como lo podemos intuir, el perdón no es algo que podamos resolver en la simplicidad del binomio blanco/negro, pues tiene infinitas tonalidades de gris. Es frecuente escuchar algunas comprensiones equivocadas sobre el perdón, que aparecen en las conversaciones:

- El perdón no consiste en banalizar la gravedad de los acontecimientos, como si en realidad no hubiera sucedido algo muy serio. Esto es un error y hay que llamar a las cosas por su nombre. La verdad tiene que ser la roca firme sobre la cual se proyecte un futuro diferente. Este es un clamor de las víctimas que debe ser atendido; tienen derecho a saber la verdad de los acontecimientos.

- El perdón no consiste en superar los dolores del pasado favoreciendo una amnesia individual y colectiva, y utilizando diversos mecanismos para borrar de la memoria los archivos del dolor. Es importante conservar la memoria histórica de los capítulos de horror que hemos vivido para que las generaciones futuras no repitan los errores de quienes las precedieron.

- Ahora bien, es necesario avanzar en un proceso de sanación interior para cicatrizar las heridas causadas por tantos años de guerra. Pero la sanación interior no se obtiene por el camino de la amnesia sino a través de la reconstrucción de la auto-estima, la elaboración de los duelos y una inmensa generosidad. En este largo camino, se necesita un acompañamiento para que la víctima no se sienta agobiada por los recuerdos.

- De ahí que haya que prestar mucha atención a los tres componentes de verdad, justicia y reparación para ir cerrando el doloroso capítulo de la guerra y proyectar una nueva Colombia.

• Para el creyente, la palabra perdón adquiere una especial riqueza pues va más allá de los procesos sicológicos y de las formulaciones jurídicas y políticas:

- El Salmo 102 que acabamos de recitar nos ubica en la dimensión teológica del perdón: “El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades. Él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura”. Para el creyente, el perdón como encuentro está impregnado de ternura; no es la aterradora experiencia de tener que enfrentar un tribunal amenazador sino estar frente a un padre que espera que regresemos a casa; ni es encerrarnos en una cámara del terror para convivir con nuestras peores pesadillas.

- En la perspectiva de la revelación judeo-cristiana, el proceso de conversión no es una iniciativa que tenga su inspiración inicial en nosotros sino que es una iniciativa de Dios que nos invita a volver a Él para iniciar una vida diferente: “Perdona la ofensa a tu prójimo, y así, cuando pidas perdón se te perdonarán tus pecados. Si un hombre le guarda rencor a otro, ¿le pueda acaso pedir la salud al Señor?”. La relación yo-los-otros-Dios forma un todo indivisible pues la reconciliación con Dios es inseparable de la reconciliación con los hermanos.

- Para los seguidores del Resucitado, pedir perdón no es un regreso al pasado para abrir heridas y despertar inquietantes fantasmas; la fe cristiana nos permite reeditar nuestro pasado para convertirlo en insumo de una vida nueva a la luz de la Pascua del Señor.

• En esta parábola, el evangelista destaca la importancia del juego limpio: el empleado le pidió al rey que lo perdonara y le diera una segunda oportunidad; y cuando salió de esta audiencia, tuvo un comportamiento inaceptable con su compañero que le debía dinero. El juego limpio en los procesos de reconciliación excluye agendas encubiertas y retaliaciones. En algún momento tenemos que poner punto final a la pesadilla y mirar hacia el futuro.