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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Marzo 15 de 2015
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

“Y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas”
(Juan 3, 20).

A finales de año pasado sesenta mujeres del norte de Cauca viajaron a Bogotá buscando hablar con algún vocero de la Corte Constitucional y para concretar citas con los ministerios del Interior, Minas y Medio Ambiente.

Estas mujeres deseaban repetir lo que hacía meses venían clamando: que no se pueden dar más largas a un problema, en que se convirtió la minería ilegal. Denunciaron cómo estaban en juego sus vidas, trabajo, recursos naturales y los derechos de las negritudines. Estas personas han vivido de la pesca y de la minería artesanal, que no produce tantos daños.

Exigían que se retiraran las retroexcavadoras que están sobre el río Ovejas y que se cumpliera la sentencia de la Corte (la 1045 del 2010) que obligaba a hacer consultas previas en estos territorios. Afirmaban que ninguna de estas dos cosas se habían hecho y que temían por sus vidas, pues las habían amenazado.

En agosto de ese año ya la Corporación Regional del Cauca (CRC) había constatado que en 30 de los 41 municipios caucanos había presencia de maquinaria pesada extrayendo oro y que esta actividad, tanto la legal como la ilegal, había dejado 68 muertos en ese año.

Intervino luego la Fuerza Pública, pero la situación empeoró. Los mineros ilegales regresaron pisando fuerte y bien armados y con 17 aparatos escarbaron y removieron las aguas, y con fusiles y “guacharas” (armas de fuego caseras) se volvieron a apoderar del suelo.

Y si pasamos al campo de la Medicina, el problema de quienes prefieren las tinieblas a la luz no es menor. Basta con leer el periódico El Tiempo del 27 de febrero de este año. Allí se denuncia cómo hay droguerías que pueden ganar hasta $10 millones diarios con alimentos “chiviados” y fabricados con yeso y arena.

Se muestra cómo estos medicamentos se trabajan en distintos barrios de Bogotá. En unos, se fabrican artesanalmente utilizando insuficiente cantidades del componente original, a las que se añaden yeso y arena para compactar las capsulas. En otros puntos se elaboran las etiquetas y envases donde son empacadas estas medicinas, Y en otros sitios no faltan personas que se encargan de poner registros sanitarios que no existen.
La primera pregunta que se viene a la cabeza es si las mamás, las esposas o hijos de estos ladrones, se murieran por no haberse tomado la medicina necesaria, ¿qué sentirían? O si ellos mismos fueran víctimas de este invento de las tinieblas, ¿cómo se sentirían en las camas del hospital?

Por el contrario, dice el mismo evangelio: “el que practica la verdad se acerca a la luz y así queda patente que sus obras las hace de acuerdo con Dios” (Juan 3, 21). Es la invitación de la segunda lectura, de la carta a los Efesios: “Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer obras buenas, obras que el mismo Dios ha preparado, para que las practiquemos” (Efesios, 2,10).