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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Septiembre 21 de 2014
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Estamos en el Año Internacional de la Agricultura Familiar y a la vez, en la semana 53 de la Campaña de “Colombia, territorio libre de transgénicos, megaminería y glifosato”. ¿Tendrán estas fechas algo que ver con el Evangelio de hoy?

Este Evangelio del día se suele explicarse mostrando la generosidad dd Dios en ofrecernos un gran salario: la vida eterna y con la posibilidad de ser llamados a vivir la Buena Nueva desde el momento que respondamos a su llamado.

Pero también se puede hacer énfasis en algo muy humano. Todos las personas invitadas a trabajar en la viña, eran desempleadas, es decir, no tenían con qué alimentar a sus familias. El hecho de darles el mismo salario al final del día, era señal de la sensibilidad del patrón ante este hecho.

Hoy tanto la generosidad libre de Dios como esta sensibilidad humana del empleador pasan por el cuidado de la creación. Para poner el ejemplo más sencillo. ¿Qué es más importante para la vida del hombre: el oro o el agua? Los actuales “patrones” o los conductores de las locomotoras mineras, ¿tienen derecho a seguir acabando con valiosos ecosistemas y a contaminar las aguas, para que unos pocos se enriquezcan con este dinero de las minas?
El llamado extractivismo, en este campo y en otros, está en cuestionamiento. Hay necesidad de revisarlo profundamente hoy, ya que no se hizo años atrás por falta de visión de los gobernantes. Lo mismo se diga de las semillas transgénicas así vengan de instituciones con nombres muy santos, como sería las de Monsanto. Y también del glifosato que ha perjudicado a tantas agriculturas familiares.

San Pablo en la carta a los Filipenses les dice que no sabe si es mejor para él morir pronto e irse a gozar la del Vida con Cristo o seguir trabajando por sus amados fieles. Pero afirma luego que “Lo importante es que en su comunidad lleven una vida digna del evangelio de Cristo” (Filipenses, 2, 27).

Tomemos esta invitación del apóstol para seguir luchando por un mundo en donde se respete la Naturaleza y esta no se destruya para ganarse unos dólares, que casi nunca llegan al pueblo. Luchemos para que se respeten los derechos de los primero y de los últimos. Pero en especial de éstos, que suelen ser los más vulnerados, olvidados y engañados.