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Pistas para la homilía

  •   Domingo Diciembre 07 de 2014
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Removamos los obstáculos a la acción de Dios

• Lecturas:
- Profeta Isaías 40, 1-5. 9-11
- II Carta de san Pedro 3, 8-14
- Marcos 1, 1-8

• Hoy 7 de diciembre, víspera de la fiesta de la Inmaculada, nos encontramos en pleno ambiente navideño. Siguiendo una antigua costumbre, nuestras casas se iluminan con velas y faroles en homenaje a Nuestra Señora. Es una hermosa iniciación de las celebraciones navideñas. Teniendo como punto de referencia esta fiesta de la Virgen, los invito a explorar el mensaje de Adviento que nos comunican las lecturas de este domingo.

• Empecemos por el texto de Isaías. Durante este tiempo litúrgico, el profeta Isaías ocupa un lugar muy destacado porque él escribió hermosos textos sobre el Mesías que transformaría la historia de Israel y de la humanidad:

- Llama la atención la alegría que transmite: “Hablen al corazón de Jerusalén y díganle a gritos que ya terminó el tiempo de su servidumbre”. Leyendo este texto desde nuestra situación actual, podemos considerarlo como una invitación para pasar la página de guerra y desesperanza que nos agobia y que no nos permite avanzar. El Adviento es un llamado a cerrar aquellos episodios turbulentos de nuestras vidas para empezar a escribir con esperanza, porque no estamos abandonados a nuestra suerte. El Hijo Eterno del Padre ha asumido nuestra condición humana y se hace solidario con nosotros. Por eso durante el Adviento repetimos una elocuente petición: “Ven, Señor, a salvarnos”.

- El profeta Isaías, después de transmitirnos una voz de aliento, nos motiva para que nos dispongamos a acoger al Salvador. Lo hace utilizando el lenguaje simbólico de los ingenieros civiles: “Preparen el camino del Señor en el desierto, construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios. Que todo valle se eleve, que todo monte y colina se rebajen; que lo torcido se enderece y lo escabroso se allane”. Es evidente que el profeta no está hablando de un ambicioso programa de obras públicas para acoger al Mesías. Al utilizar este lenguaje simbólico, nos invita a remover todos los obstáculos interiores y exteriores que nos impiden abrirnos a la acción Dios, como son los rencores, los afectos desordenados, el apego al dinero, etc. Necesitamos realizar un proceso de purificación interior para permitir que la gracia actúe en nosotros.

• Sigamos adelante en nuestro recorrido de los textos litúrgicos de este domingo. En la segunda Carta del apóstol san Pedro encontramos una expresión que nos produce gran impacto: “Confiamos en la promesa del Señor y esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva”.

• ¿En qué consiste la novedad que nos trae Jesucristo? Con Él se inicia un nuevo capítulo en la historia de la salvación. Pasamos de una relación entre Dios y su pueblo construida sobre el cumplimiento de la Ley a una relación que tiene como eje el doble mandamiento del amor a Dios y al prójimo. Se trata, entonces, de una nueva creación. Por eso los escritores cristianos de los primeros siglos usaban con mucha frecuencia la imagen del primer Adán y del segundo Adán. El primero simbolizaba la equivocada decisión de la libertad humana expresada a través del lenguaje de la manzana, la serpiente y el árbol del bien y del mal.

• Jesucristo es el nuevo Adán que inicia un nuevo capítulo en la historia de la salvación. Gracias a su muerte y resurrección se establece una nueva relación con Dios. Superamos la esclavitud del pecado y de la muerte y hemos sido constituidos hijos de Dios y coherederos con Cristo. Es tan radical la transformación que el apóstol Pedro habla de un nuevo cielo y de una tierra nueva porque, aunque la materialidad de nuestras acciones permanece la misma, cambia su sentido. Con nuestras palabras y acciones podemos contribuir al anuncio de la salvación y somos colaboradores en la construcción del Reino.

• Esta nueva creación se inicia con el bautismo y se va fortaleciendo a medida que participamos en la vida de la Iglesia. Es importante recordar que nuestra relación con Dios no tiene un talante individualista sino que nos relacionamos con Él en comunidad: en la comunidad escuchamos la Palabra de Dios, damos gracias, pedimos su ayuda y nos alimentamos con el Pan de Vida. Tenemos que reconocer que la sociedad contemporánea, profundamente individualista, es alérgica a todo aquello que identifique a la comunidad como lugar de encuentro con Dios.

• En esta exploración de las lecturas del domingo para descubrir el mensaje del Adviento, llegamos al evangelio de Marcos, en el que se destaca la figura de Juan Bautista, que es la persona escogida por Dios para llevar a cabo la tarea de preparar el camino del Señor. Su propuesta es muy sencilla: preparar el camino del Señor consistía en convertirse, es decir, cambiar de vida para ajustarla al plan de Dios.

• El Mesías inauguraba un orden nuevo. La radicalidad de Reino era sinónimo de una nueva creación, y había que prepararse para ello. Para nosotros, esta preparación consiste en hacer una lectura crítica de nuestros juicios y actuaciones, confrontándolos con los valores del Reino para así reconocer nuestras incoherencias e introducir los ajustes en el rumbo de nuestras vidas.

• El tiempo de Adviento es un llamado a la preparación para acoger al Salvador. Hagamos lo posible para superar las distracciones que se presentan en esta temporada decembrina y focalizarnos en lo que es realmente importante, el nacimiento del Hijo Eterno del Padre hecho hombre. Preparemos el camino del Señor; revisemos nuestros valores; preguntémonos cuáles son las motivaciones que nos inspiran en el momento de tomar las decisiones. De ahí la actualidad del llamado de Juan Bautista a la conversión.