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Pistas para la homilía

  •   Domingo Marzo 08 de 2015
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Regreso de los viejos dioses que estaban enterrados

Lecturas:

- Éxodo 20, 1-17
- I Carta de san Pablo a los Corintios 1, 22-25
- Juan 2, 13-25

En su edición digital del 26 de febrero de este año, el diario El País, de España, tenía un titular muy curioso: Thor ya tiene su gran templo. El artículo cuenta que en las afueras de Reikiavik, capital de Islandia, se está construyendo un templo pagano dedicado a los dioses nórdicos, conocidos en la cultura popular como Thor, Odín y su esposa Friga. Este proyecto lo están llevando a cabo adoradores de estas viejas divinidades y cuentan con sus sacerdotes y ritos... Es un regreso a las prácticas imperantes en los países nórdicos, antes de la llegada del Cristianismo.

Esta curiosa noticia volvió a nuestra memoria después de leer el pasaje del libro del Éxodo que propone a nuestra consideración la liturgia de este tercer domingo de Cuaresma. Dice el texto: “No tendrás otros dioses fuera de mí; no te fabricarás ídolos ni imagen alguna de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra o en el agua. No adorarás nada de eso ni le rendirás culto”.

¿Qué significa la construcción de este templo, resucitando así tradiciones religiosas que se suponían superadas después de mil años de presencia del Cristianismo en esas tierras del norte de Europa? ¿Será simplemente un proyecto cultural para conservar vivas tradiciones ancestrales? ¿Es una estrategia publicitaria para atraer turistas deseosos de espectáculos diferentes? A juzgar por el texto de la noticia, se trata de un movimiento religioso de regreso a los ritos paganos.

Ciertamente nos sorprende la resurrección de estas leyendas. Pero recordemos que la idolatría no ha sido superada por el monoteísmo que confiesa un único Dios. En el mundo contemporáneo hay millones de adoradores de otros dioses, los cuales reflejan la escala de valores de la sociedad de consumo: el Dinero, el Poder, el Éxito personal, la Ciencia, las Multinacionales todopoderosas, etc. Millones de seres humanos dedican sus vidas al servicio de estas divinidades, y están dispuestas a sacrificarlo todo a su servicio: la unión familiar, la salud física y emocional, la justicia social…

¿Qué pasó, entonces, con el Cristianismo? Los países del norte Europa han alcanzado un alto nivel de desarrollo, y sus ciudadanos disfrutan de magníficas condiciones de vida en cuanto a protección social, educación, trabajo, infraestructura. Al mismo tiempo que gozan de una calidad de vida envidiable, el materialismo ha permeado sus valores y el sentido de la vida. Ahora bien,

no se trata de una característica exclusiva de los pases nórdicos. Igualmente ha transformado el paisaje religioso de todos los países ricos. La situación religiosa de América Latina es diferente, donde el fenómeno religioso más extendido ha sido la migración masiva desde al Catolicismo hacia las iglesias evangélicas.

Estos hechos, que pertenecen a la Sociología de las Religiones, nos cuestionan sobre la solidez de los procesos de Evangelización, y la manera como estamos anunciando la Persona y el mensaje de Jesucristo.

En la segunda lectura de este domingo de Cuaresma encontramos un texto muy inspirador del apóstol Pablo, en su I Carta a los fieles de la ciudad de Corinto: “Los judíos exigen señales milagrosas y los paganos piden sabiduría. Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos”.

San Pablo nos ofrece una clave de lectura para comprender la compleja situación que vive la Iglesia en su tarea de anunciar la Buena Noticia de la Salvación: escándalo y locura. La lógica interna del Sermón de las Bienaventuranzas y la Pascua del Señor chocan con los valores materiales que propone la sociedad de consumo.

Esta constatación nos invita a volver los ojos a los orígenes de la Iglesia, cuando un pequeño grupo de hombres y mujeres comprometidos y con una espiritualidad impregnada de la experiencia pascual , transformaron el mundo con su testimonio:

- Necesitamos redescubrir una Iglesia que sea menos estructura y más comunidad.

- Necesitamos unas celebraciones litúrgicas que sean auténticos lugares de encuentro de los fieles, y donde se haga patente la naturaleza comunitaria de nuestra fe en el Resucitado.

- Necesitamos pasar de una fe simplemente sociológica, que nos lleva a participar en ciertos ritos (bautismos, primeras comuniones, bodas, exequias) por vínculos familiares o compromisos sociales, a una fe que inspira todas nuestras acciones como miembros de familia, como profesionales, como ciudadanos.

- Los cristianos de las primeras comunidades sembraban la semilla del Reino de Dios a través de su testimonio de vida; los discursos conceptuales y los razonamientos explicitaban lo que ya se había manifestado por el testimonio.

Es hora de terminar nuestra meditación dominical. Nos impacta la actualidad de los textos bíblicos que han inspirado nuestra reflexión. ¡Definitivamente, nada hay nuevo bajo el sol! En el libro del Éxodo se afirmaba la existencia de un solo Dios y se excluían las prácticas idolátricas; sin embargo, amplios sectores de la sociedad rinden culto a bienes materiales convertidos en dioses. En su I Carta a los Corintios, el apóstol Pablo afirmaba que el anuncio de Cristo crucificado era escándalo y locura; igualmente, el mundo de hoy sigue percibiendo como escándalo y locura lo que la Iglesia proclama. Revisemos nuestros comportamientos como seguidores del Señor, porque es través del testimonio de vida como se anuncia el Reino de Dios.