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Pistas para la homilía

  •   Domingo Junio 21 de 2015
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Las tormentas que nos amenazan

• Lecturas:

- Libro de Job 38, 1. 8-11
- II Carta de san Pablo a los Corintios 5, 4-17
- Marcos 4, 35-41

• Cuando escuchamos las lecturas de este domingo, nos sentimos atrapados por su contenido, porque interpretan una situación que hemos vivido muchas veces a lo largo de la vida. ¿Quién no se ha sentido envuelto por una tormenta, es decir, por algo que amenaza los proyectos que estamos realizando? Muchas veces hemos sentido que naufragamos y que las esperanzas de salir adelante son débiles. Los invito a profundizar en lo que significa la situación de tormenta en su doble dimensión: como experiencia humana y como crecimiento espiritual.

• Empecemos por lo más cercano, la tormenta vivida como experiencia humana:

- La vida nos depara muchas sorpresas. En la calidad de vida intervienen muchos factores sobre los cuales tenemos poca o ninguna influencia. Pensemos, por ejemplo, en las políticas económicas o en las acciones de los grupos armados o en el accidente de uno de nuestros seres queridos. En un segundo, nos puede cambiar radicalmente el entorno.

- Además, la vida está hecha de transiciones o cambios que nos desestabilizan: el paso de la niñez a la adolescencia, a la Universidad, al mundo laboral, a la formación de una familia, los achaques y limitaciones de la vejez, etc. Estas transiciones nos sacan de la seguridad de lo conocido para descubrir nuevos mundos y afrontar situaciones inesperadas.

- Los cambios que alteran el ritmo de nuestras vidas, con frecuencia actúan como un tsunami que arrasa proyectos, valores, convicciones, relaciones.

- Hay personas que tienen la capacidad de reflexionar sobre las situaciones vividas y van almacenando, en una base de datos llamada experiencia, las lecciones aprendidas, los errores cometidos. Y así estas personas van avanzando en madurez y sabiduría. Lamentablemente, hay otras personas que nunca procesan lo vivido y, en consecuencia, están condenadas a seguir cometiendo los mismos errores. ¡Nunca maduraron!

- Las tormentas que nos desestabilizan son una oportunidad única para revisar la jerarquía de valores que nos orienta en la toma de decisiones. Las crisis nos ayudan a descubrir los pies de barro de muchos de nuestros proyectos.

• Ahora bien, estas tormentas que nos sacuden, no solo son oportunidades de maduración humana sino que, como creyentes, nos purifican y ayudan a crecer en la fe, la esperanza y el amor.

• Es importante el texto del libro de Job que acabamos de escuchar: “El Señor habló a Job desde la tormenta y le dijo: Yo le puse límites al mar…” Los creyentes sabemos que Dios está presente en todos los momentos de nuestra vida: en la alegría y el dolor, en la salud y la enfermedad. Sin embargo, son tan fuertes los ruidos de una tormenta que logran acallar la voz de Dios; simplemente, no logramos identificarla.

• San Pablo, en su II Carta a los Corintios, nos explica cómo el bautismo nos introduce en una forma diferente de leer la realidad. Dice Pablo: “El que vive según Cristo es una criatura nueva; para él lo viejo ha pasado. Ya todo es nuevo”. ¿Qué aportan estas palabras de Pablo a la experiencia de tormenta que amenaza nuestros proyectos? Para el creyente, las crisis no son el resultado de fuerzas ciegas que juegan caprichosamente con la suerte de los hombres. No somos unas marionetas. Todo lo que nos sucede tiene un sentido, el cual debemos descubrir, no desde la lógica del bienestar, sino desde el plan de Dios.

• Con el bautismo, que es participación en la muerte y resurrección del Señor, se inicia un proceso de transformación de nuestro ser. La participación de la vida divina nos va modelando a la manera de Cristo. San Pablo nos recuerda, en el texto que hemos escuchado, que “Cristo murió por todos para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos”.

• Las tormentas de la vida nos despojan de la ridícula autosuficiencia que nos caracteriza y nos hacen tomar conciencia de nuestras fragilidades y limitaciones. Nuestras fuerzas son insuficientes. Sin la ayuda de Dios, fracasaremos estrepitosamente. Las grandes crisis existenciales (salud, tragedias familiares, pobreza, etc.) ponen en evidencia que muchos seres humanos se han equivocado en sus opciones pues han construido sus vidas sobre la arena, es decir, sobre las apariencias, el tener, la belleza. Y todo se derrumba con la primera tempestad. La única roca imbatible es el Señor, en el que confiamos.

• Es muy interesante la descripción de la tempestad que hace el evangelista Marcos. Hay dos elementos que llaman particularmente la atención:

- El primero de ellos es el oportunismo de una fe que solo se acuerda de rezar cuando surge la amenaza. El resto del tiempo es como si Dios no existiera.

- El segundo elemento es la percepción de que Dios se ha olvidado de nosotros y que nos ha abandonado a nuestra propia suerte. Las palabras de Jesús son tajantes: “¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?”

• Que la meditación de estas lecturas sobre las tormentas, asumidas como oportunidades de maduración humana y crecimiento espiritual, nos ayude a afrontar, con renovada energía, la solución de los problemas que en este momento tenemos delante de nosotros.