Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

Pistas para la homilía

  •   Domingo Octubre 05 de 2014
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

No seamos frutos amargos

• Lecturas:
- Profeta Isaías 5, 1-7
- Carta de san Pablo a los Filipenses 4, 6-9
- Mateo 21, 33-43

• Las principales actividades económicas del pueblo de Israel eran la agricultura y la ganadería. Por eso Jesús utilizaba el lenguaje asociado a estos oficios, pues esto facilitaba la comprensión de sus enseñanzas. En este orden de ideas, la liturgia de este domingo gira alrededor de la viña, figura que era muy familiar a los habitantes de esa región. El profeta Isaías escribe su canto a la viña, que tiene el sabor amargo de la desilusión. A partir de esta imagen tomada de la vida diaria, Jesús narra una parábola, en la que denuncia las manipulaciones de los líderes religiosos.

• Nuestra reflexión sobre la imagen de la viña se desarrollará en dos momentos: en primer lugar, procuraremos desentrañar el sentido que estas palabras tuvieron para quienes las escucharon de labios de Isaías y Jesús; en segundo lugar, exploraremos qué nos dicen a nosotros, que estamos en un contexto cultural diferente.

• A través de la imagen de la viña, el profeta Isaías y Jesús expresan el infinito amor que Yahvé manifestó al pueblo elegido. Esa deferencia especialísima la comunican a través de la imagen del campesino que prepara el terreno en que plantará vides de calidad. Así describen cómo, a lo largo de su historia, Israel recibió infinitas muestras de predilección por parte del Dios de la Alianza. Como es apenas natural, era de esperar una respuesta generosa del pueblo. Sin embargo, las cosas se dieron de manera diferente. El profeta Isaías lo dice con un tono de amargura y desilusión: “¡Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio frutos amargos?”

• El canto a la viña destila dolor por el comportamiento ingrato del pueblo. El profeta no se queda en las imágenes poéticas, sino que pasa al terreno de lo concreto: se esperaba que, como respuesta a tantas gracias y bendiciones recibidas, el pueblo construyera una sociedad diferente, que se diferenciara de las culturas de los pueblos vecinos; se esperaba que sus actuaciones estuvieran inspiradas en el derecho y la justicia; sin embargo, no fue así: “Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos”.

• El profeta anuncia el castigo a la ingratitud e infidelidad: “Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada; no la podarán ni le arrancarán la maleza, crecerán zarzas y cardos, prohibiré a las lluvias que lluevan sobre ella”.

• Jesús retoma esta mismo símbolo de la viña para referirse al pueblo de Israel que, a pesar de haber recibido todas las manifestaciones de amor por parte de Dios, fue profundamente ingrato y de duro corazón. En la parábola de la viña encontramos un elemento interesante: el dueño la confía a unos administradores, que deberán rendir cuenta de su gestión. Este concepto de administración delegada está presente desde las primeras páginas del Génesis, cuando Dios confía a la pareja la administración del paraíso.

• Jesús arremete contra el establecimiento religioso de Israel, quienes olvidaron su condición de administradores y se sintieron propietarios, es decir, manipularon la religión y quisieron subordinarla a sus intereses particulares. El Señor les echa en cara las persecuciones que ellos organizaron contra los enviados del Señor que se atrevieron a denunciar sus comportamientos corruptos. Los auténticos profetas – porque también existieron falsos profetas -, tuvieron agudos enfrentamientos con los sumos sacerdotes y ancianos. Cuando el texto de la parábola hace referencia al hijo del dueño, que fue asesinado por los administradores, es una anticipación de lo que el mismo Señor padecería más adelante.

• El castigo que se anuncia al final de la parábola es todavía más duro que el que anunció el profeta Isaías: “Por eso os digo que os quitarán a vosotros el Reino de los cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”. Estas palabras del Maestro debieron enfurecer a los jefes religiosos, que se sentían dueños absolutos de la Ley, con unos derechos intransferibles. Se olvidaron de que todo lo que habían vivido a lo largo de la historia era don de Dios, que nada les pertenecía por derecho y que debían rendir cuentas. Las palabras del Señor sugieren un nuevo Pueblo de Dios y una nueva Alianza que será sellada en la cruz.

• Hasta aquí hemos desarrollado el sentido básico de estos dos textos sobre la viña, que el profeta Isaías desarrolla en forma de canto y que Jesús desarrolla en forma de parábola. El contenido es el mismo: la infinita generosidad de Dios y la ingratitud humana.

• ¿Qué nos dice a nosotros esta imagen de la viña? Tenemos que reconocer que somos unos consentidos de Dios, y es interminable la lista de los beneficios que hemos recibido. Estamos tan familiarizados con todo esto, que pensamos que lo tenemos por derecho propio. Perdemos el rumbo cuando nos sentimos dueños, cuando olvidamos que somos simples administradores que debemos rendir cuentas. Lo dice muy claramente el profeta Isaías: que todos nuestros actos estén inspirados en el derecho y la justicia. No seremos juzgados por las ceremonias litúrgicas en las que hayamos participado ni por las devociones privadas que hayamos cultivado. A la luz de esta imagen de la viña, cuidadosamente preparada para que las vides allí sembradas den fruto, preguntémonos qué tantos dulces o amargos somos con las personas con las que vivimos, con los compañeros de trabajo, con los vecinos…