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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Diciembre 14 de 2014
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

En la segunda semana de diciembre, Bogotá vivió en sus plazas públicas, el espectáculo triste y bello a la vez de las mujeres que se vinieron, desde el Cauca a pie, a protestar y a pedirle al gobierno la protección contra la minería ilegal. No hablaban de la tradicional, que se realiza con “bateas” al aire libre y con gran esfuerzo para ganarse unos pesos y poder alimentar a sus hijos.

Se referían a la que realizan los grupos narcotraficantes y guerrilleros con excavadoras que arruinan los ecosistemas y envenenas las aguas que deben tomar ellas y sus familias. Decían estas valiosas señoras: “Estamos acá porque no podemos regresar; si lo hacemos nos exponemos a la muerte, a que maten a nuestros hijos, esposos, abuelos y abuelas”, refiriéndose a las amenazas de estas bandas criminales.

Una situación de amenaza parecida están viviendo los habitantes de Jericó, la tierra de la madre Laura, pues la alcaldía está acusando falsamente a la Mesa Ambiental del suroeste antioqueño, porque está denunciado la amenaza de la Anglo Golden Ashanty. Esta, so pretexto de progreso, está comprando las conciencias campesinas para acabar con las belleza de la naturaleza de estas regiones. Y para luego pagar unos puñados de oro con unos miserables dólares.

Como Juan el Bautista, también nosotros estamos llamados con mucha frecuencia, a ser “una voz que clama en el desierto”, como se define el precursor del Señor. Nuestra voz de algún modo debe ser profética en el doble sentido en que habla Isaías: llevar la palabra del Señor y defender a los pobres, en especial a los campesinos e indígenas, que son los más amenazados por estos negocios, a los que el gobierno central teme oponerse.

Este gran profeta del Antiguo Testamento afirma, según leemos en la primera lectura de hoy que el espíritu del Señor está sobre él, porque lo ungió y lo “envió a llevar una buena noticia a los que sufren, a curar a los corazones destrozados, a proclamar la liberación de los cautivos, y la libertad a los presos…” (Is. 61, 1-2).
Estas palabras las aplicará luego Lucas a Jesús, al inicio de su evangelio (Lc 4,18), pues intuye que describen el futuro apostolado de Jesús de un modo admirable. Pero si las aplicamos a nuestra actitud frente a la naturaleza y a los pobres, tienen también un sentido muy valioso.

Estamos llamados a defender la naturaleza, pero de un modo especial en cuanto que la destrucción de esta recae de un modo especial en contra de los pobres. Así lo están sintiendo los habitantes de los caseríos marginados y de personas como las mencionadas arriba.