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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Junio 07 de 2015
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

En la primera lectura se presenta a Moisés quien ofrece la sangre y la carne de novillos por Israel (Ex. 24, 3-8). En estos versículos se describe con detalles el rito, por el cual el pueblo reconoce su dependencia de Dios, que lo salvó de Egipto y que lo invita a entrar en el pueblo elegido.

Eso era en la Antigua Ley. En la Nueva los ritos cambian, como también el significado y la invitación que se nos hace a vivirlos en profundidad. Marcos hoy nos relata la preparación de la cena y la institución de la Eucaristía (Mc. 14,12-16 y 22-26).

En primer lugar se nos exige una profundización en nuestra Fe. Estamos comiendo y bebiendo el Cuerpo y la Sangre del Señor con todo el significado salvífico que tiene este rito. Nos hacemos parte del Cuerpo de Cristo y de su Iglesia.

En muchas partes se lleva a cabo la procesión del CORPUS, a la cual acudimos como hermanos de un mismo Señor, nuestro Señor Jesucristo. Caminamos al lado de otros hermanos, muchos desconocidos, pero que marchan hacia el mismo lugar.

Valdría entonces la pena pensar un poco en el trabajo de otros hermanos también desconocidos, nuestros hermanos campesinos que han dedicado su tiempo y sus sudores para ofrecernos el trigo con que fabricamos el pan de las hostias y los racimos de uvas de las vides que siembran y cosechan para darnos el vino de consagrar.

Mientras no volvamos a valorar el trabajo de estas personas, no lograremos la paz del país. No es lo mismo trabajar una parcela `propia y buscar el alimento para la familia con la recolección e intercambio de los frutos cosechados con esfuerzo y con paz, que lo que por desgracia estamos constatando en la vida actual del campo.

Lo primero: unas grandes haciendas con monocultivos, en los cuales los campesinos no pasan de ser unos asalariados que viven, incluso a veces, en las peligrosas cuencas de los ríos, cuyas crecientes hemos visto recientemente cómo no solo los amenazan, sino que los sepultan.

Triste también contemplar los campos dedicados al cultivo de coca con las consecuencias doblemente desastrosas: daño en los ecosistemas y envenenamiento de los niños y jóvenes en las ciudades.

Igualmente triste ver al campo destrozado por la minería extractiva, que nunca ha favorecido a los habitantes de estos lugares, pues donde predomina, siguen reinando la pobreza, el licor y la prostitución. Y también, la destrucción de los bosques y la contaminación de las aguas.