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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Agosto 02 de 2015
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Aunque pareciera que Juan, en su famoso discurso del capítulo 6, pone a Jesús en el plan de no valorar casi el pan temporal, no hay que olvidar cómo hacía poco había saciado el hambre de una gran multitud. En el versículo 19 se habla de 5.000 hombres. Más aún, se había preocupado porque se recogieran las sobras.

En la primera lectura vemos a los israelitas murmurar contra Moisés porque los había sacado de Egipto, donde decían “nos sentábamos junto a las ollas de carne y nos hartábamos de pan” (Ex.16, 3). No es el caso de recordar cómo Yahvé mandó las golondrinas y el maná para saciar el hambre del pueblo, sino de meditar en las enseñanzas de este pasaje.

Es claro que si se vive el plan de Dios y se pone por encima de todo el hacer la voluntad de Dios, esta incluye el amor al prójimo de un modo muy especial. En la carta a los Efesios, precisamente Pablo los invita a no vivir como los paganos, que, al igual que tantas personas hoy, han perdido el sentido moral (Ef. 6,19).

El Papa Francisco habla con frecuencia en su encíclica LAUDATO SI, del hambre de los pobres. Por ejemplo, cuando se preocupa del calentamiento global porque “Muchos pobres viven en lugares particularmente afectados por fenómenos relacionados con el calentamiento y sus medios de subsistencia dependen fuertemente de las reservas naturales y de los servicios ecosistémicos, como la agricultura, la pesca y los recursos forestales (L.S. n.25).

Ya antes había hablado en dos homilías del año pasado cómo “la comida que se tira, es un pecado contra la mesa de los pobres”. Una frase dirigida contra los países ricos, contra los sectores exclusivos de ciudades del tercer mundo. Incluso en ocasiones contra los educadores de escuelas y colegios populares que no enseñan a los alumnos a no hacerlo.

Ahora, en la encíclica vuelve a repetirlo: “El impacto de los desajustes actuales se manifiesta también en la muerte prematura de muchos pobres, en conflictos generados por falta de recursos y en tantos otros problemas que no tienen espacio suficiente en las agendas del mundo” (L.S., nr 48).

El orar,en este domingo por los pobres y por los que no tienen pan, tiene un sentido más amplio. Es orar porque entre todos presionemos un cambio social, que incluya el bienestar de los pobres en especial.