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Guíon para la radio

  •   Domingo Octubre 12 de 2014
  •   Guión para la Radio
  •    José Martínez De Toda, S.J.

“Conviden a la boda a todos los que encuentren” (Mt 22, 1-14)

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).
El Evangelio del domingo de hoy nos habla de la boda de hijo del rey con muchos invitados. Pero algunos no fueron, otros se presentaron sin ropa de fiesta. ¿Qué fue lo que hizo el rey? Escuchémoslo.

Lectura del santo evangelio según San Mateo (Mt 11, 25-30)

NARRADOR/A – En aquel tiempo volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo, diciendo:

JESÚS – El Reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran:

REY – “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Vengan a la boda”.

NARRADOR/A – Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados;

REY – La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Vayan ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encuentren convídenlos a la boda.

NARRADOR/A – Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.

Cuando el rey entró a saludar a los comensales reparó en uno que no llevaba traje de fiesta, y le dijo:

REY – Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?

NARRADOR/A – El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros:

REY – Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Pregunta 1 – ¿A quién no le gusta ir a una boda?

A todos nos encanta. Curiosamente, Jesús también estuvo al menos en una boda, en la famosa boda de Caná. Y varias veces explicó con parábolas que su Reino era una boda. Se ve que le gustaba ver a todo el mundo feliz y contento.

Pero hoy cuenta la parábola de una boda con tropiezos en la organización de la fiesta. Y se la cuenta a los principales sacerdotes y fariseos de su pueblo allí presentes.

La parábola de la boda de hoy es de un príncipe. Su padre, el rey, envía invitaciones a muchas personalidades con mucho tiempo de anticipación. Una vez que el banquete está listo, el anfitrión manda de nuevo un recordatorio unos días antes.

Pero los invitados “no quisieron venir” (v. 3). No se excusan, sino que simplemente “uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.”

El rey manda matar a los ofensores y quemar su ciudad (v. 7), proclama como indignos a los primeros invitados (v. 8), y envía de nuevo a más siervos que inviten a la boda “a los que pasan por los cruces de los caminos..., a todos los que encuentren”.

Los siervos reúnen a todos los que hallan “malos y buenos: y la boda se llenó de convidados” (v. 10). Todos alegres y con traje de fiesta, excepto uno. El rey le pregunta:

- “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?”

El otro se calla, y el rey manda echarlo fuera.

Pregunta 2 – ¿Qué simboliza esta parábola?

Hay una boda del Hijo de Dios con la humanidad, con la Iglesia, con cada uno de nosotros. Dios nos ama. Dios quiere nuestra felicidad por encima de todo. Y nos organiza un gran banquete.

Precisamente en la Primera Lectura de hoy, el profeta Isaías describe el futuro del pueblo de Dios como una gran comida preparada por Dios para su familia; una comida llena de risas, seguridad y abundancia. Y toda la familia está reunida en torno a la misma mesa. Es el banquete mesiánico, que es la expresión de la felicidad completa, que Dios promete a su pueblo y que constituye la meta de todo hombre y mujer.

Y Dios Padre invita una y otra vez a su pueblo elegido a participar en la celebración de la boda. Pero Israel maltrató y mató a los profetas y mensajeros.

Jesús sigue invitando a los jefes de los judíos de su tiempo, que escuchan su parábola.

Jesús me envía a mí también invitaciones por muchos conductos: por medio de los profetas, las circunstancias de mi historia, otras personas...

Lo curioso es que quienes no quisieron aceptar la invitación del rey, no eran pecadores, no estaban ocupados en actividades pecaminosas, sino que tenían ocupaciones decentes: fincas, negocios… Pero uno se fue a su finca, otro a sus negocios..

También a nosotros a veces lo que nos aleja del reino de Dios no es el pecado, sino las preocupaciones de la vida. No está mal estar ocupado con el trabajo, pero que esto no impida venir a Misa, no impida asistir a una celebración del Señor.

