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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Julio 26 de 2015
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Es un hecho frecuentemente constatado entre quienes organizan caminatas, que cuando todas las personas del grupo, a la hora del almuerzo, colocan lo que llevan en sus morrales en un lugar común, siempre alcanza para que todos coman e incluso sobra algo.

En cambio, cuando se dispersan, cada uno por su lado, hay gente que come demasiado e incluso bota parte de la comida, mientras otros pasan hambre o apenas les alcanza para que comen un bocado.

La primera lectura habla de algo parecido a eso que hoy podemos llamar un milagro comunitario. Eliseo recomienda al hombre de Baalsalisá dar las primicias de sus cosechas a 100 personas. El sirviente aunque duda de la orden, “la repartió, comieron, y sobró como lo había dicho el Señor” (II Reyes 4, 44).

El caso que narra el evangelio se podría interpretar de un modo parecido, si nos cuesta creer que el Señor Jesús dio de comer a más de 5.000 personas y que incluso sobraron doce canastas. Pero en todo caso, la finalidad era la misma y sería la que describe Pablo con frases tan dicientes: “Traten de conservar la unidad creada por el Espíritu manteniendo el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como son unos mismos los bienes que esperan gracias al llamamiento recibido” (Efesios 4, 5).

El Papa Francisco en la encíclica LAUDATO SI nos llama la atención sobre cómo por desgracia: “Muchos de aquellos que tienen más recursos y poder económico o político parece concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del cambio climático” (L S, n.26).

Y lo mismo, dice, sucede con los demás problemas, tales como la contaminación, la cultura del descarte, la pérdida de biodiversidad, la debilidad de las reacciones de los países ricos ante estos fenómenos, etc.

En el Nr. 52, después de citar las frases, nada menos que de los obispos de Estados Unidos, según los cuales corresponde enfocarse “especialmente en las necesidades de los pobres, débiles y vulnerables, en un debate a menudo dominado por intereses más poderosos”.

Enseguida el Papa nos invita: “Necesitamos fortalecer la conciencia de que somos una sola familia humana. No hay fronteras ni carreras políticas o sociales que nos permitan aislarnos, por eso mismo tampoco hay espacio para la globalización de la indiferencia” (ibídem, n.52).

Esto que decimos de la comunidad global, debemos vivirlo también en nuestras comunidades eclesiales y familiares.