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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Abril 26 de 2015
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El evangelio de hoy toca un tema típico de la Ecología: el cuidado. Jesús toma un ejemplo de la vida del campo, el buen pastor que cuida de las ovejas. Jesús, por supuesto, no se contenta con esta actitud, sino que va más adelante, “expone su vida” por ellas. Es decir se la juega del todo. Eso fue lo que hizo Jesús en su vida.

“Yo soy el buen pastor. Y un buen pastor expone su vida por sus ovejas. El que sólo trabaja por la paga y no es pastor, como no son suyas las ovejas, ve venir el lobo y huye, abandonando las ovejas” (Juan 10, 11-12).

Las dos lecturas previas nos invitan a valorar lo que significa la acción salvífica de Jesús y lo que nos espera, después de la muerte, si lo seguimos a Él y le somos fieles.

Pero si de la actitud de Jesús, descendemos al pastor campesino, también tenemos mucho que aprender y valorar de este modelo con que explica Jesús su pensamiento y su acción.

Podríamos aplicarlo a cómo debería ser nuestro actuar frente a la naturaleza, en especial frente a los animales. Es verdad que a veces algunas personas en el mundo actual exageran y parecen valorar mucho más a un cachorro de raza que a una persona pobre. Esto se ve en los avisos que colocan en las calles cuando se les pierde un perrito.

Pero no faltan las actitudes totalmente contrarias. No sólo tendríamos que hablar sobre la forma como se trata a los perros callejeros, a los que por nada se les apedrea o se les mata. También deberíamos recordar otros casos tristes.

Está la forma como se aprisiona a los cerdos o a las gallinas en verdaderas prisiones con el fin de engordarlos al máximo y venderlos luego, sacándoles el mayor número de dólares.

A los pajaritos, que nos regalan bellos cantos por las mañanas, también se les esclaviza de una manera triste, en estrechísimas jaulas, así sean estas muy lujosas.

En los últimos años las víctimas han sido los pesces , por el descuido de los habitantes de las ciudades que botan los plásticos a las calles, que luego van a las quebradas y a los ríos y que al tragárselos los peces se ahogan. Y eso por no hablar más de las empresas mineras que contaminan las quebradas y ríos con cianuro y otros venenos.

Por fortuna no faltan instituciones como la subdirección de Silvicultura, Flora y Fauna de Bogotá, que el mes pasado capacitó y liberó 320 animales silvestres a su hábitat, entre los cuales se contaban guacamayas, cotorras carisucias, monos nocturnos y ardillas rojas y tinguas azules.