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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Mayo 24 de 2015
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Hace unos años hablar de Ecología era un hobby de algunos amigos de la Naturaleza o de unos místicos contemplativos de la Creación. En la primera categoría se contaba un puñado de personas amigas de las flores, los árboles, los bosques o las caminatas por estos lugares. Quizás para muchas personas que cultivaban jardines de matas u orquídeas era más un negocio, así gozaran también mirando las bellezas de la creación.

Para los místicos era un camino muy especial de ir a Dios. Aquí podríamos nombrar a San Francisco de Asís, Juan de la Cruz, la Madre Laura Montoya, después canonizada por su entrega a los indios y también por su mística ecológica.

Aquellas distinciones de la segunda lectura de hoy, ni por casualidad se hubieran aplicados a los amigos de la Ecología: “Hay diversidad de carismas… Hay diversidad de ministerios… Hay diversidad de actividades*” (Pablo a los Corintios). Hoy las cosas han cambiado.

El cuidado de la Creación forma parte del Amor a Dios y a los hermanos, que se encuentran en peligro. Y hablamos no sólo de los indígenas y de los campesinos, víctima de la avaricia de la megaminería y de todo tipo de extractivismo, sino ya de toda la humanidad amenazada por el cambio climático, el calentamiento global, la contaminación, etc.

Ya la escasez de agua, que la FAO pronosticaba sería para dos tercios de la humanidad en el 2050, se siente cercana. Más aún, se comienzan a ver enemigos, disfrazados de gerentes del Desarrollo. El mismo negocio del agua es ya objetivo de muchas trasnacionales como serían grandes conglomerados bancarios tipo Golden Sachs, JPMorgan Chase, Deutsche Banch.

Ni faltan magnates interesados en este acaparamiento de aguas, de acuíferos, ríos, lagos, aguas subterráneas, como Gorge HW Busch y familia, Li Ka-shing de Hong Kong, etc. Como quien dice que desde Wall Street los grandes millonarios se preparan para sacar provecho de la apropiación del agua en las próximas décadas, como informa la revista digital Enlace México.

Si alguien duda de estos pronósticos, compre en cualquier tienda de un barrio popular un frasco de agua y descubra aquello de “embotellada por Coca Cola·. Y esa tienda puede estar colocada cerca de una límpida quebrada que baja de nuestras montañas, pero a pesar de esto nos empeñamos en mandarle plata a USA!
Si Pentecostés nos afirma que el Espíritu, que Jesús nos envió, fue para traernos la paz, con razón debemos despertar a este letargo ambiental y levantarnos a luchar por las comunidades amenazadas. Y en un primer lugar son aquellas campesinas o indígenas, por donde está o va a pasar la locomotora minera de Colombia.

Las palabras de Jesús no pueden ser más claras: “Les traigo la paz. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. Jesús repitió: “Les traigo la paz! Así como el Padre me envió, los envío yo a ustedes”. (Juan 20, 20-21).

Y esa paz, debemos como cristianos transmitirla a todos nuestros hermanos no sólo con abrazos en las Misas, sino con luchas por la salud de las personas y de los ecosistemas.