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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Septiembre 28 de 2014
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El Evangelio de hoy nos coloca ante el dilema: discursos o acción. Y es lo que estamos viendo de parte de los funcionarios públicos, los políticos, senadores y otras personas frente a los desafíos ecológicos más urgentes. Nos referimos al problema de la Minería. ¿Dejamos seguir destruyendo el país, nuestros ecosistemas? ¿Basta con discursos?

Los campesinos, las comunidades indígenas, en este caso, nos están dando ejemplo. En un primer momento han callado, pero en el momento de actuar han salido a la calle, a las mesas de votación y han expresado su rechazo. Ven claro que no podemos seguir dejando que las empresas transnacionales nos destruyan la naturaleza.

Por fortuna cada día crecen los grupos, las asociaciones, las instituciones y cooperativas que marchan por estos mismos senderos y que trabajan por la educación de los jóvenes, por la organización de las comunidades barriales y juntas comunales. Incluso, muchas venidas desde fuera de nuestros países, pero con las mismas inquietudes.

La segunda lectura nos presenta a Jesús como modelo. Y en este sentido podemos explorar en cuanto al Amor y Respeto por la Naturaleza qué ejemplo nos da Él.

Escribe José Antonio Merino en su libro “Francisco de Asís y la ecología”, las siguientes palabras: “La naturaleza nos enseña, a través de su lenguaje, que necesitamos aprender y escuchar de ella sin necesidad de mucha escuela y repletos de cultura escrita en los libros. La naturaleza habla en el lenguaje del ser, de la existencia como gracia y de la vida como misterio“ (Ed. PPC, pag 77).

Este lenguaje es el que aparece en las parábolas de Jesús. Él lo toma de las plantas, de los sembrados, de los animales, etc. No se va a la sinagoga a buscar discursos de las personas que asisten a ellas. Cada evangelista le da, después, su estilo peculiar según sus destinatarios y sus objetivos. Pero siempre siente uno que hay un hilo que parte de esa tierra que Jesús pisaba.

Y si pasamos a la segunda lectura, de la carta a los Filipenses, vemos una descripción de la grandeza de Jesús que consiste en abajarse, anonadarse y hacerse como uno de nosotros. Y en este sentido podemos pensar que en el ser humano de Jesús están presentes, en su cuerpo, las frutas que comió, los panes y la harina con que los amasaron, los peces que pescaron y luego prepararon en las hogueras…

Jesús es la síntesis de la naturaleza y de la humanidad. Pero Dios lo encumbró sobre todos y le concedió “un nombre que sobrepasa todo nombre, de modo que al oir ese nombre, toda rodilla se doble en el cielo , en la tierra y en el infirmo y toda boca reconozca, para gloria de Dios Padre, que Jesucristo es el Señor” ( Fil. 2, 12).

¿Reconocemos esta gloria de Jesús, respetando la naturaleza que Dios Creador nos ha regalado y que Jesús nos ha enseñado a respetar, amar y compartir con los otros?

Qué bonito es pensar que cuando nos preocupamos por la Naturaleza, estamos haciendo presente acá el Reino de Dios y que es Jesús mismo quien nos invita a tener sentimientos de gratitud y actitudes de servicio hacia los demás.