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Pistas para la homilía

  •   Domingo Julio 12 de 2015
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Aprendiendo a ser ministros de la misericordia

• Lecturas:

- Profeta Amós 7, 12-15
- Carta de san Pablo a los Efesios 1, 3-14
- Marcos 6, 7-13

• Las lecturas de este domingo, en particular los textos del profeta Amós y del evangelista Marcos, nos invitan a reflexionar sobre una Iglesia misionera que sale a las plazas públicas para anunciar la buena nueva de la salvación. Es la Iglesia en salida, que ha sido la motivación constante que nos ha hecho el Papa Francisco desde que asumió como Obispo de Roma.

• Para comprender mejor esta dinámica misionera, detengámonos en el texto del profeta Amós:

- Empecemos por la hoja de vida de este personaje. Es un hombre sencillo, que no ha sido cercano a las estructuras del poder religioso. Simplemente ha estado dedicado a las faenas del campo. Él lo expresa con sencillez: “No soy profeta ni hijo de profetas, sino pastor y cultivador de higos”. En su llamado, el Señor no ha mirado abolengos ni tradiciones familiares ni cargos ocupados anteriormente. Escogió a quien Él quiso y, a través de la acción del Espíritu, le comunica el mensaje que debe transmitir a la comunidad.

- El otro aspecto que llama la atención en este texto es el choque que existía entre los representantes del sistema, con sus intereses políticos y económicos, y el anuncio de los profetas. Los profetas de todos los tiempos no son ex alumnos de Academias Diplomáticas. Todo lo contrario. El Espíritu los inspira para decir cosas políticamente incorrectas.

- Esta es una constante del profetismo de todos los tiempos. El ejemplo más cercano nos lo ofrece el Papa Francisco con su Encíclica sobre el Cuidado de la Casa Común. Inmediatamente, han expresado su inconformidad los grandes capitales asociados con la explotación de los combustibles fósiles y con aquellas modalidades de desarrollo con efectos depredadores para el medio ambiente.

- Vemos, pues, que la vocación del profeta Amós, a pesar de ser un personaje muy lejano en el tiempo, tiene elementos muy pertinentes para la acción evangelizadora de la Iglesia.

• Ahora los invito a profundizar en el relato del evangelista Marcos, quien nos describe las primeras correrías evangelizadores de los discípulos: “Los envió de dos en dos y les dio poder sobre los espíritus inmundos”. Sus sentimientos debieron ser los mismos que experimentan los jóvenes universitarios cuando salen por primera vez a realizar sus prácticas profesionales: emoción, nerviosismo, incertidumbre ante lo desconocido. Los invito a detenernos en algunos detalles interesantes que nos ofrece el texto:

- “Los envió de dos en dos”. La construcción de una comunidad de fe no puede ser el resultado de una acción individualista, pues sería incoherente. De ahí la importancia que reviste la constitución de sólidos equipos pastorales; dentro de ellos se complementan los diferentes carismas.

- Después vienen unas normas que nos parecen excesivamente radicales: “Les mandó que no llevaran nada para el camino: ni pan, ni mochila, ni dinero en el cinturón, sino únicamente un bastón, sandalias y una sola túnica”. En la cultura empresarial contemporánea, que busca maximizar la productividad, la logística es esencial pues ella garantiza que los suministros y procesos estén perfectamente sincronizados. ¿Por qué, entonces, esta exigencia tan radical de Jesús? Con timidez, podemos aventurar una explicación: Jesús quiere que estos discípulos, desde sus primeras salidas apostólicas, no pongan sus seguridades en los medios que utilizan, sino en la fe que los inspira y confíen en la acción de Dios. Los resultados de la evangelización no dependen de las inversiones que hagamos en equipos ni en la contratación de personal altamente especializado, sino, en último término, de la acción de Dios, quien es el que hace germinar la semilla de la gracia.

- ¿Qué tarea les asignó el Maestro? El evangelista Marcos nos dice que “los discípulos se fueron a predicar el arrepentimiento. Expulsaban a los demonios, ungían con aceite a los enfermos y los curaban”. Al leer este texto, lo asociamos con un inspirador documento del Papa Francisco, en el que anuncia el Año Santo de la Misericordia. Allí nos recuerda que “los signos que realiza (Jesús) sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes llevan consigo el distintivo de la misericordia. En Él todo habla de misericordia. Nada en Él es falto de compasión”. Estos aprendices de evangelizadores siguen el ejemplo de su Maestro y se entrenan como ministros de la misericordia.

• Que esta meditación dominical sobre la misión del profeta Amós y la de estos discípulos a quienes el Señor envía, en pequeños equipos apostólicos, a ejercer el ministerio de la misericordia, nos ayude a comprender que el Reino de Dios se construye con una profunda vida interior y con el testimonio de una vida simple y coherente.