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Pistas para la homilía

  •   Domingo Diciembre 14 de 2014
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Una invitación a la alegría

• Lecturas:
- Profeta Isaías 61, 1-2ª. 10-11
- I Carta de san Pablo a los Tesalonicenses 5, 16-24
- Juan 1, 6-8. 19-28

• El ritmo agitado de la vida contemporánea genera unas enormes presiones, que afectan la salud mental de las personas, independientemente de su posición social y de su edad. El estrés constituye un serio problema de salud pública. Es particularmente doloroso constatar que los niños sean víctimas de una enfermedad que parecía ser exclusiva de los adultos. Sin embargo, los conflictos relacionales de los padres, el abandono, el maltrato y la falta de afecto hacen que la sonrisa no ilumine el rostro de los niños, y que los gritos de sus juegos no rompan la monotonía gris del mundo de los adultos.

• Amplios sectores de la sociedad están enfermos de depresión y desesperanza. De ahí la pertinencia del mensaje del Adviento que nos descubre la cara oculta de la vida, aquella de la esperanza que se nutre de la certeza del amor de Dios y del sentido de la vida que descubrimos desde la fe.

• Los invito, entonces, a leer con atención los textos bíblicos de este tercer domingo de Adviento, en los que encontramos, como elemento sobresaliente, el llamado a vivir con alegría. Profundicemos en esta rica veta de sabiduría espiritual que nos permitirá extraer ricos tesoros:

- El profeta Isaías exclama: “Me alegro en el Señor con toda el alma y me lleno de júbilo en mi Dios, porque me revistió con vestidura de salvación y me cubrió con un manto de justicia”.

- El salmo responsorial recoge el himno de acción de gracias de María, quien expresa su reconocimiento porque Dios la ha escogido para ser la madre de su Hijo: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi salvador, porque puso los ojos en la humildad de su esclava”

- El apóstol Pablo también se refiere a la alegría que debe marcar la vida de los seguidores del Señor resucitado: “Vivan siempre alegres, oren sin cesar, den gracias en toda ocasión, pues es lo que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús”.

• En este breve síntesis vemos cómo la alegría es un sentimiento muy fuerte que está presente en los textos del profeta Isaías, el salmo responsorial y el texto de Pablo.

• Surge, entonces, una pregunta que se nutre del sentido común: cuando estos textos se refieren a la alegría, exactamente ¿qué quieren insinuar? Si consultamos en Google, el archiconocido motor de búsqueda, qué significa la alegría, encontramos la siguiente descripción: “Es un estado interior fresco y luminoso, generador de bienestar general, altos niveles de energía, y una poderosa disposición”. Inmediatamente nos damos cuenta de que esta descripción que hace Google se queda corta cuando la confrontamos con los ricos textos bíblicos que acabamos de escuchar...

• Estos textos nos indican que, desde la fe en Jesucristo, cambian las claves de lectura de la existencia humana. La fe transforma el horizonte de sentido:

- No caminamos solitarios por el camino de la vida, pues nos acompaña el amor providente del Padre que nos guía a su casa.

- No vagamos sin rumbo y no tenemos que resolver solos los pesados dilemas que encontramos en la ruta, porque el Espíritu Santo habita en nosotros y, si sabemos escucharlo y somos dóciles a sus mociones, podremos identificar cuál es el plan de Dios sobre cada uno de nosotros.

- El triunfo definitivo de Jesucristo sobre la muerte nos ayuda a comprender que las injusticias humanas son situaciones temporales que serán superadas definitivamente por la justicia incorruptible de Jesucristo, Señor del universo.

• En pocas palabras, el tiempo litúrgico del Adviento nos sensibiliza para descubrir cada año que la suerte de la humanidad cambió sustancialmente con la presencia entre nosotros del Hijo Eterno del Padre. Con su encarnación pasamos de la promesa a la realidad, de la incertidumbre a la certeza, del agobio al alivio, del pesimismo a la esperanza. Este es el profundo mensaje que nos transmiten los símbolos navideños, que están tan opacados por la sociedad de consumo: el pesebre, los villancicos, el árbol, las luces. Por eso las lecturas de hoy nos hablan de la alegría, que es mucho más profunda que la descripción que nos trae Google. La alegría de la que hablan el profeta Isaías, María en su himno de acción de gracias y el apóstol Pablo, expresa el sentimiento que inunda el corazón del creyente al reconocer la presencia transformadora de Dios en la humildad de un pesebre.

• Que este tiempo del Adviento nos ayude a disipar las sombras del pesimismo y desgano y podamos abrirnos a la alegría espiritual de la Navidad.