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Pistas para la homilía

  •   Domingo Febrero 01 de 2015
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

El aporte de los profetas a la vida de la comunidad

• Lecturas:
- Deuteronomio 18, 15-20
- I Carta de san Pablo a los Corintios 7, 32-35
- Marcos 1, 21-28

• Las lecturas que la liturgia selecciona cada domingo son inspiradoras para nuestra vida diaria. Dentro de este amplio menú de temas teológicos, hoy hemos seleccionado el texto del libro del Deuteronomio, en el cual Moisés, el gran caudillo de Israel, habla de los profetas. Este será el tema de nuestra meditación dominical.

• Vayamos al texto del Antiguo Testamento: “En aquellos días, habló Moisés al pueblo diciendo: El Señor Dios hará surgir en medio de ustedes, entre sus hermanos, un profeta como yo. A él lo escucharán […] El Señor me respondió: “Pondré mis palabras en su boca y él dirá lo que le mande yo”.

• En la tradición bíblica, los profetas son unos personajes muy importantes y ocupan un lugar central dentro de la vida de la comunidad. Antes de profundizar en el servicio que prestaban los profetas en la tradición del Antiguo Testamento, es importante destacar que el término profeta es percibido, en la sociedad contemporánea, de una manera muy particular que nada tiene que ver con la tradición bíblica. Para muchas personas de hoy, la palabra profeta está asociada a la adivinación del futuro. Hay un lucrativo negocio alrededor del horóscopo, tarot, carta astral y lectura de las cartas. Los oráculos pronunciados por estos comerciantes de fábulas son escuchados con atención por un público crédulo. Hay que afirmar con claridad que el profetismo de la Biblia no tiene ninguna relación con estos personajes que afirman tener condiciones especiales de clarividencia.

• Los invito a explorar el sentido auténtico de la vocación de los profetas en la Biblia:

- En el Antiguo Testamento, encontramos diversas palabras para referirse a estos personajes. Un término frecuente es nabí, que significa llamado; también se refieren a ellos como videntes y hombres de Dios. Son personas animadas por el Espíritu de Dios y de Él reciben sus palabras. El carisma profético es un carisma de revelación que permite conocer a los hombres el plan de Dios.

- El profeta es un instrumento de Dios, dentro de la comunidad, para comunicar su voluntad y señalar el camino. Es el intérprete de Dios. Cuando el pueblo se apartaba del plan de Dios, el profeta denunciaba este comportamiento, lo cual le generaba serios problemas con los dirigentes religiosos y políticos.

- En el Antiguo Testamento y en las primeras comunidades cristianas, es evidente un conflicto entre los verdaderos y los falsos profetas. Los verdaderos profetas hablan en nombre de Dios, quien es el que tiene la iniciativa y transforma la persona del profeta. Los falsos profetas actúan en nombre de dioses falsos y predicen eventos que nunca se realizan.

- Los auténticos profetas ayudan a descubrir el plan de Dios a través de sus palabras y sus gestos, que tienen un profundo contenido simbólico. Estas palabras y gestos tienen el respaldo de un testimonio de vida que pone de manifiesto la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Vale la pena destacar la importancia de este doble lenguaje, de las palabras y los gestos, dentro del ministerio profético. En nuestros tiempos, el Papa Francisco está señalando un modo de ser Iglesia que se aparta de los esquemas asociados con el poder y la riqueza. Su propuesta no se ha limitado a ser un discurso motivacional sino que ha estado acompañada de un estilo diferente de ser Papa; el Pueblo de Dios ha entendido el mensaje y se identifica con él. El anuncio del Reino de Dios no es a través de discursos sino del testimonio.

• Cuando llegó la plenitud de los tiempos, la promesa anunciada por los profetas se hace realidad en Jesús de Nazaret. En torno a su nacimiento se dan cita personajes tales como Zacarías, Simeón, la profetisa Ana y Juan Bautista, quienes tienen unos rasgos comunes con los profetas del Antiguo Testamento; ellos arrojan luz sobre la misión que llevará a cabo ese niño. A lo largo de su ministerio apostólico, el Señor mostró rasgos que lo acercaban a los profetas del Antiguo Testamento, pues denunció la hipocresía religiosa, desenmascaró a los que habían hecho del culto un negocio, y su vida terminó como había terminado la de muchos profetas que lo precedieron: víctima de un complot de los líderes de la comunidad. Jesús no solo recapitula muchos elementos de la tradición profética sino que Él es su punto de llegada pues es el Mesías, la realización de la promesa.

• Hasta este momento hemos reflexionado sobre el papel que desempeñaron los profetas dentro de la vida de Israel y cómo Jesús es el punto de llegada de esa tradición. Vayamos adelante y preguntémonos si el carisma profético termina con la venida de Cristo. La respuesta es NO. El carisma profético sigue presente en la vida de la Iglesia; dentro de la comunidad eclesial, el profeta “edifica, exhorta, consuela”, como lo dice san Pablo en su I Carta a los Corintios (14, 3); y este servicio se presta través de la predicación.

• La Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II, se refiere a la función profética del Pueblo cristiano: “El Pueblo santo de Dios participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad y ofreciendo a Dios el sacrificio de alabanza, que es fruto de los labios que confiesan su nombre” (Lumen Gentium, 12). En este contexto, el profetismo es sinónimo de proclamación y anuncio. El Concilio Vaticano II tiene elocuentes palabras para referirse al papel profético de los laicos en medio de la sociedad (Lumen Gentium, 35).

• Mediante el bautismo participamos del ministerio profético de Cristo. Asumamos, pues, nuestras responsabilidades como anunciadores de reconciliación y esperanza a un mundo desgarrado por las guerras y la injusticia.