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Pistas para la homilía

  •   Domingo Junio 07 de 2015
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

La Eucaristía, lugar de encuentro de la comunidad

• Lecturas:

-Libro del Éxodo 24, 3-8
- Carta a los Hebreos 9, 11-15
- Marcos 14, 12-16. 22-26

• Hoy celebra la liturgia la fiesta del Cuerpo y Sangre del Señor. El objetivo de esta festividad es venerar la presencia sacramental de Jesucristo y dar gracias por el beneficio infinito de ser invitados a sentarnos a la mesa del Señor. Somos sus amigos. Por eso nos convoca para iluminarnos con su Palabra y alimentarnos con el Pan de vida.

• En los escritos del Antiguo Testamento y en los escritos cristianos de todos los tiempos se utilizan diversas expresiones para referirse a este momento especialísimo de encuentro comunitario: eucaristía – que significa acción de gracias -; Cena del Señor; fracción del pan; memorial de la Pasión; sacramento del amor; misa – palabra que hace referencia a la misión o envío para anunciar al Señor resucitado -. La variedad y riqueza de estas expresiones pone de manifiesto el profundo significado teológico de este encuentro de la comunidad de fe. En palabras del Concilio Vaticano II, “la Eucaristía es la fuente y, al mismo tiempo, la cumbre de toda la evangelización, puesto que su objetivo es la comunión de los hombres con Cristo y, en Él, con el Padre y con el Espíritu Santo”.

• La Eucaristía que celebramos los cristianos tiene unas raíces muy antiguas que se remontan al Antiguo Testamento con los sacrificios para honrar a Yahvé y pedir su benevolencia; igualmente, tiene unos profundos nexos teológicos con la cena pascual con la que cada año el pueblo judío conmemora la liberación de Egipto.

• Por eso la liturgia de este domingo pone a nuestra consideración un texto en el que aparece Moisés, el gran líder de Israel quien, después de sacrificar unos novillos, “tomó la mitad de la sangre, la puso en vasijas y derramó sobre el altar la otra mitad (…) Luego Moisés roció al pueblo con la sangre, diciendo: Esta es la sangre de la Alianza que el Señor ha hecho con ustedes, conforme a las palabras que han oído”.

• Los sacrificios de la antigua Alianza preparan el camino para el sacrificio de la nueva y definitiva Alianza, en la que Cristo oficia como Sumo Sacerdote y es, al mismo tiempo, la víctima; este sacrificio se ofreció, una vez para siempre, sobre el altar de la Cruz. Los sacrificios de la antigua Alianza, como éste que Moisés ofrece después de haber recibido los mandamientos en la cumbre del monte Sinaí, son expresión de acción de gracias a Yahvé, petición de protección, reconocimiento de los pecados cometidos por la comunidad y ratificación de un compromiso de fidelidad.

• En la Carta a los Hebreos, se nos explica la diferencia de significado entre los sacrificios de antigua Alianza y el sacrificio de Cristo en la Cruz. El texto pone de manifiesto dos diferencias fundamentales: la víctima y los efectos del sacrificio:

- En el Antiguo Testamento eran sacrificados animales; la Carta a los Hebreos recuerda que “Cristo no llevó consigo sangre de animales, sino su propia sangre, con la cual nos obtuvo una redención eterna”.

- Esta diferencia fundamental en cuanto a la víctima que se ofrece, también marca una diferencia esencial en cuanto a los efectos, que no serán una simple purificación ritual sino algo mucho más significativo: “Porque si la sangre de los machos cabríos y de los becerros y las cenizas de una ternera, cuando se esparcían sobre los impuros, eran capaces de conferir a los israelitas una pureza legal, meramente exterior, ¡cuánto más la sangre de Cristo purificará nuestra conciencia de todo pecado, a fin de que demos culto al Dios vivo”. Se trata, pues, de una transformación interior muy profunda.

• El texto del evangelista Marcos trae la escena de la celebración de la Cena Pascual, en la cual el Señor pronunció las palabras de bendición sobre el pan y el vino: “Tomen: esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre, sangre de las alianza, que se derrama por todos”. Como respuesta de fe a estas palabras de Jesús, los creyentes decimos, después de la consagración: “Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos la muerte del Señor hasta que vuelva”. Por eso la Eucaristía no es una ceremonia más ni un simple recuerdo de lo que sucedió hace dos mil años sobre el Gólgota, sino una auténtica actualización – en la liturgia hablamos de memorial -, de su pasión, muerte y resurrección.

• Cuando reflexionamos sobre el profundo sentido de la Eucaristía dominical, lamentamos que en la catequesis no nos hayan podido comunicar su riqueza, y que, por el contario, muchos la consideren una pérdida de tiempo y una obligación que carece de sentido. Esta valoración negativa de la Eucaristía es, en gran parte, responsabilidad de los sacerdotes que son descuidados en la preparación de la Eucaristía, con unos cantos desafinados que no invitan a la participación de la comunidad y unas homilías desarticuladas y cargadas de mensajes negativos que no motivan al seguimiento del Señor.

Que esta fiesta del Cuerpo y Sangre del Señor nos ayude a descubrir el significado de este maravilloso regalo que nos ha dado el Maestro en la Última Cena, y que valoremos este encuentro comunitario donde escuchamos la Palabra y nos alimentamos con el Pan de Vida. Que la Eucaristía dominical nos sirva para recapitular la semana que terminamos, con sus realizaciones y las dificultades que hayamos tenido, y nos prepare para asumir las responsabilidades de la semana que empieza.