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Pistas para la homilía

  •   Domingo Septiembre 28 de 2014
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

• Lecturas:
- Profeta Ezequiel 18, 25-28
- Carta de san Pablo a los Filipenses 2, 1-11
- Mateo 21, 28-32

• Después de escuchar las lecturas que nos propone la liturgia de este domingo, sentimos que se nos comunica una corriente de energía que nos permite superar los pensamientos sombríos que muchas veces nos paralizan. El profeta Ezequiel da la tónica: “Cuando el pecador se arrepiente del mal que hizo y practica la rectitud y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se aparta de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá”. Con estas palabras se nos está diciendo que siempre es posible volver a comenzar; que por negativas que hayan sido las experiencias vividas, no estamos condenados a permanecer encadenados al pasado, y que es posible construir un futuro diferente.

• Este mensaje de optimismo, que llega a su plenitud en la persona y en el mensaje de Jesucristo, muchas veces tiene que remover pesados obstáculos provenientes de una lectura pesimista sobre la existencia humana y los conflictos sociales. Hay personas que solo ven nubarrones oscuros en el horizonte y desconfían profundamente del ser humano. Obviamente, quienes respiran el aire enrarecido de las ideologías pesimistas, no tienen la motivación para emprender proyectos de transformación social, porque antes de iniciarlos ya los consideran condenados al fracaso.

• La Teología desarrollada por los primeros reformadores protestantes es muy pesimista. Consideran que la naturaleza humana está absolutamente contaminada por el pecado. De ahí la profunda incertidumbre teológica que expresan algunos de esos autores.

• La Teología católica reconoce la realidad del pecado, que está presente en todos nuestros proyectos, y por eso debemos estar siempre vigilantes. Este reconocimiento de nuestra realidad de pecado y de muerte se transforma en esperanzas luminosa gracias al Señor resucitado. Aunque nuestra realidad está contaminada de egoísmo, hemos renacido a una vida nueva. La presencia de la gracia permite que quien ha obrado mal pueda reconocer su pecado, arrepentirse y cambiar de vida, confiando, no en la fragilidad de su voluntad, sino en la gracia del Señor.

• El optimismo que destila la Teología católica, que hace exclamar al apóstol “todo lo puedo en aquel que me conforta”, permite abrir espacios de esperanza para situaciones que parecían inmodificables:

- La esperanza que nos comunica el Señor resucitado anima a las parejas a reconstruir su relación, gravemente herida por la incomunicación y la infidelidad. Sin esa fuerza superior que da la gracia, muchas parejas no intentarían recorrer el camino de la reconciliación.

- La esperanza que nos comunica el Señor resucitado es un factor importantísimo en los procesos de recuperación de personas víctimas de las adicciones. Con una profunda convicción interior, el apoyo de sus familiares y de competentes especialistas, podrán empezar a recorrer el camino que los sacará del fondo de la caverna para descubrir que el sol sigue alumbrando.

- En el tortuoso camino que está recorriendo el país hacia la construcción de una nueva institucionalidad, no bastan los componentes políticos, sociales y económicos, que son importantísimos. Para que podamos llegar hasta el final necesitamos unas convicciones éticas inamovibles sobre la paz como un sueño realizable, siempre que tenga como fundamento el valor de la verdad, justicia y reparación.

- Es posible, entonces, llegar por un camino laico o secular a los mismos valores que propone la antropología bíblica: reconocer los hechos negativos, pedir perdón y hacer expresiones de reparación.

• La sencilla parábola que nos narra el evangelista Mateo enriquece esta corriente de energía que nos permite superar los pensamientos sombríos que nos paralizan. El valor agregado de la parábola es poner de manifiesto el significado de las acciones: no nos quedemos en los discursos sino que debemos pasar a los hechos. Esta enseñanza está expresada de manera muy pragmática: el hijo que había manifestado su voluntad de colaborar, finalmente no hizo nada; el segundo hijo, que inicialmente se había negado, finalmente colaboró. La conclusión es clara: ¿Cuál de los hijos hizo la voluntad del padre? Los que escuchaban la parábola respondieron: el segundo.

• Enseguida, el relato de la parábola adquiere un tono de agria confrontación: los que consideran buenos- y que, en verdad, no lo eran-, y los considerados pecadores, que en realidad eran mucho mejores de lo que se creía:

- Por una parte, estaban los sacerdotes y ancianos que eran los que se consideraban fieles a la Ley y se creían merecedores de la salvación. Con sus palabras decían SI, pero con los hechos daban una respuesta negativa.

- Por otra parte, estaban los publicanos y las prostitutas, mirados con desprecio por los que se consideraban perfectos; el texto evangélico reconoce que muchos pecadores van más adelante en el Reino de Dios que los que hacen gala de piedad y buenas costumbres.

• Es hora de terminar nuestra meditación dominical, que nos transmite un mensaje optimista, lleno de energía. Con la ayuda de Dios, el apoyo de los amigos y una firme voluntad podremos tener un nuevo comienzo, salir de la trampa que nos inmoviliza. Y más importantes que todos los discursos que pronunciemos y las promesas que hagamos, son las acciones concretas de conversión y reconciliación que pongamos en práctica.