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Pistas para la homilía

  •   Domingo Julio 26 de 2015
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Cuando compartimos, no restamos sino que multiplicamos

• Lecturas:

- II Libro de los Reyes 4, 42-44
- Carta de san Pablo a los Efesios 4, 1-6
- Juan 6, 1-15

• La liturgia de este domingo propone a nuestra consideración dos relatos de multiplicación de panes, que tienen protagonistas diferentes: el profeta Eliseo y Jesús. A pesar de la diferencia de épocas y de géneros literarios, saltan a la vista elementos comunes: en ambos relatos, mucha gente se arremolina en torno a estos personajes que ejercen una fuerte atracción sobre las comunidades; en ambos casos, es evidente la necesidad de alimentos, así como la escasez de recursos para atender a esta emergencia alimentaria; en el relato del Antiguo Testamento, están disponibles veinte panes de cebada y grano tierno de trigo; en el relato del Nuevo Testamento, Felipe, uno de los más cercanos colaboradores de Jesús, hace un presupuesto aproximado: “Doscientos denarios no bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan”. Esa es la situación. ¿Qué hacer en ambos casos?

• Estos relatos permiten dos lecturas diferentes: la primera de ellas la harían los administradores de empresas o expertos en logística; la segunda es la que hacemos los creyentes, que buscamos comprender el significado profundo de las Escrituras.

• Los administradores de empresas o los expertos en logística conectarían estos dos relatos con la crisis alimentaria que se vive en muchos países del mundo. En sus consideraciones, llamarían la atención sobre los ciclos agrícolas que se han alterado por el cambio climático. Igualmente, harían referencia a los graves desequilibrios de los mercados internacionales, en los que unas poderosas multinacionales manipulan los precios; estos expertos denunciarían el escándalo que produce el doloroso contraste de niños que mueren de hambre en los países pobres, y los problemas de salud pública que plantea la obesidad en los países ricos.

• Ahora bien, aunque estos dos relatos nos puedan sugerir algunas reflexiones socio-económicas, su sentido es mucho más profundo. Los invito, pues, a leer estos dos textos con los ojos del creyente.

• Empecemos por los diálogos que se dan entre Eliseo y el viajero que viene de Baal-Salisá, y entre Jesús y Felipe. “Eliseo dijo a su criado: Da (los veinte panes) a la gente para que coma. Pero él respondió: ¿Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres?”. Por su parte, Jesús le pregunta a Felipe: “¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?”. Se trata de dos intervenciones que provocan respuestas pragmáticas, la misma que darían unos administradores de empresa que enfrentan una dramática escasez de recursos.

• ¿Cómo reaccionan Eliseo y Jesús ante las respuestas de sus interlocutores? No pronuncian un discurso o exhortación sobre la importancia de ser generosos. Se contentan con actuar, y ordenan repartir los panes disponibles entre los presentes. Y el resultado de estas acciones no es la imposibilidad de dar de comer a todos, sino la abundancia; en ambos casos, todos comieron hasta saciarse y sobraron panes.

• Esta verificación sobre la abundancia de panes después de alimentar a mucha gente, ¿qué nos está diciendo? ¿Cuál es el significado dentro de la historia de la salvación? Estos dos textos nos hacen pensar en el amor sin límites de Dios. Su generosidad no establece cuotas; en ambos casos, los protagonistas no dijeron: vamos a repartir hasta veinte panes, que es lo que tengo, o hasta doscientos denarios que sería lo máximo que podría aportar… El amor sin límites de Dios llegó hasta el extremo de darnos a su propio Hijo para que fuéramos rescatados.

• Es evidente que las personas que trabajan en organizaciones filantrópicas deben administrar responsablemente los limitados recursos de que disponen. Sería una locura poner en peligro la sostenibilidad de estas instituciones.

• Esta lógica del manejo responsable de los recursos institucionales desaparece cuando nos trasladamos a un escenario diferente, el de la disponibilidad del corazón para acoger a los hermanos. No podemos hablar de porcentajes o de cuotas cuando nos referimos a la capacidad de escuchar o a la misericordia, de la cual nos habla el Papa Francisco.

• Estos dos relatos de la multiplicación de los panes nos abren horizontes nuevos, más allá de la racionalidad de la planeación económica: cuando damos amor y expresamos solidaridad, no nos estamos empobreciendo sino que estamos aumentando nuestro patrimonio de valores. En lugar de restar, estamos sumando y multiplicando.