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Pistas para la homilía

  •   Domingo Noviembre 16 de 2014
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A – Noviembre 16 de 2014

Seamos proactivos y salgamos al encuentro de las oportunidades

• Lecturas:
- Libro de los Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31
- I Carta de san Pablo a los Tesalonicenses 5, 1-6
- Mateo 25, 14-30

• Los textos bíblicos que propone a nuestra consideración la liturgia de este domingo son de una inspiradora riqueza, ya que se conectan fácilmente con la vida cotidiana. Después de meditar sobre el contenido de cada uno de ellos, decidimos proponer a la consideración de nuestros lectores algunas reflexiones sobre la parábola que relata el evangelista Mateo, quien nos recuerda que cada uno de nosotros ha recibido un capital-semilla de potencialidades, el cual debemos hacer crecer y sobre el cual debemos rendir cuentas. No somos propietarios sino administradores.

• Empecemos por profundizar en el primer elemento que nos presenta esta parábola: cada uno de nosotros ha recibido un capital-semilla. El texto evangélico lo expresa con claridad: “El Reino de los Cielos se parece a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco millones; a otro, dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue”.

• Cada uno de nosotros empieza la vida con un rico potencial de posibilidades, las cuales se irán manifestando con el paso del tiempo. Los padres de familia juegan un papel importantísimo en estas primeras etapas del desarrollo pues a ellos corresponde identificar estas posibilidades y estimularlas. En este proceso de descubrimiento es muy importante tomar conciencia del hecho de la diversidad; esto significa reconocer que cada ser humano es diferente. La tarea de los adultos es favorecer que el potencial del individuo se exprese y desarrolle.

• Hay adultos que, en lugar de estimular la expresión de los rasgos particulares de cada individuo, se comportan como crueles verdugos que golpean la auto-estima de los niños y jóvenes, y los descalifican con expresiones como “Ud. no sirve para nada; es un inútil”. Estos comentarios negativos los van a acompañar a lo largo de la vida; están condenados a ser personas inseguras, incapaces de emprender proyectos creativos, porque en la niñez los descalificaron.

• Otro comportamiento equivocado de los adultos es establecer comparaciones odiosas: “Aprenda de su hermano, que sí es capaz de obtener buenas notas”. Cada ser humano es diferente; no podemos pretender que todos tengan el mismo comportamiento y rendimiento. Por eso hay que descubrir las fortalezas particulares de cada niño y estimularlo para que las desarrolle.

• Después de reflexionar sobre el primer elemento que nos presenta esta parábola: cada uno de nosotros ha recibido un capital-semilla, los invito a explorar el segundo elemento: debemos hacer crecer ese capital-semilla.

• Este segundo elemento nos hace pensar en la educación, que es la llave que abre las puertas del futuro y es la escalera que permite la movilidad social. Muchos padres de familia piensan que su tarea está cumplida por el simple hecho de haber matriculado a sus hijos en un buen colegio. Pero ésto no es cierto. La educación de los niños y los jóvenes pide una interacción permanente entre los papás y los profesores pues se trata de una tarea conjunta.

• Cuando los niños tienen un bajo rendimiento escolar, no es correcto hacer una lectura simplista y atribuirlo a pereza o desinterés. Siempre hay una explicación más profunda. Con frecuencia, el bajo rendimiento escolar es consecuencia de los conflictos en el hogar, y esto difícilmente lo reconocen los padres. Además hay que tener en cuenta que los niños son diferentes y que no se acomodan de la misma manera a los colegios. Hay que analizar cuidadosamente el ajuste de la personalidad del niño con el modelo pedagógico de la institución educativa.

• Los estímulos que reciben los niños en sus hogares y en el colegio deben conducir a que ese capital-semilla de potencialidades se desarrolle. Por ello deben aprender a aprender, desarrollar la curiosidad y el espíritu crítico. Una buena educación no puede limitarse a transmitir unos conocimientos, que en pocos años son obsoletos, sino que debe buscar desarrollar unas competencias para la vida.

• El tercer elemento en el que nos hace reflexionar esta parábola sobre el hombre que salió de viaje y encargó la administración de sus bienes a sus empleados es la rendición de cuentas. Cada uno de nosotros ha recibido un capital-semilla de potencialidades y cualidades. Se espera que las semillas den fruto. Se espera que cada uno de nosotros demos fruto de acuerdo con las posibilidades. Esto nos lleva a reflexionar sobre la responsabilidad social que pesa sobre cada uno nosotros. Las cualidades que tenemos no son para dejarlas enterradas, es decir, para desaprovecharlas; tampoco son para alimentar nuestro ego y sentirnos superiores. La naturaleza del ser humano es esencialmente social, y no podemos pensar que es posible desarrollarnos y ser felices dando la espalda a los demás.

• Es hora de terminar nuestra meditación dominical. Esta parábola del hombre que confió sus bienes a sus administradores y luego les pidió cuentas de su gestión nos invita a reflexionar sobre la responsabilidad social. No podemos paralizarnos por las inseguridades y temores, dejando sin explotar nuestras cualidades, como le sucedió al personaje de la parábola que enterró el capital recibido. Esta parábola nos invita a la creatividad, a ser proactivos, a salir al encuentro de las oportunidades que se presentan, y a pensar en términos de crecimiento comunitario, superando las ambiciones egoístas.