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Pistas para la homilía

  •   Domingo Febrero 15 de 2015
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Trabajemos por un país en el que haya espacio para todos

• Lecturas:

- Libro del Levítico 13, 1-2. 44-46
- I Carta de san Pablo a los Corintios 10, 31—11,1
- Marcos 1, 40-45

• La primera lectura y el evangelio nos recuerdan las difíciles condiciones que debían soportar las personas que estaban enfermas de lepra, quienes eran excluidas de la vida social y de la participación en los ritos y fiestas religiosas. El texto del libro del Levítico recoge algunas de las normas establecidas por Moisés para los portadores de esta enfermedad; el texto de Marcos narra el encuentro de Jesús con el leproso, a quien tocó, desafiando así todos los prejuicios sociales y religiosos.

• Teniendo como telón de fondo estos dos textos, los invito a reflexionar sobre los prejuicios sociales y las diversas formas de discriminación que siempre han estado presentes en la historia de la humanidad, y que han sido causa de dolor e injusticias.

• Hace pocos días, los medios de comunicación pusieron de manifiesto el matoneo o bullying causado por algunos profesores y estudiantes de prestigiosas Universidades en contra de jóvenes talentosos de estratos populares, que se han ganado unas becas ofrecidas por el Gobierno, que les permitirán estudiar en las mejores Universidades del país. A pesar de que nos creemos muy liberales y de mente abierta, los viejos prejuicios se siguen transmitiendo de padres a hijos, y se siguen levantando muros que evitan la integración social. El acceso a una educación de calidad es la mejor inversión que puede hacer un país y permite la movilidad social.

• La discriminación se ha expresado de mil formas distintas a lo largo de la historia: Pensemos, por ejemplo, en los dos estamentos de libres y esclavos, que fue el modelo económico de los imperios durante muchos siglos; tristemente, la esclavitud no ha desaparecido: siguen existiendo los esclavos sexuales, el trabajo de los niños, los campesinos y obreros cuyas condiciones laborales son inhumanas. Pensemos en la discriminación ejercida por las élites dominantes que imponen su voluntad al pueblo. Igualmente se discrimina por pertenecer a una etnia particular, por hacer parte de un grupo religioso o por expresar una opinión contraria al régimen. La lista de las formas de discriminación y exclusión es de nunca acabar.

• Dentro de esta larga y vergonzosa lista de exclusiones, la Iglesia debe confesar públicamente sus pecados; a manera de ejemplo, recordemos que la mujer ha estado relegada a unas tareas secundarias en una Iglesia gobernada por varones. El Papa Francisco ha tenido el valor de abrir el debate sobre temas candentes, que muchos eclesiásticos consideran políticamente incorrectos. El Papa se ha atrevido a preguntar si esas exclusiones que impiden participar plenamente en la vida de la Iglesia, aplicadas a colectivos específicos (divorciados vueltos a casar, homosexuales, etc.), son coherentes con una Iglesia que es Madre misericordiosa y que actúa en nombre de su Fundador, quien se acercó a los excluidos y compartió la mesa con ellos…

• En el texto evangélico que acabamos de escuchar, Marcos nos dice que “Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: ¡Sí quiero, sana! Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio”. Podemos imaginar la sorpresa que tuvieron los que presenciaron la escena, pues estaba absolutamente prohibida la interacción con estos enfermos. Jesús se atrevió a violar el tabú que regía desde los tiempos de Moisés, el gran caudillo de Israel.

• ¿Cómo se explica este gesto de Jesús? No podemos hacer una lectura simplemente psicológica, como si fuera la acción de una persona que disfrutaba escandalizando a la gente, particularmente a los jefes religiosos. La acción de Jesús, que rompe los paradigmas de la Ley, es expresión de un corazón misericordioso que consideraba a los excluidos de la sociedad como sus preferidos. A lo largo de su ministerio apostólico, tuvo que responder a las ácidas críticas que le hacían por tratar con personas que la sociedad despreciaba: prostitutas, cobradores de impuestos, samaritanos, gente de los estratos más bajos.

• En repetidas ocasiones, el Papa Francisco nos ha exhortado a salir de nuestro pequeño mundo para ir a la periferia. En su Exhortación Apostólica El gozo del Evangelio, el Papa utiliza expresiones impactantes que no pertenecen al lenguaje diplomático usado en muchos documentos emanados de Roma: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a sus propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos” (EG, 49).

• Esperamos que lleguemos a firmar un acuerdo que nos permita poner fin a cincuenta años de enfrentamientos. A partir de ese acto político, empezaremos a recorrer un complejo camino hacia la reconciliación. Para hacer posible el sueño de construir un país diferente, será necesario derribar muros y tender puentes. Será necesario cambiar el lenguaje de exclusión y abrir espacios de participación política a los que hasta ahora han empuñado las armas. El sector productivo deberá ofrecer posibilidades de trabajo a los combatientes que dejen las armas para empezar a vivir como ciudadanos.

• Que este encuentro de Jesús con el leproso nos haga reflexionar sobre nuestros prejuicios sociales y sobre las discriminaciones que llevamos a cabo. Que el Señor nos dé el valor de trabajar por un proyecto de país en el que haya espacio para todos.