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Pistas para la homilía

  •   Domingo Abril 26 de 2015
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

El buen pastor inspira nuestro ministerio

• Lecturas:

- Hechos de los Apóstoles 4, 8-12
- I Carta de san Juan 3, 1-2
- Juan 10, 11-18

• El evangelio de hoy está centrado en la figura del pastor y en la relación que él establece con sus ovejas. Este lenguaje pertenecía a la vida cotidiana de Israel, cuya economía giraba alrededor de las actividades del campo. Por eso el Antiguo Testamento utilizó este simbolismo para describir la relación de Yahvé con su pueblo y para relatar el liderazgo que ejercieron algunos personajes. En el Nuevo Testamento, Jesús empleó este lenguaje para expresar la misión que había recibido del Padre. Esta imagen del buen pastor tuvo un impacto grande en la iconografía de la Iglesia durante los primeros siglos.

• Aunque la cultura contemporánea es eminentemente urbana, los miembros de la Iglesia inmediatamente asociamos la imagen del pastor con el estilo de ministerio que ha caracterizado estos pocos años que lleva el Papa Francisco como pastor de la Iglesia universal. En repetidas ocasiones, ha pedido que la Iglesia salga de los espacios en los que se siente cómoda y segura para ir a las periferias, donde están quienes más necesitan de su ayuda. Para comunicar el nuevo estilo evangelizador que propone, ha utilizado audaces expresiones que no estaban en el refinado protocolo del Vaticano; ha dicho que la Iglesia es como un hospital de guerra, pues debe atender con prioridad a los heridos más graves; ha invitado a los pastores a que tengan olor a oveja, es decir, que estén estrechamente unidos a sus comunidades compartiendo sus condiciones de vida. Después de leer atentamente este texto del evangelio de Juan, encontramos que propone tres rasgos que definirían el perfil de los pastores: compromiso, conocimiento y apertura.

• Empecemos por el primer rasgo, el compromiso de los pastores con sus comunidades:

- Jesús dice: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo abandona las ovejas y huye”.

- A través de un lenguaje directo, Jesús expresa su total compromiso y el que deberán tener los que vendrán después de Él para continuar su obra. El buen pastor no es un espectador que se sienta a observar, desde las teorías sociológicas, los problemas de la gente para, finalmente, hacer un diagnóstico. El buen pastor está con su comunidad; comparte sus luchas, dolores y esperanzas. Y la gente lo siente como uno de los suyos.

- Jesús utiliza duras palabras para descalificar al asalariado. No es su intención referirse a las condiciones económicas de los ministros de la Iglesia, quienes necesitan unos ingresos para atender a los gastos de vivienda, alimentación, vestido, salud, transporte, etc. Esta alusión al asalariado señala a los que tienen mentalidad de burócratas, y se contentan con cumplir unas funciones como administradores de sacramentos, sin comprometer en ello su proyecto de vida.

- Este compromiso del pastor lleva a asumir solidariamente los riesgos y desafíos de sus compañeros de camino. A este respecto, hemos sido testigos del heroísmo de obispos y sacerdotes que han llegado al extremo de sacrificar sus vidas por haber asumido la defensa de las comunidades y ser voz de los que no tienen voz.

• El segundo rasgo del perfile del buen pastor es el conocimiento que tiene de sus ovejas:

- Dice el Señor: “Yo soy el buen pastor, porque conozco mis ovejas, y ellas me conocen a mí; así como el Padre me conoce y yo conozco al Padre”.

- ¿Cómo se adquiere el conocimiento de la gente? Conversando con los miembros de la comunidad, visitando sus casas, compartiendo los momentos de alegría y de dolor. Por eso es tan pertinente la invitación que nos hace el Papa Francisco: debemos ir a los lugares donde está la gente y no esperar que ellos vengan a nosotros.

- Pero hay algo más que debemos hacer, y es la necesidad de conocer en profundidad las culturas particulares de las comunidades a las que acompañamos. Pensemos en los jóvenes, los ancianos, los campesinos, los indígenas. Cada grupo tiene sus referentes culturales, sus códigos, sus protocolos. Por eso los pastores no podemos llegar de manera brusca a las comunidades. Si no prestamos atención a esto, no seremos bien recibidos y seremos como cuerpos extraños.

• Finalmente, digamos unas breves palabras sobre el tercer rasgo del perfil del buen pastor: la apertura. Dice el Señor: “Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que los traiga también a ellos”. Con estas palabras, el Señor nos invita a que nuestro servicio apostólico no se limite a los más cercanos; ciertamente, sería mucho más fácil, pues conocemos su lenguaje y estamos familiarizados con su estilo de vida. Jesucristo, buen pastor y, después de Él, el Papa Francisco, nos invitan a acercarnos a los que están lejos de la Iglesia, sea por ignorancia o porque en algún momento se sintieron rechazados. Esto nos obliga a superar las barreras de discriminación que, históricamente, se fueron levantando. Jesucristo, buen pastor, nos invita a una pastoral incluyente que no discrimina a nadie.

• Que este inspirador texto del buen pastor transforme la acción pastoral de la Iglesia. Oremos por nuestros obispos y sacerdotes para que asuman con entusiasmo su hermosa vocación de servicio a las comunidades.