A veces no encontramos tiempo ni fortaleza para asistir a reuniones y hacer retiros, evangelizar, dar catecismo, visitar enfermos y necesitados.

Como muchos de estos invitados no vienen a la boda, le dice a sus mensajeros: “Salgan a los caminos e inviten a todos los que encuentren. Muchos son los llamados y pocos los escogidos”.

Ojalá que al final me decida a participar en el banquete, vistiendo mi mejor ropa y gozando durante toda la fiesta. Éste es el ejemplo que debo seguir.

Es más, me puedo convertir, con la gracia de Dios, en un mensajero que invita a otros, y hace que "la casa se llene" de invitados para satisfacción y alegría del Padre y del Hijo, y para gozo y felicidad de todos los comensales.

Pregunta 3 – ¿Qué significa el vestido de boda?

Una boda no es simplemente para comer y curiosear, sino para compartir en la alegría común. Uno está allí feliz y dichoso.

Si uno estuviera con cara triste, daría da la impresión de que uno está físicamente presente, pero se tiene el pensamiento en otra cosa; se está en la fiesta, pero no con espíritu de fiesta. En ese caso es mejor no estar en ella, pues la estropea y perjudica a otros.

En esta boda de la parábola estamos alegres por estar en la presencia de Dios, el rey de la creación, ante su majestad y porque Él nos ama y nos hace felices.

Por eso le damos a Él nuestro mejor comportamiento, nuestra mejor voz, nuestra mejor actitud, nuestra mejor ropa, nuestro mejor edificio. Cualquier cosa que nos ayude a honrar a Dios. A mayor gloria de Dios.

Si acepto la invitación, es para estar a tono en ella. Nos arreglamos y nos ponemos lo más elegantes posible para el momento. El vestido que lleve forma parte de la fiesta.

De hecho, la ropa en el Nuevo Testamento ha tenido varias simbologías: el vestido bautismal de Cristo (Gálatas 3:27), estar vestido del hombre nuevo creado según Dios (Efesios 4:24; Colosenses 3:10), vestirse con la compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia de quien pertenece al reino (Colosenses 3:12).

San Agustín pensó que el vestido simbolizaba la caridad cristiana (1 Corintios 13).

En general, se refiere a las buenas obras, a hacer la voluntad del Padre.

Pregunta 4 – ¿Cuál es la Buena Noticia de hoy?

1. Dios es rico en amor. Él nos organiza un gran banquete y una fiesta de bodas.

En la Escritura la imagen del banquete y de la comida, se repite muchas veces para comunicarnos que Dios quiere compartir con nosotros su amor y su alegría.

2. Dios invita a todos, a “todas las gentes”, “todas las naciones”, “toda la tierra”.

Sólo quedan fuera los que no quieren entrar, los que no aceptan la invitación, los muy ocupados en sus negocios para escuchar al Señor.

3. El Reino de Dios está siempre de fiesta. Es la boda de su Hijo, y boda es igual a amor, alegría, familia, reunión, comida, vino, música, el encuentro cálido de seres humanos.

La casa de Dios no es sitio para caras serias. Es un sitio para celebrar, para disfrutar en compañía. La alegría es imprescindible.

4. Dios nos ha hecho de tal manera que necesitamos comer, pero las comidas son en compañía de otros. Son elementos de unión con los otros.

La comida en la mesa de la amistad es mucho más que llenar el tanque del cuerpo. Es el momento de compartir y conectar con los demás.

No hay celebración sin mesa y comida. Y no debería haber un día sin mesa y comida compartida juntos, en familia.

Despedida

Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. ¡La fiesta está preparada! Somos un pueblo que celebra una fiesta. Todos bienvenidos.

Dios espera de nosotros algo más que la mera presencia. Dios espera que cambiemos y que nos dejemos cambiar.

En la fiesta se rompen todas las dietas. El cristiano está llamado no sólo a asistir a la fiesta, sino a hacer fiesta y comer con alegría el pan de la vida.

Nuestro banquete dominical es el ensayo para el banquete final en el Reino y en el amor de Dios.