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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Mayo 10 de 2015
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

En condiciones normales los ecosistemas suelen mantener un gran equilibrio. Así podemos hablar de equilibrio ecológico cuando las condiciones ambientales son estables y permiten que se produzca una armónica interacción entre las especies y su entorno.

En cambio, el desequilibrio puede ser producido por causas naturales o artificiales como las producidas por el hombre en su afán de ganar dinero. Los efectos se van a sentir especialmente en el agua, el suelo, la flora, la fauna y el aire.

Como el gran desarrollo tecnológico e industrial ha sobrepasado la capacidad de la naturaleza para restablecer el equilibrio natural alterado, la vida del hombre se ha visto comprometida, lo mismo que la de muchos ecosistemas.

Basta sólo en pensar en los desastres económicos producidos en las comunidades campesinas por la empresa Monsanto y sus semillas transgénicas o en el uso del glifosato y el empeño de USA para que no lo dejemos, a pesar de sus efectos cancerígenos.

Por esto no es raro que se den campañas fuertes contra estos males. Actualmente estamos en la semana 85 de Campaña por una “Colombia territorio libre de transgénicos, megaminería y glifosato”. Y campañas por el estilo existen también en muchos de nuestros países vecinos.

Hablando ya de la Ley de Dios, estaríamos en la obligación de luchar porque se respete la vida, por el No matar. Hablando de las peticiones de Jesús en la última cena, no sobra repetir las palabras con que exhorta a los discípulos en el evangelio de hoy: “Como mi Padre me ha amado, los he amado yo a ustedes. Permanezcan en ese amor que les tengo. Si guardan mis mandamientos permanecerán en mi amor, lo mismo que yo guardado los mandamientos de mi padre y permanezco en su amor” (Juan 15, 9-10).

Lo mismo en las palabras con que termina el texto elegido para hoy domingo: “No me escogieron ustedes a mí; fui yo quien los escogí, y los destiné para vayan y den frutos, y un fruto permanente.” (Juan 15, 16).

Y viniendo a compromisos concretos al respecto del amor a los hermanos, pensemos en que uno de los mayores problemas lo producen las basuras a consecuencia del excesivo consumo. Lo mismo pasa con los desperdicios de los alimentos y materias orgánicas contenidos en la misma basura. Constituyen un problema de salud porque son criaderos de insectos, responsables de la transmisión de enfermedades como gastroeteristis, fiebre tifoidea, encefalitis etc. Y eso por no mencionar a las ratas que intervienen en la propagación de peste bubólica, el tifus, las intoxicaciones alimenticias.

Por eso no sobra ahora ciertas invitaciones, que deben tomarse como parte de nuestro compromiso cristiano:

--- No arrojar residuos en la vía pública, ni plásticos o envases vacios.

--- No desechar pilas ni baterías, ni derramar hidrocarburos sobre el agua.

--- Controlar la emisión de gases tóxicos de vehículos e incluso evitar el consumo excesivo de combustibles.

Hacer todo esto por respeto a la Ley de Dios y a la invitación de Jesús a amar al otro como a sí mismo.