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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Abril 12 de 2015
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Hoy celebramos el segundo domingo de Pascua y el evangelio nos recuerda cómo Jesús se presentó en medio de los discípulos y les dijo:”Les traigo la paz!” (Juan 20,20). La paz es de las palabras más breves de nuestro vocabulario, pero en Colombia llevamos 50 años sin poderla pronunciar.

Son muchas las explicaciones que se dan sobre la violencia. Hasta alguna vez se aludió al uso del café como causa. Pero si en lugar de preguntar a estos “especialistas”, acudimos a los campesinos víctimas de la guerra, nos mostrarán una realidad más cercana a la verdad.
Ellos nos contarán cómo los han despojada de sus tierras, por la ambición y codicia de quienes sólo han pensado en ejercer el verbo poseer y acaparar, considerando todo como propio en el sentido estricto de la palabra. Nos dirán, por el contario, cómo en último término el propietario es Dios, quien dejó a los hombres la tierra como usufructo, pero no como propiedad absoluta.

La primera lectura de hoy nos habla de todo lo contrario: “Toda la multitud de creyentes tenía un solo corazón y una sola alma y nadie consideraba como propio lo que poseía, sino que todo lo tenían en común” (Hch.4, 32).

Hoy estas frases suenan a utopía, como también aquello de que “no había nadie que pasara necesidad entre ellos” (Hch. 4, 34). Quizás de alguna manera también Lucas las empleó en un sentido utópico y casi más como una invitación a pensar de un modo contrario al usual. En efecto, hoy todos consideraban lo que tienen como absolutamente propio y no como propiedad de Dios.

Cuántos campesinos nos podrían mostrar a los actuales propietarios de sus parcelas, bien sean guerrilleros, paramilitares o hacendados aparentemente sanos y con títulos de propiedad “legítimos”, como a unos dioses, dueños absolutos de lo que era de ellos y lo que cultivaban.

Hay un texto muy duro en el Antiguo Testamento. Es nada menos que de Jeremías: “Desde el más chico hasta el más grande, todos andan buscando su propio provecho, y desde el sacerdote hasta el profeta, todos son unos embusteros. Calman sólo a medias la aflicción de mi pueblo, diciendo: Paz, paz, siendo así que no hay paz. Deberían avergonzarse con sus abominables acciones, pero han perdido la vergüenza y ni siquiera se ponen colorados” (Jer. 6,13-15)

En realidad era la idolatría la que corrompía aquel pueblo. Hoy también es la idolatría del Dinero la que ha impedido vivir en paz a nuestros pueblos. ¿Y esta realidad qué tiene que ver con la Ecología, con el Medio Ambiente?

En realidad encontramos que muchas de estas tierras no están cultivadas o sólo se emplean para cultivos extensivos o para ganadería, para lo cual han tenido que acabar con fueron bellos ecosistemas, cuidados antes por campesinos.

Quiera Dios que recuperemos la paz, así sea en un momento en que la puertas se sienten cerradas, como dice el evangelio de hoy: “los discípulos estaban con las puertas trancadas, por miedo a los judíos, cuando se presentó Jesús, se colocó en medio de ellos y les dijo: Les traigo la paz” (Juan 20,19).

Hoy Jesús nos trae la paz interior a quienes lo reciban a Él, pero con la misión de construir la paz en nuestro país.