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Pistas para la homilía

  •   Domingo Abril 19 de 2015
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

La fe va madurando en medio de las incertidumbres

Lecturas:
Hechos de los Apóstoles 3, 13-15. 17-19
II Carta de san Juan 2, 1-5
Lucas 24, 35-48

El texto del evangelista Lucas es como un palco privilegiado desde el cual podemos observar cómo fue madurando la fe de los primeros cristianos después de la resurrección del Señor. No nos engañemos pensando que fue un proceso fácil. Muchos de ellos se rehusaron a aceptar el testimonio de sus compañeros hasta que no tuvieron directamente la experiencia del resucitado. Los seres humanos de todos los tiempos somos hechos de los mismos materiales: desconfiados, temerosos, aferrados a nuestros juicios, nos cuesta aceptar el valor de la palabra de los demás…

El evangelista Lucas trae unas expresiones que recogen los sentimientos más frecuentes en medio de la comunidad: “Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma”; “Él les dijo: no teman, soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior?”

Si estos son algunos de los sentimientos experimentados por los discípulos del Señor, que son testigos inmediatos de los acontecimientos, no debe extrañarnos que en nuestro propio camino de fe surjan dificultades, nos acosen las dudas, nos sintamos perdidos en medio de la noche… En el crecimiento en la fe, se entrecruzan la gracia de Dios, la libertad humana, la complejidad de nuestra sicología con sus laberintos oscuros, las presiones culturales, etc.

Cuando leemos las vidas de los santos, se nos hace patente que ese crecimiento espiritual se dio en medio de fuertes tormentas internas. En las primeras etapas de su conversión, Ignacio de Loyola se retiró a una cueva a orillas del río Cardoner; allí vivió una etapa muy difícil, con profundas depresiones, que lo llevaron a pensar en el suicidio. Si estos gigantes de la espiritualidad crecieron en el conocimiento de Jesucristo atravesando – como dice el salmo – “cañadas oscuras”, nosotros, enanos insignificantes, no tenemos porqué sorprendernos de las incertidumbres que nos acosan.

El relato del evangelista Lucas nos muestra una curiosa escena del Señor resucitado, que da una catequesis a sus discípulos, que es repetición de lo que les había dicho cuando recorría con ellos los caminos de Galilea: “Lo que ha sucedido es aquello de lo que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes…” Es infinita la paciencia del Señor con sus discípulos; y es infinita su paciencia con nosotros, que nos distraemos con mil preocupaciones y que no respondemos a los mensajes que de mil maneras nos comunica el Señor.

El texto del evangelista tiene una expresión que merece nuestra atención: “Entonces, les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras”. ¿Qué significa comprender las Escrituras? Ciertamente, los estudios bíblicos han tenido unos avances muy importantes. Los especialistas en el Antiguo y Nuevo Testamento necesitan adquirir el dominio de las lenguas en que fueron escritos los textos originales y las más antiguas traducciones, necesitan conocer las culturas de los pueblos en los se dieron los hechos narrados; en su proceso de formación, trabajan con equipos de arqueólogos. Esta es una manera científica y muy rigurosa de conocer la Biblia. Sin embargo, es posible ser un ateo y tener las competencias propias de los expertos en Biblia. Por eso, comprender la Biblia como historia de salvación es un conocimiento diferente para el cual se necesita la gracia de Dios.

En esta catequesis que el Señor resucitado tiene con sus discípulos, Él les ilumina desde la fe el sentido de los acontecimientos de su vida pública, de su pasión y muerte. Esta catequesis del Señor resucitado nos invita a revisar los esquemas de formación religiosa que ofrecemos en los colegios y universidades católicas. La formación religiosa necesita nutrirse de una experiencia interior; esto es absolutamente necesario. No se trata de trasladar los conocimientos teológicos del profesor al alumno como si se trasladara un líquido de un recipiente a otro. Se trata de ir avanzando a través de una experiencia de vida interior que se da en medio del compartir fraterno, el servicio a los más necesitados, los grupos de oración y reflexión, etc. Las nuevas generaciones tienen unas sensibilidades muy diferentes, y sus lenguajes y símbolos han cambiado radicalmente; rechazan los discursos con un fuerte contenido conceptual, desconectados de sus vivencias cotidianas.

Hay muchas cosas que son incomprensibles a la luz de la razón. Hay experiencias de nuestras vidas que no podemos entender o que nos parecen injustas. Pidámosle al Señor que nuestro entendimiento se abra para comprender, bajo una luz diferente, los hechos de la vida y poderlos releer como plan de salvación. La Pascua del Señor, que transforma la muerte en vida, instaura una nueva lógica. la Fe, que es don de Dios, es un conocimiento diferente de la realidad y nos permite descifrar situaciones que parecían absurdas – como a los discípulos les pareció absurdo el Viernes Santo – y que son, en última instancia, epifanía o manifestación de Dios en nuestra historia.