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Guíon para la radio

  •   Domingo Julio 26 de 2015
  •   Guión para la Radio
  •    José Martínez De Toda, S.J.

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).

El Evangelio del domingo de hoy presenta una crisis alimentaria. ¿Cómo la resuelve Jesús?
Escuchémoslo.

Lectura del santo evangelio según San Juan (Juan 6, 1-15)

NARRADOR/A – En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente dijo a Felipe:

JESÚS – ¿Con qué compraremos panes para que coman éstos? (lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer).

NARRADOR/A – Felipe le contestó:

JESÚS – Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.

NARRADOR/A – Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:

JESÚS – Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces: pero ¿qué es esto para tantos?

NARRADOR/A – Jesús dijo:

JESÚS – Digan a la gente que se siente en el suelo.

NARRADOR/A – Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados: lo mismo, todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos:

JESÚS – Recojan los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.

NARRADOR/A – Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:

SEGUIDORES – Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.

NARRADOR/A – Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo a la fuerza a proclamarlo rey, se retiró otra vez a lo alto del cerro para estar solo.

Pregunta 1 – ¿Ocurren hoy cosas como la multiplicación de los panes?

Escucha esta historia:

<Teresa tenía 8 años. Su hermanito Andrés estaba muy enfermo y no tenían dinero para la operación.

Teresa oyó decir a su padre:

- "Sólo un milagro puede salvar a Andrés".

Teresa tomó sus ahorros, se fue a la farmacia y le dijo al farmacéutico:

- "Mi hermano está muy enfermo. ¿Cuánto cuesta un milagro?"

El hermano del farmacéutico se agachó y le preguntó a la niña:

- "¿Cuánto dinero tienes?"

- “Veinte bolívares”.

- “Estupendo, eso es exactamente lo que cuesta un milagro para los hermanitos”.

Cogió el dinero de la niña y le dijo: "Llévame a tu casa. Veamos si tengo la clase de milagro que necesitas".

Aquel hombre era un cirujano. Operó al niño y quedó bien. Su madre decía:

- "Esa operación ha sido un verdadero milagro. ¿Cuánto habrá costado."

Teresa sonreía. Ella sí lo sabía: costó veinte bolívares, más la fe de una niña.> (Félix Jiménez, escolapio).

Para dar vida, hacer feliz, ayudar, amar, perdonar, no se necesita mucho: basta una sonrisa, una buena palabra, un abrazo sincero, una cálida acogida, estar ahí…

Pero, además, Jesús podía multiplicar los panes.

Pregunta 2 – ¿Cómo lo hizo Jesús?

En realidad la historia comienza con Herodes, que encarcela y decapita al Bautista.

Y Jesús sabe que puede correr la misma suerte, porque actúa como Juan el Bautista. Por eso Él decide prudentemente desaparecer de escena por unos días, y se montó en una barca para ir a un sitio tranquilo y apartado.

Pero la gente se entera adónde irá, y llega por tierra antes que Él. Total: Jesús desembarca y se encuentra frente a una gran multitud, que lo está esperando.

La gente estaba asombrada y curiosa: ¿Quién es este Jesús, que se preocupa tanto por los enfermos y tiene tanto poder, que hasta sana a muchos de ellos? ¿Qué sorpresas nos trae?

Aquel día especialmente Jesús, viendo tanta gente, sintió compasión. Ve aquella multitud agobiada y enferma. La observa, la mira con profundidad, lee en sus rostros el dolor, la enfermedad, el agobio, y se pone en seguida a curarlos de sus enfermedades, a enseñarles muchas cosas y a atender con cariño a cada persona que se acercaba a Él.

Era una gran multitud: 5.000 hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Jesús les alimenta primero con la Palabra de vida y después con el pan multiplicado. Ni siquiera espera a que se lo pidan. Él se adelanta.

Va cayendo la tarde, y los discípulos le dicen que despida a la multitud. Pero Jesús les reta: “Dénles Vds. de comer”. Ellos se excusan:

- Sólo tenemos cinco panes y dos peces.

Eran de un muchacho previsor. También en la Patagonia (Argentina), una de las características del así llamado ‘hombre del desierto’ es que siempre lleva algo de comida, cuando sale de casa. (Miguel Petty, sj).

Jesús los tomó, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos, y ellos a la gente. Y comieron todos hasta saciarse, y recogieron doce cestos llenos de sobras.

Pregunta 3 - ¿Hay en la Biblia otras multiplicaciones de pan?

Sí. Precisamente la Primera Lectura de hoy dice que el profeta Eliseo alimentó a cien personas con un poco de pan de cebada. La historia fue así:

<Un hombre del Baal-salisa trajo veinte barras de pan de cebada y espigas de trigo para darle a Eliseo como ofrenda por los primeros frutos. Eliseo dijo.

- “Dalo a la gente para que coma.” Y su sirviente respondió:
- “¿De qué le sirve esto tan poco a cien hombres?” Entonces Eliseo repitió:
- “Da a la gente para que coman, porque así ha dicho el Señor: ‘Comerán y sobrará’.”

Efectivamente, el sirviente “lo puso delante de ellos, y comieron, y les sobró, como había dicho el Señor” (2 Reyes 4:42-44). >

Ambas historias se parecen bastante.

Estas alimentaciones también recuerdan al maná en el desierto (Exod. 16; Num. 11).

Así lo recuerda el evangelista Juan (Juan 6:31, 49), después de contar la multiplicación de los panes.

Pregunta 4 – ¿Cuál es la Buena Noticia en este milagro?

- Jesús les alimenta con su Palabra y su Pan.

- El humanismo del Hijo de Dios. Es una historia de compasión.

- La iniciativa de alimentar a la muchedumbre es de Jesús. Nadie se lo pide.

- Pide la colaboración de los hombres: “Denles ustedes de comer”. Y comienza con aquellos cinco panes y dos peces del muchacho.

- Es un milagro, fruto de la oración.

- Generosidad y abundancia. “Y fueron saciados” (v. 12). Pero sin derroche. No se bota nada. Recogieron doce cestas de pedazos de pan de cebada (v. 13). Es decir, una cesta por cada tribu de Israel.

Pregunta 5 – ¿Tiene este milagro algo que ver con la Eucaristía?

Dice el evangelio: “Jesús tomó, bendijo, partió y dio”. Son las mismas palabras de Jesús en la Última Cena, cuando instituyó la Eucaristía (Mateo 26).

Es la única historia milagrosa que se encuentra en los cuatro Evangelios.

La Eucaristía es el significado principal en ellos.

Asimismo la posición arreglada de la gente sentada en grupos sobre la hierba, la oración de invocación y bendición, el acto litúrgico de partir el pan, el paralelo inmediato a la muerte de Juan Bautista – todas estas acciones son pistas inequívocas que señalan a la celebración de la Última Cena del Señor.

Más aún, Jesús poco después hablará a la misma gente del Pan de vida, que es su Cuerpo inmolado.

Curiosamente, sólo son los panes (y no los peces) los que son específicamente repartidos a los discípulos para distribuir (14:19).

Despedida

Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Allí Jesús multiplica el pan para que llegue para todos. Es el pan de su Cuerpo, que recibimos en la Comunión. Ese pan nos alimenta más que el material. Es el pan que produce vida eterna.

Cada domingo venimos a la iglesia, a nuestra casa, a levantar los ojos al cielo e implorar de Dios Padre su amor y su perdón. Sólo de lo alto nos viene la verdadera salvación; venimos a ser bendecidos y partidos como el pan de Jesús; venimos a ser repartidos por la comunidad para que todos puedan saciarse con el pan de vida.